El régimen de Rosario Murillo y Daniel Ortega informó que a partir del pasado domingo 8 de febrero no hay libre ingreso de personas cubanas a Nicaragua. Las de pasaportes ordinarios que necesiten y quieran llegar al país tendrán que solicitar visa y esperar que se la concedan.
La dictadura de Nicaragua estableció en noviembre de 2021 el libre visado para las personas cubanas, dizque por razones humanitarias y la epidemia de covid-19. Sin embargo, analistas internacionales y activistas opositores nicaragüenses opinaron que aquella disposición era una estrategia de Ortega y Murillo para facilitar la migración cubana masiva hacia Estados Unidos (EE. UU.) y socavar al “imperio” yanqui.
En realidad, el tránsito de personas cubanas por Nicaragua se multiplicó de manera exponencial; y en los registros migratorios del país no se reportaba la salida del país de la gran mayoría de los cubanos que llegaban, lo cual indicaba que desde Nicaragua viajaban por tierra hacia la frontera norte, rumbo a EE. UU.
Ahora, según los mismos analistas y críticos de la dictadura, la razón de eliminar el libre visado es el temor a EE. UU., que ya descabezó a la dictadura de Venezuela, está sometiendo a una asfixiante presión a la de Cuba y tiene en la mira a la de Nicaragua.
No podemos saber si en realidad los codictadores tienen temor a que EE. UU. disponga contra ellos acciones más drásticas que las sanciones económicas y comerciales. Lo que sí sabemos es que el miedo es un sentimiento humano y que los dictadores también tienen que experimentarlo, a pesar de que ellos se creen seres superiores y alardean habitualmente de estar dispuestos a “luchar contra el imperialismo hasta las últimas consecuencias”.
El miedo, dice el experto español Manuel Castillo Moro, de la Universidad de Jaén, “es un elemento consustancial a la humanidad que ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia. Con un componente a la vez biológico, psicológico y sociológico, ha propiciado el origen de muchos de los fundamentos que forman nuestro acervo cultural y la manera de regular la convivencia en sociedad”.
Agrega el estudioso hispano que el miedo “es necesario para la supervivencia humana, pues es un componente primordial que permite mantener nuestro instinto de conservación. Con él detectamos aquellos peligros que nos acechan, nos permite evitarlos con anticipación o huir de ellos ante la inminencia de los mismos. Incluso tomar medidas para poder encarar y superar situaciones donde se imponga la prevención para no ser superados por el caos del pánico”.
De manera que, si el miedo está presente en todas las acciones humanas que de una u otra manera son de riesgo, también es un factor de la política y el ejercicio del poder, sobre todo cuando se ejerce autoritariamente y se pretende detentarlo para siempre, enfrentando y desafiando las inevitables dificultades, oposiciones y resistencias.
La doctrina y la experiencia política enseñan que a veces se presentan situaciones en que los líderes deben detenerse, inclusive replegarse prudencialmente mientras pasa el mal momento y llega la oportunidad de ir de nuevo hacia adelante. Este es un concepto básico de la política, que sobre todo se asocia al temor cuando las amenazas percibidas limitan el avance o no permiten seguir actuando de la misma manera que se venía haciendo.
En el caso de los codictadores de Nicaragua, ya sea que lo hagan por simple miedo o por estrategia política, lo cierto es que desde que comenzó la ofensiva del Gobierno de EE. UU. contra las dictaduras del hemisferio occidental, ellos han venido actuando con notoria prudencia, absteniéndose de atacar directamente al presidente Donald Trump, tratando de presentarse como gobernantes bien portados en dos de los temas que más le interesan al gobernante estadounidense, como son la lucha contra el narcotráfico y la migración. En lo que no pueden hacer nada para disimular sus acciones e intenciones es en su asociación estratégica con Rusia, China e Irán, las potencias extracontinentales que son una amenaza en la retaguardia de EE. UU.
Al parecer los codictadores de Nicaragua, sobre todo Daniel Ortega que es un viejo zorro político, esperan que, portándose aparentemente bien en los temas del narcotráfico y la migración, podrán escaparse del interés del presidente Trump y del secretario de Estado, Marco Rubio, de barrer toda la basura dictatorial del escenario de las Américas. Veremos si finalmente podrán lograrlo.