escena del crimen

La policía nacional de España mientras investigaba la muerte de la migrante nicaragüense Arelys del Carmen Jiménez Castellón en el barrio San Jorge, Pamplona.

Historias de terror: morir lejos, de la peor manera

Migrar fue la apuesta. La muerte, el desenlace. Historias de nicaragüenses que no encontraron futuro, sino finales brutales en casas, calles y rincones anónimos del extranjero.

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

No siempre el final de un viaje termina en el sueño americano o en la promesa europea de una vida mejor. Cientos de migrantes nicaragüenses que emprendieron el camino a otros países, la mayoría buscando bienestar, paz o seguridad, han muerto de forma trágica.

Muchos de estos casos se han vuelto cotidianos en noticieros y periódicos extranjeros, multiplicando la tragedia de estos viajeros hasta entonces desconocidos que, de pronto, se vuelven noticia viral en redes sociales y portales de noticias.

Veamos algunos de esos casos trágicos.

Asesinada en Zaragoza

Se llamaba Eugenia Mercedes Guevara Carrión (49 años) y murió el 4 de noviembre de 2025, en la ciudad de Zaragoza, capital de Aragón, España.

Llegó a España en 2006 con una hija pequeña y la certeza —casi ingenua— de que el sacrificio de un viaje extenso e incierto bastaría para una nueva vida.

Durante años esa fe sostuvo su rutina: trabajo, casa, llamadas breves a su familia en Nicaragua. Nada extraordinario. Una vida modesta, pero firme.

La mañana de su muerte llegó sin anuncio. A las 8:30, el aire del piso en el barrio San José de Zaragoza se volvió denso, inhabitable. Los vecinos escucharían después lo que nadie debería escuchar: gritos, golpes, reclamos y súplicas que se quebraban conforme pasaba el tiempo.

Eugenia pidió ayuda. Pidió clemencia, pero el sonido de su voz quedó atrapado en el teléfono de un vecino asustado, como una prueba tardía de que había luchado.

Lea además: “No pude despedirme cuando ella se fue”. El duelo que viven los migrantes nicaragüenses

femicidio en zaragoza de migrante nicaragüense
La migrante nicaragüense Eugenia Mercedes Guevara Carrión, de 49 años, asesinada por su pareja en España. Foto: Nicas en Zaragoza/Facebook.

Murió desangrada, atravesada por la furia homicida de un hombre que exigió cuchillo en mano el amor que Eugenia le había negado, aterrorizada ella desde semanas antes por las amenazas de su final.

Catorce heridas en el cuerpo. La autopsia diría que fue una muerte rápida, pero no inmediata. Fue un calvario extendido en una hora, desde el grito de dolor que reportaron los vecinos del edificio hasta que la policía derribó la puerta.

En la calle, después, quedaron las velas y flores al pie del piso donde vivió sus últimos días. Hubo flores y carteles de despedida de sus vecinos y de mujeres indignadas por el femicidio, protestando frente al tribunal donde el asesino, un migrante cubano, era enjuiciado.

Eugenia regresó a Nicaragua un mes después, en un ataúd que cruzó el océano para ser sepultada en el lugar que había abandonado antes en busca de una vida mejor.

Lea también: Internas y casi en esclavitud: la vida de las nicaragüenses que cuidan abuelos en España

eugenia mercedes, asesinada en Zaragoza
Eugenia Mercedes murió asesinada en su propio piso, en el barrio San José de Zaragoza. LA PRENSA/ARCHIVO

Atrapada en un congelador

Ella, Helen Massiell Garay Sánchez, no era precisamente una migrante, sino una turista de visita en Estados Unidos, un país de migrantes que ella solía visitar para estar cerca de los suyos que años antes habían abandonado Nicaragua.

Era médico y muy joven para esa profesión: 32 años. Su muerte ocurrió en diciembre de 2025; su cuerpo fue hallado el 14 o 15 de diciembre, según las versiones del caso.

El sitio de su deceso es, más que trágico, enigmático: murió por hipotermia ambiental dentro de un congelador industrial en una tienda Dollar Tree, en La Pequeña Habana, Miami, Florida, Estados Unidos.

Según el parte policial, Garay Sánchez murió de frío dentro de un congelador, en la trastienda de un almacén barato de Miami, lejos de los pasillos del hospital donde alguna vez otros confiaron su vida a sus manos.

Lea además: El femicidio de la migrante nicaragüense que estremeció a Zaragoza

Tenía dos hijos y era médica anestesióloga en el Hospital Infantil Manuel de Jesús Rivera, La Mascota, de Managua, una especialidad escasa que hablaba de su buen criterio de elección profesional y sensibilidad humana.

Había viajado días antes a Florida de vacaciones, a visitar familiares y amigos. La noche anterior al hallazgo entró sola y rápido a la tienda. No compró nada ni se detuvo ante los estantes. Caminó hacia la parte trasera de la tienda y, según la investigación, buscando un baño.

La mañana siguiente, un empleado encontró su cuerpo en posición fetal.

El informe forense diría después que murió por hipotermia ambiental. El cuerpo, cuando baja de temperatura, empieza a abandonar sus defensas, la conciencia y finalmente colapsa.

Su familia demandó a Dollar Tree por negligencia. Alegó que Helen quedó atrapada y que nadie actuó a tiempo para buscarla. Después, sus restos regresaron a su natal Chinandega.

Oculta en una fosa clandestina

Nombre: Junieysis Adeli Merlo Espinoza

Edad: 29 años

Fecha de muerte: 9 de abril de 2026 (hallazgo del cuerpo).

País donde murió: Costa Rica.

Circunstancias: feminicidio por asfixia; enterrada en una fosa clandestina de dos metros dentro de una vivienda en Salitral de Santa Ana.

Junieysis Adeli Merlo Espinoza vivía en Salitral de Santa Ana, Costa Rica, como quien vive en un cuartel de espionaje y vigilancia.

Nadie de su familia, al otro lado de la frontera norte, intuía el infierno que vivía la joven migrante, que había salido una década atrás como una adolescente en busca de oportunidades.

Cada llamada que hacía a Nicaragua era una pequeña queja sobre el comportamiento violento y obsesivo de su pareja, sin saber que no estaba sola en su encierro: siete teléfonos habían sido escondidos por el hombre que le vigilaba hasta los suspiros y que finalmente la asesinó en Semana Santa.

Ella quiso huir, pero no lo logró.

Junieysis Adeli Merlo Espinoza vivía en Salitral de Santa Ana, Costa Rica, como quien vive en un cuartel de espionaje y vigilancia.
Junieysis Adeli Merlo Espinoza, la joven nicaragüense asesinada por su pareja en Costa Rica. LA PRENSA/ARCHIVO.

El Lunes Santo ella dejó de responder mensajes. Cuando la policía interrogó a su pareja bajo sospechas, él habló de un TikTok, de la playa, de un teléfono “demasiado caro”, de “un amante” y de una fuga.

Las investigaciones y su búsqueda dieron con una fosa clandestina en el mismo hogar donde la joven había desaparecido.

Nueve días después, se supo la noticia. En una fosa a dos metros, cerca de la cocina, apareció el cuerpo, envuelto en una sábana.

El examen forense determinó asfixia mecánica. A Junieysis la asfixió con sus manos el mismo hombre que había sido su compañero de vida durante diez años, padre de sus hijas gemelas y carcelero doméstico que nunca la dejó salir con vida de esa relación.

Desde San Juan del Río Coco, donde ella nació, sus padres reclaman justicia y un pasaporte seguro para las niñas. Quieren sacarlas del país donde su madre fue asesinada.

Junieysis Adeli Merlo Espinoza
En esta fosa encontraron el cadáver de Junieysis Adeli Merlo Espinoza, asesinada por su expareja. LA PRENSA/ARCHIVO

Salto a la muerte

Una escena de terror sacudió la madrugada del domingo 12 de abril en Pamplona, España, donde la nicaragüense Arelis Jiménez Castellón, de 37 años, murió tras precipitarse desde un tercer piso cuando intentaba escapar por la ventana con una sábana atada como cuerda improvisada.

El suceso ocurrió a las 4:30 a.m. en un piso de la calle Sanduzelai, en el barrio de San Jorge, luego de una fuerte discusión con su expareja, un hombre de 34 años, de origen argelino, que permanecía en el país en condición irregular y con antecedentes por delitos violentos.

Según testigos, los gritos y llantos de la víctima se prolongaron durante varios minutos, hasta que vecinos, alarmados, alertaron a la Policía que llegó cuando ya ella estaba muerta.

Los vecinos oyeron el intento desesperado de la mujer por huir del apartamento, descolgándose por la ventana de la cocina, tras atar una sábana que no resistió. La caída fue mortal.

Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar, solo pudieron certificar su fallecimiento, cubrir su cuerpo con una bolsa plástica y acordonar la acera donde Arelis Jiménez se estrelló.

El hombre fue detenido por quebrantar una orden de alejamiento por violencia de género. La víctima lo había denunciado meses atrás por malos tratos, aunque posteriormente retomaron el contacto, pero él siguió siendo violento con ella

Dentro del piso había al menos diez personas al momento de la tragedia, todas migrantes, que ahora también están siendo investigadas por omisión de auxilio.

Las autoridades sospechan que hay suficientes elementos que apunten a responsabilidad criminal.

El cuerpo de Arelis Jiménez, que había llegado ocho atrás desde Carazo hasta España, fue trasladado al Instituto Navarro de Medicina Legal, mientras el caso reabre el debate sobre la protección efectiva a víctimas de violencia.

En esta acera cayó la nicaragüense Arelis Jiménez Castellón, de 37 años, quien huía de su expareja. LA PRENSA/ARCHIVO.
En esta acera cayó la nicaragüense Arelis Jiménez Castellón, de 37 años, quien huía de su expareja. LA PRENSA/ARCHIVO.

Atrapada en los rieles de un tren

Una tragedia fulminante segó la vida de la nicaragüense Charlotte Castillo Wong, de 42 años, quien murió la tarde del 4 de abril de 2024 en un violento accidente ferroviario en Sweetwater.

La mujer, originaria de Matagalpa, conducía una camioneta Dodge azul, cuando, en medio del tráfico, su vehículo quedó detenido sobre los rieles del tren.

Según las autoridades locales, las barreras de seguridad descendieron repentinamente, dejándola atrapada en una escena de segundos fatales.

Un tren de la compañía Norfolk Southern avanzaba en ese momento y ella, quizás asustada por la inesperada situación, no pudo reaccionar a tiempo. La colisión fue inevitable. Y mortal.

De acuerdo con el sargento Kelvin Franco, del Departamento de Policía de Sweetwater, todo apunta a que Castillo Wong entró en pánico e intentó abandonar el vehículo en el último instante.

La noticia estremeció tanto a la comunidad migrante como a quienes conocieron a Charlotte, quien habría partido de Matagalpa hacia Estados Unidos casi diez años atrás. Fue candidata a Miss Nicaragua, modelo, deportista y licenciada en Relaciones Internacionales.

En Estados Unidos trabajaba en el restaurante Lazy Beagle, mientras sacaba adelante a sus tres hijos.

Su familia confirmó que no habría repatriación. Sería sepultada en Tennessee, donde viven sus hijos.

“Esto nos tomó por sorpresa”, escribió su madre, al anunciar una campaña para cubrir los gastos funerarios.

Ares Miguel Tiziano Malespín Valdivia
Durante poco más de cinco meses las autoridades buscaron a Ares Miguel Tiziano Malespín Valdivia. LA PRENSA/CORTESÍA.

Desaparecido en el río Ebro

La tarde del 15 de abril de 2026 cerró con una certeza dolorosa en Zaragoza: el cuerpo hallado por la policía horas antes en la ribera del río Gállego pertenecía a Ares Miguel Tiziano Malespín Valdivia, un joven nicaragüense de 20 años desaparecido desde el 20 de noviembre de 2025.

El hallazgo ocurrió cerca de las 18:00 horas, cuando un viandante alertó a la Policía. El cadáver, en avanzado estado de descomposición y sin signos aparentes de violencia, fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Aragón para la autopsia.

La identificación preliminar, realizada por la Policía Científica, puso fin a casi cinco meses de búsqueda incesante.

Ares Miguel había salido de casa aquella mañana de noviembre rumbo a clases. Vestía sudadera negra, vaqueros y zapatillas deportivas. No regresó.

Su madre, Xiomara Valdivia, lo buscó sin descanso desde entonces, aferrada a una última imagen: la noche previa, juntos decoraban el árbol de Navidad. “Eso fue lo último que hicimos”, recordaría después.

El joven, originario de Chinandega, vivía en España desde 2020. Era reservado, de rutina silenciosa, con un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista y episodios de depresión.

Días antes de su desaparición había dejado mensajes de despedida que inquietaron a su entorno.

Durante meses, equipos de la Policía Nacional, Guardia Civil, Bomberos y la Unidad Militar de Emergencias rastrearon el río sin resultados. El agua, finalmente, devolvió lo que el tiempo había ocultado.

Ahora solo quedan los carteles con su rostro en toda la ciudad donde se leía: “Desaparecido”.

Ares Miguel Tiziano Malespín Valdivia
En esta ribera del río Gállego, afluente del río Ebro, se encontró el cadáver de Ares Miguel Tiziano. LA PRENSA/CORTESIA.

Acribillaron a Otoniel

Otoniel Orozco Mendoza tenía 53 años y una vida hecha a pulso entre dos países. Nació en Matagalpa, pero llevaba décadas en Costa Rica, donde se había nacionalizado, criado a cinco hijos y levantado un pequeño negocio de seguridad privada.

Era, como tantos nicaragüenses, un migrante que logró quedarse. Y quedarse, a veces, también es una forma de riesgo. Sobre todo si tuvo el éxito que otros no alcanzaron.

Murió la mañana del 3 de junio de 2024, a las 7:31 a.m., en un condominio de Guachipelín de Escazú. La escena fue breve, brutal, casi absurda: una discusión doméstica por el agua potable, una llave de paso, dos mujeres al inicio, y luego el crimen.

Era desacuerdo viejo y acumulado entre dos hombres, uno de los cuales salió al jardín con una pistola oculta y una intención de acabar finalmente con el conflicto vecinal.

El vecino costarricense, Eduardo Ramírez Zamora, de 43 años, ya llevaba el arma cargada.

El pistolero Eduardo Ramírez Mendoza, mientras descarga los 14 tiros de su pistola contra el migraante nicaragüense Otoniel Orozco. LA PRENSA/ARCHIVO
El pistolero Eduardo Ramírez Mendoza, mientras descarga los 14 tiros de su pistola contra el migrante nicaragüense Otoniel Orozco. LA PRENSA/ARCHIVO

Un video de poco más de un minuto recoge la secuencia final: palabras tensas, un gesto, un intento de golpe. Y después, el ruido seco de 14 disparos.

Otoniel cayó atravesado por balas en el pecho, la cabeza, la espalda. No hubo tiempo para el auxilio. La Cruz Roja solo confirmó lo que ya era irreversible.

Quedaron varios hijos huérfanos, incluyendo un bebé de meses.

Las autoridades hablaron de homicidio calificado, con referencias a expresiones de xenofobia y racismo del asesino contra la familia del migrante nicaragüense.

La justicia costarricense lo condenó a 20 años de prisión, pero meses después el criminal ya estaba en casa en condición temporal por “problemas de salud”.

El cuerpo de Otoniel regresó a Nicaragua, a Ciudad Darío, Matagalpa. Volvió a la tierra de donde salió en busca de mejor vida, pero sin maletas y en un ataúd.

Eduardo Ramírez Mendoza, el asesino de Otoniel Orozco. LA PRENSA/Cortesía
Eduardo Ramírez Mendoza, el asesino de Otoniel Orozco. LA PRENSA/Cortesía

Intoxicados en España

Joel Antonio Aguilar Quijano (43) y Martha Lorena Cerna Vargas (42) murieron en diciembre de 2025 en Cáceres, España, asfixiados por monóxido de carbono en la habitación que compartían.

Habían llegado a España el 23 de diciembre de 2021, buscando estabilidad y paz que no encontraban en su tierra. La encontraron a medias y temporalmente.

Aquella era una noche fría y buscaron generar calor en el piso. La calefacción eléctrica falló y entonces encendieron otro aparato, una solución doméstica: la llave del gas.

Se fueron a dormir abrigados por la calefacción, pero el gas (invisible, inodoro) llenó la habitación de veneno. No hubo gritos. No hubo tiempo de despertar.

Ambos se conocieron de adolescentes en El Rama, se separaron, volvieron a encontrarse y siguieron la vida juntos.

Tuvieron hijos, aprendieron oficios e hicieron planes. Él era topógrafo y ella emprendedora. Dos personas que sabían trabajar y progresar poco a poco.

Joel Antonio Aguilar Quijano y Martha Lorena Cerna Vargas murieron en 2025 en Cáceres, España. LA PRENSA/ARCHIVO.
Joel Antonio Aguilar Quijano y Martha Lorena Cerna Vargas murieron en 2025 en Cáceres, España. LA PRENSA/ARCHIVO.

En España habían regularizado su situación de migrantes hacía apenas tres meses. También habían logrado reunir a sus hijos que habían quedado en Nicaragua.

Aquella vida era, en apariencia, el inicio de algo más firme, pero la muerte los sorprendió.

Murieron juntos. En la misma cama. Como habían vivido los últimos años: compartiendo techo, esfuerzo y rutina.

Los hijos sobrevivieron porque el gas no alcanzó sus habitaciones mientras dormían con una ventana entreabierta.

Luego los cuerpos viajaron de regreso a Nicaragua. La familia preparó una bóveda doble, en un terreno familiar del camposanto de El Rama, ciudad adonde no volvieron con vida.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí