Los codictadores sandinistas de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo, enviaron un amistoso mensaje de felicitación al presidente electo de Honduras, el político y empresario conservador Nasry “Tito” Asfura. Y además conversaron cordialmente con él por la vía telefónica.
Así lo reveló el mismo presidente electo hondureño en las declaraciones que dio el viernes 26 de diciembre al programa Conclusiones de CNN en Español. En esta entrevista, Asfura dejó claro que su gobierno procurará tener las mejores relaciones con el régimen de Nicaragua, porque —dijo— este es un país hermano y vecino de Honduras con el que comparten el objetivo de paz, seguridad y estabilidad para la región centroamericana. Para él, así lo dio a entender, lo demás es secundario.
Las palabras y los propósitos de Asfura cayeron como balde de agua helada sobre la oposición nicaragüense en el exilio, que por ser el presidente electo hondureño el líder de una fuerza política conservadora de derecha, como es el Partido Nacional de Honduras, esperaban que su gobierno iba a ser crítico, incluso beligerante, con la dictadura de Ortega y Murillo.
En ese sentido, una de las principales plataformas opositoras en el exilio, la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN), en un mensaje de felicitación que envió a Asfura le pidió “mantener una política de no legitimación del régimen Ortega-Murillo, absteniéndose de reconocer farsas electorales”. Además, la CDN le solicitó a Asfura desempeñar “un papel clave mediante una actuación firme en la OEA y en los foros multilaterales, apoyando resoluciones que condenen las violaciones de derechos humanos, farsas electorales y la persecución política en Nicaragua, así como respaldando la plena aplicación de la Carta Democrática Interamericana”.
Asfura es un político de derecha democrática y por eso mismo ha sido un crítico del socialismo del siglo 21 en América Latina, asociándolo con dictaduras de izquierda como las de Venezuela y Nicaragua. Y en su momento advirtió sobre los peligros de esa corriente izquierdista para la democracia y la economía en Honduras, por lo que era indispensable sacar del poder al partido Libre, hasta ahora gobernante en Honduras, que es aliado de las dictaduras latinoamericanas.
De manera que era comprensible la esperanza de la oposición nicaragüense en el exilio, en que Asfura ya como presidente de Honduras sería crítico de la dictadura de Ortega y Murillo y partidario de la restauración de la democracia en Nicaragua.
Sin embargo, a juzgar por las declaraciones del mismo presidente electo de Honduras, en su caso se aplica el llamado “teorema político de Baglini” del que hemos hablado en otra ocasión. Según este teorema, las oposiciones y los espacios críticos al poder de turno pueden hacer enunciados políticos radicales mientras luchan por sustituirlo, pero se van tornando sensatos y razonables mientras crecen las oportunidades de ganar las elecciones. “Esto se debe –—según dicho teorema— a que hay una relación directa entre la cercanía al poder y las críticas extremas al sistema”.
El teorema de Bagli no siempre se cumple, como ha ocurrido recientemente con los casos de Javier Milei en Argentina y Donald Trump en Estados Unidos (EE. UU.). Ninguno de ellos suavizó sus planteamientos radicales para poder ganar las elecciones, ni lo hicieron después de que tomaron el poder.
Sin embargo, en el caso de Honduras al parecer sí se está cumpliendo el teorema de Bagli. Y no solo por la nueva actitud de Asfura hacia la dictadura de Nicaragua, sino también por lo que se refiere a la situación interna de Honduras, pues ha prometido hacer un gobierno de reconciliación y amistad no solo con sus rivales liberales, sino también con sus adversarios y críticos izquierdistas más enconados.
Es válido asegurar que el triunfo electoral del conservador Nasry Asfura en Honduras, auspiciado por el presidente de EE. UU., representa una derrota de la izquierda autoritaria en toda América Latina. Pero no necesariamente significa un cambio para la relación de Honduras con las dictaduras izquierdistas de América Latina, y menos con la de Nicaragua. Lo que indican en este caso las declaraciones de Nasry Asfura es que prevalecerá el frío pragmatismo de la real politik por encima de los cálidos principios y valores de libertad, democracia y derechos humanos.
Pero la verdad es que ya un gobierno conservador de Honduras, del mismo Partido Nacional, como fue el de Juan Orlando Hernández que duró de 2014 a 2022, tuvo una excelente relación de amistad y hasta colaboración con la dictadura de Nicaragua. Entonces, ¿por qué no podría ocurrir lo mismo con el próximo gobierno conservador y de derecha de Nasry “Tito” Asfura?