La destrucción creativa 

El Premio Nobel de la Paz que este año fue otorgado a la dirigente democrática venezolana, María Corina Machado, es una de las seis categorías de este galardón que es el más apreciado y codiciado en el mundo.

Además del Nobel de la Paz también se otorgan los premios de Literatura, Física, Química, Fisiología (o Medicina) y Economía. Los premios honran y gratifican los aportes excepcionales, en beneficio de la humanidad, de las personas o instituciones galardonadas.

De manera que, aunque sin tener la misma repercusión mediática que el Premio Nobel de la Paz, el de Economía, concedido este año a Joel Mokyr (Países Bajos), Philippe Aghion (Francia) y Peter Howit (Canadá) “por haber identificado los prerrequisitos para un crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico”, tiene también una gran significación al realzar el crecimiento económico como factor clave para el desarrollo humano y el progreso social.

El presidente del comité del Premio Nobel de Economía, el académico sueco John Hassler, al entregar el galardón de este año expresó que el crecimiento económico siempre se ha asociado con la palabra más: “Más dinero, más trabajo, más energía, más consumo, más de todo. Durante las primeras fases del crecimiento, sin duda, más era importante, y lo sigue siendo en los países pobres. Allí, se necesitan más alimentos, más medicamentos, más recursos y más energía para una mejor calidad de vida”.

Sin embargo, reflexionó Hassler, ahora ya no se trata solo de más, sino también de nuevo y mejor. Y precisamente los premiados de este año, aseguró, “demuestran que el crecimiento de los últimos dos siglos proviene de un flujo constante de mejoras tecnológicas. Nuevos medicamentos, coches más seguros, mejores alimentos, mejores formas de calentar e iluminar nuestros hogares y nuevas formas de comunicarnos a grandes distancias son solo algunas dimensiones del crecimiento económico. Nuevos y mejores productos y métodos reemplazan a los antiguos en un proceso que llamamos destrucción creativa”.

Al respecto uno de los tres economistas premiados, el holandés Joel Mokyr, explicó que el concepto de “destrucción creativa” fue creado por el economista austriaco Joseph A. Shumpeter (1883-1950), para explicar “el proceso mediante el cual el conocimiento útil, la comprensión de las leyes de la naturaleza, permite a los emprendedores generar progreso económico y ayudarnos a enriquecer el mundo incorporando lo nuevo y desechando lo viejo”.

Mokyr reconoce que “la destrucción creativa tiene su lado destructivo: puede eliminar empleos, devaluar el capital humano y las capacidades, enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres, y causar una degradación ambiental sin precedentes. Muchas voces piden frenarla. Señalan a las víctimas del amianto, la gasolina con plomo y las plantas químicas. Señalan el cambio climático y los peligros de las armas nucleares. Y tienen razón”.

Sin embargo, aseguró que el crecimiento, desarrollo y progreso humano que deriva de la “destrucción creativa”, recompensa con creces los daños temporales que causa.

“Debemos tener presente —advirtió Mokyr—, que hoy la humanidad se enfrenta a amenazas existenciales sin precedentes. Debe afrontar el calentamiento global desarrollando técnicas que lo combatan. Necesita lidiar con una transformación demográfica que ha producido cada vez más octogenarios y cada vez menos mujeres y hombres trabajadores. Podría enfrentarse a más pandemias. La única solución es adaptarnos e inventarnos para afrontar estos problemas. La historia ejemplifica cómo, en el pasado, el ingenio ha resuelto los desafíos técnicos de la sociedad, desde la vacunación contra la viruela hasta la fijación de nitrógeno y la terapia contra el cáncer. Debe seguir haciéndolo, porque cualquier alternativa será desastrosa”.

“¿Continuará ese proceso?”, se preguntó Mokyr. Y aseguró que sí, porque “los humanos somos curiosos por naturaleza y hemos seguido descubriendo los secretos de la naturaleza… Dada la rápida evolución de la ciencia en nuestra era de computadoras de alta potencia, inteligencia artificial, láseres, ingeniería genética y mucho más, la mejor manera de resumir nuestro futuro tecnológico es el dicho estadounidense ´todavía no has visto nada´”.

En momentos que el pesimismo ensombrece al mundo por diversos motivos, como la guerra, el cambio climático, la pobreza extrema y los crímenes de lesa humanidad, el optimismo científico e histórico de Mokyr es luminoso. Así como María Corina Machado, al recibir el Premio Nobel de la Paz dejó claro que la libertad y la democracia llegarán inexorablemente a los pueblos que ahora no las tienen, el economista holandés ha confirmado que, gracias al ingenio humano, el incesante progreso de la técnica y la ciencia permitirá resolver los enormes desafíos de la humanidad contemporánea.

Los dos han dejado el mensaje común de que no se debe perder la confianza en la humanidad, en la libertad y en la justicia, en la democracia y el derecho, en el progreso científico y en el curso del proceso histórico que a pesar de todo siempre va hacia adelante.

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