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La personalidad de Andrés Muñoz fuera del terreno de juego es tan simpática, tan familiar, que es difícil imaginar que es el mismo tipo que mira con dureza, aprieta el mentón y suelta fuego a través de su brazo cuando está sobre el montículo.
Pero es el mismo muchacho nacido hace 27 años en Los Mochis, México, en medio de una familia con muchas limitaciones que decidió empujarlo para cumplir su sueño de convertirse en pelotero profesional cuando tuvo que abandonar sus estudios.
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Ahora Muñoz es considerado uno de los mejores relevistas cerradores del beisbol, pero detrás de su éxito hay mucho sacrificio. Incluso una cirugía Tommy John que le hizo perder dos años y un cambio de equipo. Firmó con San Diego y está en Seattle.
“Pues siempre hay un sacrificio grande para llegar a las Grandes Ligas. Hay situaciones que se te presentan a través del camino, lo mismo que lesiones, pero estar aquí ahora es una bendición de Dios para uno y su familia”, señala Andrés a LA PRENSA.
Los mexicanos en general también consideran una bendición tener a un representante del nivel de Muñoz, quien ha asistido a los últimos dos Juegos de Estrellas, tras dos temporadas en las que suma 60 rescates y juega un papel clave para los Marineros.
A Muñoz le gusta el riesgo, pero no tanto
“Siento un gran orgullo también poder representar a mi país en las Grandes Ligas. Es un contexto muy exigente, pero trabajando duro, con concentración y con la ayuda de Dios a través de la salud, se puede salir adelante”, señala el veloz lanzador derecho.
Muñoz suelta rectas que superan las 100 millas por hora y las combina con un slider que provoca muchos estragos. Y aunque esta es su cuarta temporada como cerrador en Seattle, asegura que no es fácil trabajar en situaciones de alta tensión de los partidos.
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“La verdad es que sí, uno se habitúa a trabajar bajo presión, pero no es fácil. No es como que ya te acostumbres y nada te importa. No. Siempre hay un poco de presión al salir y saber que en tus espaldas está tratar de cuidar el esfuerzo de todo el equipo”, explica.
El año pasado, Andrés salvó 38 partidos, logró una efectividad de 1.73 en 62.1 innings con 83 ponches y 28 bases. Los rivales le batearon solamente .167 y su WHIP fue de 1.03. Este año tiene tres victorias y diez rescates, pero 5.29 en carreras limpias.
El «plebe» que lanza como hombre
“No he iniciado de la manera que me hubiese gustado, pero poco a poco uno va haciendo ajustes para agarrar el ritmo, trabajar bien y poder ayudar al equipo a avanzar largo en la temporada. Esa es la misión que tenemos todos este año”, señala el mexicano.
A Muñoz le dicen el “plebe”, una expresión que por sus raíces históricas hace alusión a una clase social baja; sin embargo, en México, y sobre todo en el estado de Sinaloa, se refiere al niño, al más joven de la familia, justo la razón por lo que llaman así a Andrés.
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“Sí, soy el menor de mis hermanos”, señala el veloz tirador, quien sedujo a los scouts de San Diego desde que era un adolescente por lanzar sobre las 95 millas. Ahora trabaja a más de 100, pero sabe que para triunfar en el juego no solo es tirar la bola fuerte.
“Aquí nadie sobrevive solo lanzando fuerte, tienes que combinar tus pitcheos y tratar de sacar de balance. No solo es ponchar a los bateadores, al final del día es sacarlos outs y esa es la misión que tengo asignada”, señala el feroz y a la vez amable relevista.