La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha prohibido que los viajeros que llegan por tierra a Nicaragua introduzcan la Biblia y otras publicaciones impresas. Así lo informó LA PRENSA este miércoles 17 de diciembre en una nota titulada “Prohibido llevar libros y Biblias a Nicaragua: régimen emula a Corea del Norte en su afán por controlar pensamiento crítico”.
La información es acompañada con la fotografía del aviso en grandes letras de una empresa de transporte terrestre de pasajeros que llegan a Nicaragua desde otros países centroamericanos, en el cual se les advierte que es prohibido ingresar, entre otras cosas, revistas, periódicos y Bbblias. Y asegura que la información fue verificada por el portal de noticias Independent Catholic News, al consultarle a representantes de la empresa de transporte en El Salvador y Honduras.
Ciertamente, solo en los países más totalitarios, como es el caso de Corea del Norte comunista, que es oficialmente atea y prohíbe y castiga cualquier creencia religiosa, introducir una Biblia o poseerla puede ser castigado hasta con la muerte. Y es evidente que la dictadura sandinista de Nicaragua, a pesar de que Daniel Ortega y Rosario Murillo falazmente usan en sus discursos una abundante fraseología religiosa, trata de ponerse al mismo nivel de su “hermana” ideológica norcoreana.
El totalitarismo, por su propia naturaleza, es absolutamente intolerante a toda forma de pensamiento que no sea el oficial. Esto con el propósito de controlar y moldear las conciencias de todas las personas y ajustarlas al pensamiento oficial que imponen los dictadores. Las únicas publicaciones que permiten esas dictaduras son las que hacen propaganda al régimen, que justifican sus arbitrariedades y promueven el culto a la personalidad de los mismos dictadores.
Sin embargo, en el caso de Nicaragua también hay un motivo particular de la persecución religiosa. Es el resentimiento de los codictadores con la Iglesia católica, y algunas cristianas evangélicas, porque defendieron a las víctimas de la sangrienta represión estatal de abril y los meses siguientes de 2018. Por eso la dictadura acusó a la Iglesia católica de haber intentado un golpe de Estado y tal es el motivo inmediato de la persecución religiosa y por el cual la Iglesia católica y algunas evangélicas han sido víctimas de una feroz e implacable represión, la peor en toda la historia de Nicaragua.
Sin embargo, algunas fuentes versadas en la teología cristiana nos dicen que la prohibición de introducir la Biblia al país tal vez se debe también a que su lectura es liberadora Y como ejemplo mencionan lo que se dice categóricamente en el Evangelio de Lucas: “Levantaos, alzad la cabeza porque se acerca vuestra liberación”.
La Biblia, aseguran esas fuentes, libera de toda esclavitud. De la esclavitud autoimpuesta que resulta de los pecados y errores que se cometen en la vida. Y de la esclavitud impuesta por los demás, que son las injusticias estructurales, económicas, sociales y políticas, que impiden a las personas vivir una vida plena y en libertad, que es condición indispensable de la dignidad humana.
Los dictadores persiguen a la religión, reprimen a la Iglesia católica y prohíben la Biblia, porque presenta un mensaje liberador que va desde lo individual que es la sanación interior y la libertad del pecado, hasta lo colectivo que es la lucha contra la opresión.
Por eso las tiranías han perseguido a la Iglesia a lo largo de su historia dos veces milenaria. Sin embargo, por la fe y la esperanza que son las armas espirituales pero poderosas de los creyentes, la Iglesia siempre ha prevalecido sobre sus enemigos. Y sin dudas de ninguna clase que prevalecerá también en Nicaragua.