La superpotencia europea

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Si hay una conclusión clave de la recién finalizada Conferencia de Seguridad de Múnich, es un mensaje de confianza en Europa. La Unión Europea es una potencia tecnológica, comercial e industrial.

En toda Europa, abundan las señales de esta fortaleza: frente a la costa norte de Polonia, justo al otro lado del horizonte, 233 turbinas gigantes, cada una casi tan alta como la Torre Eiffel, están a punto de emerger del fondo del mar. Con rotores alemanes, cimientos diseñados en Dinamarca y cables de Polonia y Grecia, serán imponentes símbolos de la excelencia manufacturera y el poderío industrial europeos. Como adiciones a una flota báltica ya enorme, están creando miles de puestos de trabajo en toda la cadena de suministro y, cuando estén operativos, abastecerán con energía limpia a 5.5 millones de hogares adicionales.

Los parques eólicos marinos de Polonia producen energía producida en Europa, por Europa y para Europa; son tan importantes estratégicamente como económicamente. Se suman al desarrollo de energía limpia que se está produciendo en todo el continente, desde Italia en el sur hasta Irlanda y Lituania en el norte. Se están tendiendo cables e interconectores —suficientes para rodear la Tierra varias veces— para conectar los ventosos mares del norte con la soleada costa mediterránea, creando una superautopista para la era de los electrones.

Mientras tanto, sensores de fibra óptica de vanguardia, desarrollados por innovadores holandeses, vigilarán el lecho marino para proteger la infraestructura crítica de Europa. Nuevas constelaciones de satélites desarrolladas en Bélgica ofrecerán capacidades mejoradas de vigilancia desde el espacio, junto con sistemas de radar de vanguardia de Francia y España. Todos estos sistemas estarán conectados mediante redes 6G impulsadas por IA y desarrolladas en Finlandia.

Estos son solo algunos de los casi 900 proyectos de inversión financiados por el Grupo del Banco Europeo de Inversiones solo el año pasado. Al aprovechar las garantías presupuestarias de la UE para movilizar la inversión privada, el Grupo BEI está impulsando las revoluciones energética y tecnológica en curso. La transición hacia el mundo del mañana ya está en pleno apogeo en Europa, un avance importante que permanece inadvertido en medio de los rápidos cambios geopolíticos.

De hecho, la inversión total en la transición energética de la UE alcanzó un nuevo récord en 2025, acercándose 400,000 millones de euros (455,000 millones de dólares): desde la energía hidroeléctrica en Austria hasta los nuevos ferrocarriles en Chequia, y desde las mejoras de eficiencia energética de las pequeñas empresas en Croacia hasta las tecnologías limpias implementadas por la industria pesada en Portugal. Solo en el último año, la capitalización bursátil combinada de las empresas europeas de energías renovables aumentó más del 50 por ciento. Algo que muchos creían imposible a corto plazo ya está sucediendo: Europa está abandonando definitivamente el gas ruso.

Las inversiones europeas en defensa están aumentando aún más rápidamente. Las acciones europeas de defensa han triplicado su valor en los últimos tres años. La capacidad de producción industrial de Europa supera incluso a la de Estados Unidos en áreas críticas, como los proyectiles de artillería. Europa avanza a pasos agigantados hacia sectores y tecnologías estratégicos como los drones. Un nuevo ecosistema de capital riesgo orientado a empresas pioneras en seguridad y defensa ha surgido casi de la noche a la mañana y prácticamente desde cero.

En 2020, nadie esperaba que una empresa biotecnológica europea fuera pionera en desarrollar una vacuna contra un virus desconocido en cuestión de meses, ayudando al mundo a frenar una pandemia única en un siglo. Tampoco nadie imaginó que los líderes europeos lanzarían un programa masivo de recuperación y resiliencia financiado con deuda conjunta: una muestra sin precedentes de solidaridad y unidad. Cuando la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia provocó un aumento masivo de los precios de la energía, todos asumieron que la economía europea se desplomaría. En cambio, el PIB de la eurozona creció más rápido que el de China y Estados Unidos ese año.

Ante la guerra comercial, la intensa volatilidad del mercado y los cambios en las alianzas y asociaciones tradicionales, las empresas europeas han demostrado resiliencia, no solo diversificando sus flujos comerciales, sino también manteniendo un sólido crecimiento e inversión. Las bolsas europeas superaron a las estadounidenses en 2025, recompensando a los inversores que depositaron su confianza en nuestra economía. El desempleo ronda mínimos históricos y el crecimiento se está recuperando, gracias a países con un alto rendimiento como España y Polonia. Europa se ha convertido en un faro de estabilidad en un mundo incierto.

Una y otra vez, la UE se ha adaptado y reinventado ante las crisis, lo que la ha preparado para navegar en un entorno geopolítico tempestuoso. Como potencia exportadora, la UE alberga universidades y centros de investigación de primer nivel, así como un vibrante ecosistema de empresas emergentes. Las encuestas de opinión muestran niveles récord de apoyo público a la UE y al euro, y las encuestas globales indican que las mayorías en todo el mundo ven a la UE como una gran potencia en pie de igualdad con EE.UU. y China.

Tienen razón. Con una economía de 22 billones de dólares, un vasto mercado único de casi 500 millones de personas y planes para una nueva ola de ampliación, el peso de Europa en el mundo es innegable. Puede que sea una superpotencia diferente, que prioriza los valores, las normas y el multilateralismo por encima del poderío. Pero su poder reside en su compromiso con los principios y su disposición a respaldar a sus socios y aliados, como lo demuestra su condición de principal fuente de asistencia financiera y militar a Ucrania.

Europa continúa construyendo puentes en un mundo de muros. Es la principal potencia comercial del mundo, situada en el centro de una vasta red de acuerdos de libre comercio en constante expansión. También es una superpotencia inversora que promueve la prosperidad compartida en todo el mundo. Como la mayor fuente de ayuda humanitaria y financiación para el desarrollo, Europa financia desde campañas globales de vacunación hasta proyectos para mejorar el suministro de agua en Ammán y Karachi.

Lo hacemos porque mantenemos nuestro compromiso con los mismos valores que nos han traído hasta aquí. La unificación europea comenzó hace casi ocho décadas tras dos guerras mundiales. Nuestros padres y abuelos aprendieron de las tragedias y los errores de aquella época oscura, y podemos inspirarnos en su ejemplo para forjar un futuro mejor para nosotros y para los demás en todo el mundo. La nuestra es una sociedad basada en la inclusión, la igualdad de oportunidades, la libertad intelectual, la paz y el Estado de derecho.

Sabemos qué hacer para preservar este estilo de vida. Necesitamos una integración aún más profunda, que incluya nuestros mercados de capitales. Necesitamos inversiones aún mayores en infraestructuras críticas y capacidades estratégicas. Necesitamos simplificación para que la UE sea más ágil y eficiente. Y necesitamos más colaboraciones y alianzas beneficiosas para ambas partes para diversificar nuestras cadenas de suministro y abrir nuevos mercados para nuestros productos.

Se está cobrando impulso en todas estas áreas. Los líderes europeos tienen la mente puesta en el futuro y estamos decididos a aprovechar las fortalezas de Europa como la superpotencia subestimada del mundo.

La autora es presidenta del Banco Europeo de Inversiones.

Derechos de autor: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

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