El sentido de la Navidad

La Navidad es la celebración más completa, emotiva, bonita, alegre y popular de Nicaragua. Igual que de todas las naciones con las que los nicaragüenses compartimos creencias, valores y tradiciones culturales.

La Navidad involucra a prácticamente todos los nicaragüenses. A unas personas las convoca por su sentido religioso y a otras por la tradición cultural, porque es uno de los signos de nuestra identidad nacional.

La Navidad, en su sentido religioso, se celebra el 25 de diciembre porque es el día en que según la tradición cristiana nació Jesús de Nazareth, el Hijo Hombre de Dios. Pero la celebración navideña comienza desde la víspera nocturna, que es la Nochebuena.

El contenido religioso de la Navidad radica en la creencia en que Dios envió a su hijo unigénito a la Tierra, al mundo de las personas humanas y mortales, con una trascendental misión redentora. Lo envió para amar y salvar a las personas mortales, para entender sus problemas, enseñarles la fe e inculcarles la esperanza. La Navidad es por eso una oportunidad para reflexionar, para expresar gratitud y practicar la caridad que es el amor, y perdonar que es el medio esencial de la sanación espiritual.

El mensaje de la Navidad es potente. Como escribiera el incomparable e inolvidable Pablo Antonio Cuadra (PAC) en su ensayo El Dios del hombre y el Dios de Dios: “El Dios anunciado por los profetas y por las escrituras un día decide cumplir su promesa de amor. Un día decide que el Hijo de Dios sea el Hijo del Hombre… No es un Rey fastuoso. No es siquiera el piadoso Dios imaginado por el piadoso hombre, rodeado como Júpiter de rayos y truenos. Es un Dios desconcertante. Es el Dios del Credo”.

Luego, en otro ensayo titulado La paradoja de Cristo ante la política, PAC señala que contra ese Dios hecho hombre que nació como la más humilde de las criaturas humanas, se confabulan los políticos fariseos, los oportunistas, los herodianos (corruptos y venales que aparentan dignidad), y todos ellos lo consideran y tratan como enemigo.

“¿Por qué esas políticas, por qué esos poderes, ven en Cristo a un subversivo o un peligro?”, reflexiona PAC, y asegura: “Porque todas esas políticas han invadido abusivamente ámbitos ajenos. Cristo para unos significa ´libertad´, y por libertador es subversivo. Cristo para otros significa ´justicia´, y la demanda de justicia siempre es revolucionaria (golpista, en el lenguaje de los tiranos de ahora en Nicaragua). A Cristo sus condenadores lo meten en política, pero Cristo lo que hace es sacar a la política de sus extralimitaciones y devolverla a su sitio. Reivindica la autonomía de lo temporal. Cancela con su doctrina el tipo de Poder —como el romano— (y el orteguista hay que agregarlo ahora) que se reviste de una aureola religiosa…”

PAC no era un clarividente, pero por sus palabras que hemos citado parecía prever lo que ocurriría en Nicaragua 16 años después de su muerte, ocurrida el 2 de enero de 2002.

Pero en medio del sufrimiento causado en los últimos tiempos por las políticas neronianas de quienes detentan el poder, la Navidad nos consuela y fortalece moralmente al recordarnos que el nacimiento de Jesús fue un acto de amor divino y ejemplo de humildad humana. Y nos invita a la gratitud, al perdón, a compartir con los más necesitados, a fortalecer la amistad y la unión familiar, a promover la paz y tener esperanza en una vida más plena y con sentido, vale decir con libertad y respeto a la dignidad humana. 

La Navidad, en las circunstancias actuales de Nicaragua, es el tiempo más oportuno para expresar cariño y mostrar solidaridad con quienes no pueden estar en su propio país, junto a sus seres queridos. Un tiempo para infundirles la esperanza en que un día podrán volver a una patria libre y democrática, en la que nadie se arrogue el poder maligno de oprimir a sus semejantes.

A todos ellos, a los suscriptores, lectores y amigos de LA PRENSA, y a sus familiares, les deseamos una feliz Navidad. Con la esperanza de que vendrán mejores tiempos cuando todos podamos celebrar las navidades con la alegría de estar juntos, sin temor a los malvados y crueles neronianos que para entonces ya no estarán.

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