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Se cumplen este sábado ocho años del estallido de la histórica rebelión democrática nacional autoconvocada de abril de 2018 en Nicaragua.
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo celebran este aniversario, como su “día de la paz”. Tienen razón, pues se refieren a la paz del cementerio que impusieron con la sangrienta represión que dejó el saldo de más de 350 personas muertas, para solo mencionar el más doloroso.
Por su parte, la oposición en el exilio y en general los nicaragüenses que no se resignan a vivir sometidos a la opresión de la dictadura, conmemoran el aniversario de abril honrando a las víctimas, construyendo la memoria histórica, renovando el compromiso de resistencia y lucha por la libertad.
La memoria histórica, explican los politólogos e historiadores, es necesaria no solo para honrar a las víctimas y para rechazar el olvido de la represión criminal que nunca se debe olvidar. También es indispensable para procurar que se haga justicia frente a las violaciones de los derechos humanos y para evitar la repetición de los abusos y los crímenes contra el pueblo.
En este octavo aniversario de abril, diversos grupos y movimientos políticos y sociales opositores que operan en el exilio —porque dentro de Nicaragua no hay espacio, derecho ni libertad para hacerlo— dan a conocer que han asumido el compromiso de unirse en la acción contra la dictadura.
Según un comunicado previamente divulgado, con ese fin “un indeterminado número de organizaciones y plataformas opositoras en el exilio” presenta este 18 de abril, simultáneamente en las ciudades estadounidenses de Miami, Los Ángeles e Indianápolis, un compromiso de lucha común alrededor de 13 puntos fundamentales.
En el comunicado y la proclama opositora con motivo de la conmemoración de abril no se dice si en este esfuerzo participan todos los grupos de oposición, o cuántos de ellos, ni se menciona a los participantes por sus nombres o siglas. Solo se dice que se unen con el compromiso de luchar juntos “por la transición hacia la democracia y el desarrollo de Nicaragua”.
Por lo que se conoce, la cantidad de plataformas y movimientos opositores en el exilio es muy grande, prácticamente excesiva e innecesaria. Por eso mismo es imposible que se puedan unir todos alrededor de una plataforma común de objetivos y lucha.
Sin embargo, esperamos que en esta ocasión ese “significativo número” represente a la mayoría de los grupos opositores, o a los más representativos. Y que en todo caso sea una cantidad suficiente para constituirse en la masa crítica capaz de cumplir lo que se proponen.
Cuando hablamos de esto, necesariamente recordamos y mencionamos que en la Unión Nacional Opositora (UNO) que derrotó electoralmente a los sandinistas en 1990, participaron “solo” 14 partidos de la oposición. Otros 8 se quedaron fuera voluntariamente, se fueron solos a las elecciones del 25 de febrero e hicieron el ridículo. En cambio, los 14 que se agruparon en la UNO atendieron la necesidad del pueblo y unidos pudieron derrotar a la primera dictadura sandinista.
En realidad, los opositores saben muy bien que la división, los conflictos políticos y los pleitos personales entre ellos representan una de las principales fortalezas de la dictadura. De manera que, por el bien de Nicaragua y de ellos mismos, esperamos que esta vez actúen en consecuencia. Y que el esfuerzo de unidad opositora en la acción que proclaman en ocasión del octavo aniversario de abril sea sincero, mayoritario y sostenible.