Chile sigue dando lecciones de libertad y democracia 

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En las elecciones del domingo recién pasado en Chile no se pudo elegir al próximo presidente de la República, porque ninguno de los ocho candidatos alcanzó la mitad más uno de los votos que es indispensable para elegirlo. Sin embargo, Chile volvió a dar una gran lección de libertad y democracia. 

En el ranking de la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist, Chile no figura como una democracia plena. Es calificada como una democracia defectuosa y en América Latina y el Caribe solo Uruguay y Costa Rica son reconocidas como democracias plenas. Pero la verdad es que en lo que se refiere a la elección de autoridades gubernamentales, que es una condición clave de la democracia, Chile, como lo volvió a demostrar el domingo pasado, es ejemplar y admirable.  

Chile también es un ejemplo de participación pluralista política e ideológica. Así lo demuestra que los candidatos que disputarán la Presidencia de la República en la segunda vuelta electoral serán la militante comunista Jeannette Jara, que ganó el primer lugar, y el líder derechista radical José Antonio Kast, que quedó en el segundo puesto. 

En realidad, no tiene por qué haber temor a que en las elecciones participen partidos y candidatos de cualquier tendencia, de derecha o izquierda, y que uno de ellos gobierne el país si la mayoría de los ciudadanos vota por ellos, si todos respetan la libertad y la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho, y la economía de libre empresa y mercado.  

Eso no significa que en Chile la política y las contiendas electorales sean aburridas. Allí también hay tensiones políticas y polarización ideológica, agresividad verbal y descalificaciones en los discursos. Pero al final decide el voto de los ciudadanos y la soberanía popular es respetada por los perdedores y por todos, como a una institución sagrada.  

Chile, desde que en 1990 recuperó la democracia ha tenido seis gobiernos alternativamente de centro, izquierda y derecha. La alternancia en el poder no ha puesto en peligro la democracia ni la ha debilitado. Más bien la ha fortalecido, de manera que cualquiera de los dos candidatos que gane la segunda vuelta electoral, que será el próximo 14 de diciembre, ya sea la comunista Jara o el derechista radical Kast, la democracia chilena seguirá su curso y se fortalecerá. 

Algo nuevo en la primera vuelta electoral del domingo pasado en Chile ha sido que por primera vez el voto fue obligatorio y hubo inscripción electoral automática. O sea que el ciudadano ya no tiene que registrarse previamente para tener derecho a votar. 

Si el voto se debe ejercer de manera voluntaria u obligatoria es un tema que se discute en todas partes. Mientras algunos países mantienen el principio de la voluntariedad, otros han optado por darle carácter obligatorio. En este caso se parte del criterio de que el voto es un derecho ciudadano, pero también una responsabilidad cívica. Y si la democracia es el gobierno del pueblo, entonces cada ciudadano tiene que ser responsable de la elección de sus representantes. 

Al contrario, el principal argumento en contra del voto obligatorio es que no respeta la libertad personal que es inherente a la democracia. Se considera que votar es una opción, no una obligación, y se agrega que un gobierno no es más legítimo, sino menos, cuando una parte de la participación electoral es contra la voluntad de los ciudadanos. 

Sin embargo, la obligatoriedad del voto parece ser necesaria, porque y cuando, se ha generalizado la indiferencia de mucha gente hacia los asuntos públicos, incluyendo la formación de los gobiernos. Lo que sin duda no es bueno para la salud de la democracia, que con todos sus defectos sigue siendo el mejor sistema político y de gobierno del mundo. 

Finalmente, debemos señalar que el admirable funcionamiento de la democracia en Chile se debe a la educación cívica y la cultura política del pueblo chileno y su clase política, que aprendieron muy bien las lecciones dolorosas de la dictadura. Algo que el pueblo y los políticos nicaragüenses no han podido hacer. 

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