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Nicaragua exportó casi 30, 000 ejemplares de animales exóticos en el primer trimestre del año 2026, lo cual dejó ingresos que redondearon 2.5 millones de dólares durante ese período, según datos publicados en la página electrónica del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena).
En enero, la institución reportó la exportación de 11, 000 especímenes entre pichete, boa común, gallego verde y rana verde de ojos rojos, entre otros, con destino a Hong Kong, Corea del Sur, Tailandia, Malasia, Canadá y Japón, entre otros.
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Mientras en febrero y marzo, comercializaron18, 732 especímenes, incluyendo ranas flecha, ranita de vidrio y tortuga sabanera, entre otras. La lista de países de destino también creció en ese período, incluyendo a Francia y Estados Unidos entre los compradores.
De acuerdo con notas oficiales, Marena emitió 69 permisos de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) para la comercialización durante los tres primeros meses del 2026.
Ingresos millonarios
Entre enero y agosto de 2025, Nicaragua exportó al menos 86 mil ejemplares de especies exóticas y generó casi 10 millones de dólares, según Marena.
En enero de 2026, Nicaragua generó ingresos por 1.08 millones de dólares, exportando especies a los mercados de Asia, América y Europa.
La revista Forbes, que ha dado seguimiento al tema, destacó en febrero la cifra y los destinos. «Japón, Estados Unidos, Hong Kong de la República Popular China, Alemania, Canadá, Reino Unido y Taiwán son los principales países de destino de los animales exóticos exportados por Nicaragua, donde son adquiridos principalmente como mascotas», se lee en la publicación.

Mientras tanto, entre febrero y marzo se autorizaron 49 permisos de exportación de fauna silvestre —principalmente reproducida en zoocriaderos—, así como de caracol rosado, generando 1.47 millones dólares según datos oficiales.
En total, las exportaciones de ranas, reptiles y caracoles rondan los 2.5 millones de dólares de enero a marzo 2026.
Según las autoridades, el modelo busca compatibilizar la actividad económica con la conservación de la biodiversidad, al basarse en la reproducción en cautiverio para reducir la presión sobre poblaciones silvestres, pero no todos están convencidos en la legalidad y en la ética de estas ventas.
Ambientalista: Seres vivos como mercancía

Un ambientalista, que habló en condición de anonimato a LA PRENSA, advirtió que el problema no es únicamente el volumen de exportación, sino la falta de claridad en los procesos.
“Es un tema que ha sido bastante abordado en la en las noticias…Más que el comercio o la exportación me preocupa más la trazabilidad. Si se cumplen estándares internacionales. Aunque estemos hablando de una mercancía se trata de seres vivos. Los mercados internacionales, al menos los formales, te exigen cierto nivel de calidad en la trazabilidad desde el origen, la crianza, la alimentación, el transporte, etcétera”, dijo la fuente.
“Como todo producto, los seres vivos que se comercia con ellos, también tienen que llevar una trazabilidad que garantiza que es legal, que está bien criado, y eso no se aborda en profundidad. Solo se dice en las cantidades de especies, las ganancias y los posibles destinos a los que se comercia”, cuestionó.
Añadió que es importante el tema de la trazabilidad para proteger a las especies. «La región principalmente en la que nosotros estamos debe observarse, pues el tema de reglas de origen de las especies, de dónde se capturan, de dónde se están produciendo, qué criaderos, de eso no hablan”, criticó.
“En el mercado legal te exigen cumplir con ciertos estándares. Obvio que el mercado negro, pues no le importa de dónde vienen los animales ni de dónde los sacaste. Lo único que le importa es comerciar con con estos seres vivos y deseados en otras partes del mundo”, concluyó la fuente.
¿Y el bienestar animal?
Organizaciones internacionales también han expresado su preocupación. World Animal Protection reportó cuestionó a finales de febrero en su sitio electrónico que esta actividad económica atenta contra el bienestar animal, los ecosistemas y la salud pública.
“Detrás de cada cifra hay animales sintientes, capaces de sentir miedo, estrés y sufrimiento. La captura, el confinamiento, la cría en cautiverio y el transporte para su comercialización internacional implican riesgos significativos para su bienestar y para los ecosistemas de los que forman parte”, señaló Roberto Vieto, asesor de bienestar animal de la organización.
El organismo criticó, además, la idea de que la cría en cautiverio sea una solución sostenible. Según sus análisis, estos sistemas pueden mantener a los animales en condiciones artificiales inadecuadas, alimentar la demanda internacional e incluso facilitar el “lavado” de ejemplares capturados en la naturaleza.
“El hecho de que un animal haya nacido en cautiverio no significa que su explotación sea ética ni sostenible. Los animales silvestres no son mercancías”, añadió Vieto.
Riesgos invisibles en la cadena
Investigaciones previas han documentado condiciones preocupantes de manera general en el transporte de estos animales. Por ejemplo, un reportaje de National Geographic en 2021 evidenció que muchas mascotas exóticas sufren o mueren durante el traslado, al ser enviadas en condiciones precarias.
En un caso documentado en Estados Unidos, un inspector encontró docenas de ranas muertas y moribundas, “aplastadas unas con otras”, sin agua ni condiciones mínimas para su supervivencia. No se especificó el origen de las especies y solo se señaló al comerciante que transportaba a los animales.
A esto se suman también advertencias académicas. Un informe de la Universidad Estatal de Michigan en 2022 señala que, aunque existen regulaciones internacionales como CITES, estas no abordan el bienestar animal.
“(…)La falta de coordinación entre los distintos niveles de gobierno permite que el comercio ilegal de mascotas exóticas se haga pasar por legal. A nivel estatal, la mayoría de las regulaciones se centran en la seguridad humana. Se habla poco sobre las condiciones en que se mantienen las mascotas exóticas o cómo las personas llegan a tenerlas”, afirmó el informe de la Universidad de Michigan.
“Si bien la CITES es un tratado histórico, no aborda el bienestar animal, funciona más como una organización comercial que como una organización de conservación. Prohíbe el comercio de especies protegidas, pero no hace nada para velar por el bienestar de dichas especies”, criticaron.
Este mercado de animales exóticos confirma que Nicaragua ha encontrado una fuente de ingresos desde hace tiempo. Pero también abre un debate de fondo: ¿hasta qué punto este modelo es realmente sostenible?