Una solución europea para el desafío chino de Alemania

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Antes de su esperado viaje a Pekín, el primero como canciller alemán, Friedrich Merz ofreció una evaluación franca del papel internacional de China. Según Merz, China fomenta sistemáticamente las dependencias, busca reestructurar el orden internacional y podría alcanzar la paridad militar con Estados Unidos. Además, como han señalado cada vez más los responsables políticos alemanes, el presidente ruso, Vladímir Putin, no podría sostener su guerra en Ucrania —que ha durado cuatro años y ha quebrantado el orden de seguridad europeo posterior a la Guerra Fría— sin el apoyo de China.

Este diagnóstico franco de un rival sistémico no puede ocultar el hecho de que Alemania se enfrenta a un dilema: a pesar de los desafíos económicos y de seguridad que plantea China, la presión sobre la economía alemana podría sugerir una estrategia conciliadora hacia el país. Pero en lugar de buscar concesiones y acuerdos para Alemania, Merz debería centrarse en organizar el poder europeo de forma que afronte eficazmente los desafíos que plantean tanto China como Estados Unidos.

La profunda interdependencia económica que se ha desarrollado entre Alemania y China durante las últimas cuatro décadas ha perjudicado a Alemania. En 2025, China volvió a ser el socio comercial más importante de Alemania, con un volumen de negocios bilateral que alcanzó aproximadamente los 252,000 millones de euros (297,000 millones de dólares). Sin embargo, las importaciones de productos electrónicos, equipos informáticos y componentes industriales procedentes de China han elevado el déficit comercial bilateral a niveles récord (entre 8,000 y 9,000 millones de euros en 2025), a medida que se reduce. La demanda china de maquinaria de precisión, vehículos y productos químicos alemanes ha provocado que las exportaciones a China caigan casi un 20 por ciento en sólo tres años, hasta 81,000 millones de euros.

Lo que los economistas denominan el “shock chino 2.0” está impulsando un debate nacional sobre la competitividad de Alemania. China es un referente, ya que ha caído al sexto puesto entre los mercados de exportación alemanes, mientras que hace cinco años ocupaba el segundo, por detrás de Estados Unidos.

Las causas de esta recesión son múltiples. Las empresas chinas se han vuelto más capaces de fabricar productos de mayor valor y complejidad tecnológica, por lo que ya no dependen de importaciones más caras. Al mismo tiempo, algunas empresas alemanas han localizado en gran medida sus actividades comerciales en China, lo que significa que producen en China para China. Para complicar aún más la situación, la persistente debilidad económica de China y la grave crisis inmobiliaria han reducido la demanda interna. En resumen, se prevé que la disminución de las exportaciones alemanas a China continúe.

El principal desafío para Alemania, y para Europa, es conciliar los imperativos geopolíticos con la práctica económica y equilibrar los intereses comerciales a corto plazo con las tensiones estructurales a largo plazo, que incluyen no solo la enorme sobrecapacidad industrial y el acceso distorsionado al mercado, sino también los controles a la exportación de materiales críticos. La sobrecapacidad manufacturera de China no es simplemente un fenómeno de mercado; es un instrumento de poder. La industria china está inundando el mercado con sobreproducción subvencionada por el Estado, lo que alimenta la deflación en China y presiona los precios europeos.

Si China instrumentaliza estratégicamente la interdependencia, no basta con reconocerlo y hacer llamamientos a la «competencia justa». Una estrategia europea debe responder concretamente a la lógica del sistema económico chino.

Para empezar, Europa debería actuar con rapidez para impulsar el crecimiento económico incrementando la inversión en innovación, tecnologías limpias e infraestructura digital, a la vez que profundiza el mercado único, especialmente en los sectores de servicios, mercados de capitales y energía. Reducir la fragmentación regulatoria y agilizar los procesos de obtención de permisos impulsaría la inversión privada, especialmente en conjunción con una política industrial europea específica que apoye a sectores estratégicos sin socavar la competencia. Al mismo tiempo, Europa debe ampliar las alianzas comerciales más allá de los mercados tradicionales y movilizar instrumentos de financiación conjunta para atraer capital privado.

En segundo lugar, es necesario reducir sistemáticamente las dependencias críticas en materias primas, tecnologías clave e infraestructura digital. Esto implica establecer objetivos de diversificación claramente definidos, promover una economía circular europea y adoptar la contratación pública conjunta europea.

En tercer lugar, Europa ha comenzado a transitar del libre comercio a una postura más defensiva. Sin embargo, los controles de exportación, el control de las inversiones, las investigaciones antisubvenciones y las herramientas de política industrial deben coordinarse aún más estratégicamente a nivel europeo. El unilateralismo nacional debilita la influencia de todos. Europa debe utilizar su poder de mercado para desarrollar un enfoque unificado ante el exceso de capacidad industrial, las alianzas industriales y las agendas en foros multilaterales. Se podría invitar a China a invertir en Europa bajo reglas claras a cambio de acceso al mercado.

Dado que China considera la política económica como un instrumento geopolítico, el viaje de Merz a China constituirá una importante prueba para la credibilidad europea. Superar dicha prueba requerirá compromisos vinculantes. Si la canciller alemana aboga por la unidad europea, el gobierno alemán no puede, al mismo tiempo, buscar excepciones industriales nacionales. China observa atentamente dónde falla la cohesión europea y pone a prueba sistemáticamente la coherencia de la Unión Europea. Una estrategia europea unificada requiere disciplina estratégica.

Mientras China busca el dominio tecnológico e industrial, un modelo de crecimiento que genera sobrecapacidad y crecientes tensiones sociales no es invulnerable. La UE posee importantes activos que puede desplegar en su competencia con China: el poder del mercado único, la capacidad regulatoria y la excelencia tecnológica. Pero estos activos solo generan influencia si Europa actúa de forma cohesionada.

Al mismo tiempo, la competencia sistémica no debe eliminar el espacio para la cooperación. En materia de política climática y estabilidad financiera global, por ejemplo, sigue siendo necesario un compromiso pragmático. Sin embargo, la cooperación solo puede ser sostenible si se basa en intereses claramente definidos y en la reducción de las vulnerabilidades.

Para afrontar la magnitud del desafío que plantea China, Merz debe estar dispuesto y ser capaz de movilizar el poder de Europa. La rivalidad estratégica requiere acción estratégica. La visita de Merz solo será más que una simple diplomacia económica simbólica si transmite unidad europea al exterior y disciplina europea al interior.

La autora es miembro del consejo ejecutivo de Bertelsmann Stiftung, exdirectora del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, exdirectora ejecutiva para Europa y Asia Central de Open Society Foundations y autora de “Krisenzeit Folgen Sicherheit, Wirtschaft, Zusammenhalt–Was Deutschlandjetzt tun muss” (Piper, 2023).

Derechos de autor: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

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