Berit Funke, rescatista de animale. Foto: Tomada de redes sociales

Berit Funke, rescatista de animale. Foto: Tomada de redes sociales

«Volver a tener corazón». La rescatista alemana Berit Funke y su amor a los animales

Hace 25 años, Berit Funke dejó su carrera de Arquitectura y comenzó una nueva vida en Guanacaste, Costa Rica. Ha salvado a equinos, traficados desde Nicaragua

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A mediados del mes de enero, a la Alemana Berit Funke le avisaron de la venta de cinco caballos en la zona norte de Costa Rica. “Vea esos caballos”, le dijo un conocido que sabe de su amor por los animales. Los equinos se encontraban en estado lamentable: heridos, desnutridos y prácticamente descartados.

La respuesta de Funke fue inmediata al ver la fotografía que le enviaron de una publicación en redes sociales. Desde aquel momento, ella empezó a recaudar recursos para salvarlos. Lo logró con la ayuda de donantes.

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Hace 25 años, Funke dejó Alemania y su carrera en Arquitectura. Comenzó una nueva vida en Guanacaste, Costa Rica. “Llegué buscando algo distinto… y en la segunda semana ya estaba rescatando animales”, recuerda entre risas.

Su primer rescate fueron dos perros: Mimi y Kiri. Desde entonces, su misión ha crecido hasta abarcar caballos, vacas, cerdos y otros animales de granja. Con el tiempo, ella ha construido una red de apoyo que le permite actuar con rapidez. “La gente me conoce, sabe que trabajo solo por los animales. Eso genera confianza”, explica.

Rescate contra reloj

Después de ser alertada sobre la venta de los cinco caballos, Berit activó su red de apoyo a través de sus redes sociales. Personas comenzaron a donar, algunas incluso “adoptando” simbólicamente a los animales para financiar su compra. Era una carrera contra el tiempo. Sabía que, si llegaban compradores mal intencionados, podrían adquirirlos para subastarlos y terminar en un matadero.

“Yo tenía dinero para dos, luego para cuatro… y al final dije: ¡o todos o ninguno!”, relató. Los cinco caballos fueron finalmente comprados y trasladados a una finca cerca de La Fortuna, donde había mejores condiciones de pasto y atención.

Llegaron en estado crítico. El diagnóstico era devastador. “Uno tenía la cadera casi fuera de la cápsula. Otro una herida enorme en la pata trasera. Una yegua llegó con infección urinaria. Y uno sigue sin ganar peso, incluso después de meses”, explicó Funke.

Las lesiones no solo eran físicas. El comportamiento de los animales evidenció la existencia de trauma. “Tienen mucho miedo. No confían en el ser humano. Eso dice todo: fueron muy maltratados”.

Días después del rescate, el 5 de febrero, Funke compartió una actualización alentadora: los cinco caballos dieron negativo a anemia infecciosa equina, lo que permitió avanzar con los tratamientos.

Noha, equino rescatado. Foto: Cortesía

Es imposible rescatar a todos

Mientras Berit logró el rescate de aquellos cinco caballos, el Ministerio de Seguridad de Costa Rica informó del decomiso de una docena de equinos en condición crítica.

Los animales tenían heridas visibles, golpes y signos de desnutrición. Fueron ubicados por la Policía de Fronteras en el sector de Los Chiles y sospechan que ingresaron de manera irregular por la frontera norte, es decir desde Nicaragua.

Ante el evidente deterioro físico, y sin que nadie contase con documentos que acreditaran la propiedad de los animales, fueron entregados finalmente al Servicio Nacional de Salud Animal para su traslado y supuesto resguardo en una finca.

Berit lamenta no poder salvar a la docena de animales y lo que más le preocupa es su destino. Según ella, los caballos rescatados forman parte de un sistema más amplio de abandono y explotación. “Cuando un caballo llega a una subasta, ya tiene una historia triste. Quien ama a su animal no lo vende ahí”.

Explica que muchos terminan en manos de intermediarios que no manejan documentación, y en algunos casos, son marcados de forma irregular, lo que puede provocar infecciones graves.

“El destino final casi siempre es el matadero. Nadie compra animales enfermos, solo rescatistas… y no somos muchos”.

En septiembre de 2023, el medio costarricense Teletica informó que el Senasa y la Policía Municipal de San José decomisaron productos cárnicos en supermercados de Hatillo y el centro de la capital. 

En esa ocasión se incautaron 300 kilos de salchichón sin permisos sanitarios y seis kilos de carne molida. Tras análisis, se comprobó que contenía carne de caballo.

La plataforma de noticias CRHoy informó de un operativo similar en septiembre de 2025. Personal del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) decomisó más de 1,000 kilos de carne de caballo. Se logró tras una serie de revisiones en carnicerías de Coronado.

Aunque el consumo de carne de caballo es legal en Costa Rica, las autoridades indicaron que solo un matadero está autorizado para procesarla y se desconoce el origen del producto decomisado.

Berit Funke, rescatista de animales. Foto: Cortesía

Lenta repuesta estatal

Funke también cuestiona la respuesta estatal ante estos casos. Si bien reconoce el papel del Servicio Nacional de Salud Animal, considera que el apoyo es insuficiente.

“Muchas veces no responden. Es difícil contactarlos. Si un caballo está herido en la carretera, nadie puede ayudarlo salvo ellos… y a veces no llegan”.

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Más allá del rescate puntual, Funke lanza una reflexión más profunda sobre la relación entre humanos y animales.

“Muchos dicen ‘amo a los animales’, pero solo a algunos. Todos son criaturas de Dios y merecen respeto”. Su mensaje es claro: el problema no es solo legal o institucional, sino cultural. “Tenemos que volver a tener corazón”.

Mientras las autoridades investigan el origen de los caballos encontrados en la frontera, historias como la de Berit Funke evidencian una realidad más amplia: detrás de cada animal rescatado hay una cadena de abandono, negocio y silencio que está lejos de romperse.

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