El cambio golpea a las puertas de Cuba

El presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, dijo el lunes de esta semana que en Cuba “un cambio está bastante cerca” y que para eso “estamos tratando ahora mismo con los líderes cubanos”. Pocos días antes, Trump había firmado una orden ejecutiva declarando que el Gobierno de Cuba es una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de EE. UU.

El presidente Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, han manifestado su intención de poner fin a las tres dictaduras que quedan en el hemisferio occidental: Venezuela, Cuba y Nicaragua.

En Venezuela el Gobierno de EE. UU. ya derrocó al exdictador Nicolás Maduro y mantiene bajo intensa presión a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, para que desmonte la dictadura mediante cambios graduales que no son exactamente la transición a la democracia, pero van en esa dirección.

En Nicaragua se percibe la presión de EE. UU. a la dictadura de Rosario Murillo y Daniel Ortega, pero de manera no tan fuerte, todavía, porque como han dicho Trump y Rubio, después de Venezuela la primera prioridad es la dictadura comunista de Cuba.

Este miércoles 4 de febrero, el viceministro del Exterior de Cuba, Carlos Fernando de Cossío, reconoció que su gobierno está en conversaciones con EE. UU., pero que hasta ahora no son un “diálogo formal”. Por su parte, el presidente cubano, Miguel Díaz Canel aseguró, que están dispuestos a negociar todo con EE. UU., menos el cambio de régimen.

Se conoce que el Gobierno de México está mediando en las conversaciones de Cuba con EE. UU. Al respecto periódicos de mucha seriedad y credibilidad, como el ABC de España, han informado que el encargado cubano de los contactos directos con EE. UU. es el coronel Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro. Y que su propuesta fundamental es que EE. UU. ponga fin al embargo comercial y petrolero a Cuba, que a cambio colaboraría con la lucha estadounidense contra el narco-terrorismo, pero, además, desmontaría el sistema económico comunista y se abriría al capitalismo, conservando su régimen político. Dicho con otras palabras, se trataría de copiar el modelo chino, como lo hizo Vietnam y económicamente ha producido buenos resultados a los dos países, aunque políticamente siguen siendo comunistas.

China llama gaigé kaifang (reforma y apertura) al cambio que inició a finales de 1978 para sustituir el sistema económico comunista con un capitalismo controlado por el Estado y el partido. China se abrió a las inversiones extranjeras y al libre mercado, y restableció el derecho de propiedad privada, pero dejó intacto el régimen político totalitario que siguió llamándose comunista. El resultado fue que China salió del atraso y la extrema pobreza y se convirtió en la superpotencia que es ahora, pero sin derechos humanos, ni libertad, ni democracia.

Vietnam, donde también se impuso el comunismo que hundió al país en la incompetencia económica y la miseria, copió el modelo chino a partir de diciembre de 1986 cuando comenzó a implementar el Doi Moi (Cambiar hacia lo nuevo), dio amplias garantías a las inversiones capitalistas, restableció la propiedad privada, liberalizó la economía, e impulsó un potente crecimiento económico bajo la hegemonía del Partido Comunista, pero, como China, sin libertades políticas ni democracia.

Human Right Watch reporta que en Vietnam “el Partido Comunista, en el poder, mantiene el monopolio del poder político y no permite que se cuestione su liderazgo. Los derechos fundamentales están severamente restringidos, incluyendo las libertades de expresión, reunión pacífica, asociación y religión. Activistas de derechos humanos y blogueros se enfrentan a intimidación policial, acoso, restricción de movimiento, arrestos arbitrarios y detenciones. A los trabajadores no se les permite formar sindicatos independientes. La policía recurre regularmente a la tortura y las palizas para obtener confesiones. El sistema de justicia penal, incluyendo el poder judicial, carece de independencia. Disidentes políticos y activistas de la sociedad civil son frecuentemente condenados a largas penas de prisión por cargos falsos relacionados con la seguridad nacional”.

Al parecer así sería la situación de Cuba en el caso de que EE. UU. aceptara la propuesta de la dictadura comunista. Pero Cuba no es China ni Vietnam. Cuba es parte del mundo occidental y de su cultura humanista de libertad. Cuba no está en Asia, sino en América, apenas a 90 millas de EE. UU. y a pesar de la prolongada dominación comunista, tiene una población que mayoritariamente quiere y necesita la reconstrucción económica, pero con libertad, democracia y respeto a los derechos humanos.

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