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El último rastro de que Kener Jafeth Zamora Álvarez continuaba con vida fue recibido por la familia la mañana del 22 de enero. El día anterior cerca de las 5:30 de la tarde, el joven de 17 años había desaparecido cuando salió a hacer su caminata habitual con su hermano menor por los caminos polvosos del sector de Las Trincheras, en Lechecuagos, León.
Esa tarde, su hermanito caminaba adelante, guiándolo en el camino, y de repente se dio cuenta de que Kener ya no venía detrás de él. Regresó unos metros para ver si lo encontraba, pero no había seña de él, así que el menor se fue a su casa para avisarle a su tía Ivannia Álvarez que su hermano se había perdido.
Aparentemente, Kener llegó a dar a la casa de un hombre conocido como “Nano” y fue ahí donde Ivannia llegó con foto en mano a preguntar por él. Un niño de 7 años que vive en esa casa fue quien dijo: “Ese muchacho fue el que vino anoche y mi papá lo corrió”. Así lo contó doña Alba Álvarez, abuela de Kener, a Canal 10.
El niño también dijo que Kener pedía que le prestaran un teléfono haciendo un gesto con sus manos: con su dedo índice derecho presionaba su mano izquierda. Probablemente quería comunicarse con su familia.
Kener no hablaba. Era autista y no podía verbalizar más que una o dos palabras. Eso sí, se daba a entender con señas y comprendía muy bien cuando le hablaban a él o lo llamaban por su nombre, según explicó su familia.

El joven apareció muerto el lunes 2 de febrero, después de 13 días en que no se sabía a ciencia cierta de su paradero. Toda la comarca se unió para buscarlo. Incluso las comunidades vecinas, así como la Policía y Bomberos de León, aunque la familia denunció en un momento que no se estaba haciendo suficiente y hasta suplicaron a Rosario Murillo por ayuda.
La revista DOMINGO trató de comunicarse con la familia de Kener para hablar sobre el misterio que ronda la muerte de este joven, pero no quisieron responder nuestras preguntas. “Ya no vamos a hablar de esto. Muchas gracias por su interés”, respondió doña Alba.
Chinelas de tiburón
A Kener ya lo conocían en Las Trincheras. Los vecinos sabían de su condición de autista y llamaban la atención sus características chinelas negras de tiburón, las mismas que llevaba puestas el día que desapareció.
También vestía pantalón azul oscuro y camiseta gris, y tenía una cicatriz en su rodilla derecha.
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En su velorio, un pastor recordó que Kener era un joven muy alegre y que cuando se descuidaban en la iglesia adventista a la que iba con su familia, agarraba el micrófono y se ponía a hacer ruidos con su boca desatando la carcajada de los asistentes al culto. Una travesura de niños.
Le gustaba tocar su flauta y en 2024, de él nació el querer ser bautizado al ver a una vecinita siendo sumergida en una pileta de bautismo, contó el religioso.
Cuando en Las Trincheras se supo que Kener había desaparecido, varios pobladores se unieron para buscarlo. En bicicletas, motos, a caballo o a pie se recorrían las laderas, los caminos polvosos y calientes, y divulgaban información por redes sociales y en las comunidades vecinas.
Mientras tanto, a su familia le preocupaba que Kener no estaba tomando sus medicamentos los cuales debía consumir a diario para evitar convulsiones.
Los días avanzaban y la búsqueda era infructuosa, así como la presencia de las autoridades en la zona era muy escasa. Pese a que había agentes policiales y bomberos, para la familia y demás vecinos no era suficiente.
Tras 8 días sin tener noticias de él, la desesperación de la familia por encontrarlo los llevó a suplicarle a Rosario Murillo por ayuda. “Yo le pido a la vicepresidenta que se ponga (la mano) en el corazón como madre que nos ayude con todos los elementos (para encontrarlo). Le suplicamos que manden al Ejército, que muevan cielo, mar y montaña para encontrar a mi niño”, dijo su tía Ivannia Álvarez a Canal 10.

Ese mismo día, la familia reportó que una de las chinelas de tiburón había sido encontrada por los vecinos voluntarios. Sin embargo, estaban seguros de que alguien la había puesto para despistarlos porque ya habían recorrido esa zona y no habían visto nada. “Alguien la puso porque después de la chinela, ninguna pista, ningún rastro más”, declaró la abuela Alba Álvarez.
Mientras los días avanzaban, la incertidumbre familiar crecía y con ello la desinformación en redes sociales. Los vecinos voluntarios se quejaron de que había personas que reportaban haber visto a Kener en determinado lugar, pero cuando se movilizaban al sitio no lo encontraban.
Incluso había quienes decían que lo habían visto, que le dieron agua y que después se fue. “¿Y entonces por qué no lo tuvieron ahí y nos llamaron?”, reclamaban.
Los vecinos y la familia se recorrieron toda la comarca y algunas comunidades vecinas. Y cuando ya no había más sitio por dónde buscar, hicieron un nuevo llamado para las autoridades.
“Son unos montarascales, unas laderas que dan miedo. Esto ya no está en nuestras capacidades. La población se ha unido, pero sentimos que ya está fuera de nuestro alcance. Por favor ayúdennos”, clamó otra familiar al borde del llanto en un video viralizado en redes sociales.
Satanás
El sonido estridente y urgente del teléfono de Ivannia Álvarez interrumpió la búsqueda. Eran las 2:00 de la tarde del 2 de febrero. 13 días después de la desaparición de Kenner. Un oficial de la Policía le dio las palabras que no quería escuchar, pero que aliviaron su incertidumbre por saber dónde estaba el joven.
“Encontramos un cadáver con las características de Kenner Jafeth”, le dijeron del otro lado del teléfono. “Yo les dije que quería reconocerlo y me dijeron que no, que el cuerpo estaba malo y que ya lo habían levantado”, contó Ivannia a LA PRENSA.
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La versión oficial es que el cuerpo apareció con 4 o 5 días de descomposición, al lado de un camino, contiguo a una vegetación seca, en una zona donde el sol golpea muy fuerte, en la comunidad Boca de Cántaro, en Chacraseca, municipio de La Paz Centro.
La abuela dijo que no estaban seguros del lugar donde lo hallaron ya que ninguno de sus familiares pudo acudir a la zona, lo que aumentó la incertidumbre sobre qué le sucedió. Incluso, en el lugar donde la Policía asegura haberlo encontrado, las brigadas de rescate de los bomberos pasaron muchas veces buscándolo junto a vecinos y voluntarios, pero no lo hallaron, por lo cual dudan que haya sido así.

La familia solicitó que se hiciera una autopsia porque querían descartar mano criminal, así que la Policía se llevó el cuerpo para Managua, al Instituto de Medicina Legal (IML), pero no dejaron que los familiares lo vieran antes, sino hasta después de la autopsia.
Doña Alba Álvarez confirmó a LA PRENSA esa misma noche que el forense descartó mano criminal al no encontrar señales de violencia en el cuerpo. “Supuestamente no, no sé la verdad, eso es lo que nos dijeron”, detalló.
La oficialista radio La Primerísima informó en sus redes sociales que el adolescente había muerto por hambre, sed, cansancio e insolación. Eso mismo determinó el forense de Medicina Legal.
Kener fue enterrado al atardecer del martes 3 de febrero en el cementerio San Felipe de León. Casi toda la comunidad Las Trincheras quedó vacía esa tarde, porque estaban despidiendo al joven.
En varios videos divulgados por los asistentes se ve a Ivannia Álvarez desconsolada mientras entierran el féretro. “Te amo, mi bebé”, fueron sus últimas palabras antes de que la tierra cubriera la madera.
Curiosamente, los medios oficialistas que no se habían hecho eco de este caso, llegaron a cubrir el entierro del joven. Ivannia agradeció a la Policía de León, aunque inicialmente criticaba su inoperancia. “Quizás les exigía yo y no entendía yo su trabajo y les volví a exigir, pero les agradezco”, dijo entre el llanto.
También descartó que hubiera mano criminal y más bien le echó la culpa a “Satanás” de quien dijo que está detrás de los jóvenes y por eso recomendó a las madres nicaragüenses a cuidar de sus hijos.
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