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Detrás de cada pasarela de moda o belleza hay todo un mundo que los espectadores no ven. Ahí es donde permanece el nicaragüense Leonel Ayesta, un estilista y maquillista profesional que ha estado en grandes eventos a nivel internacional arreglando a las modelos que salen a lucir las prendas, vestidos y joyas de las marcas más famosas y lujosas del mundo.
Recientemente estuvo en Los Ángeles Fashion Week, uno de los eventos de moda de mayor importancia en el planeta. Antes estuvo en la semana de la moda de Milán y en la de París, otras dos pasarelas de gran prestigio.
Leonel no es ningún novato. Tiene casi 30 años en el mundo del estilismo y dio el salto a la moda porque esa siempre fue su verdadera meta desde que era un niño en la ciudad de León y, a como podía, seguía los certámenes de belleza mientras dibujaba vestidos en un cuaderno.

La situación del país lo llevó a migrar a Estados Unidos, pero siempre llevó su meta fija de convertirse en estilista. A sus 50 años ya ha cumplido con algunos de esos sueños, pero aún le falta uno que es trabajar con reinas de belleza nicaragüenses.
Ahora que Miss Universe Nicaragua está establecido en Miami cree que puede conseguirlo. Le encanta preparar a las mujeres y hacerlas lucir espectaculares en las pasarelas. “Es uno de mis sueños, trabajar con chicas nicaragüenses, y sé que lo voy a lograr”.
Vestidos en un cuaderno
Leonel Ayesta es originario de León. Toda su infancia la vivió en la Ciudad Universitaria, hasta que en 1989 su familia decidió enviarlo a Estados Unidos “por los problemas de la revolución y todo eso. Mis padres tuvieron que decirme: ´Ni modo hijo, o esto o es lo otro´”.
Primero se estableció en Los Ángeles con una tía y un año después de que llegara a esa ciudad migraron también sus tres hermanos menores junto con su padre. “Fue difícil para mí dejar a mis amigos y mi familia. Me tuve que ir solo en ese instante porque por la edad que yo tenía me podían llevar ya al Servicio Militar”, relata.
En Los Ángeles retomó sus estudios de secundaria, hasta que finalmente se graduó y tenía que decidirse por una carrera profesional. Él tenía claro que quería ser estilista, pero debía enfrentar el miedo que suponía decírselo a sus padres que no tenían bien vista esa profesión para un hijo varón.
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Cuando era un niño, en Nicaragua, Leonel recuerda que su padre le encontró unos dibujos de vestidos en un cuaderno. “Mi papá me regañó y me hizo tirarlo porque estaba dibujando vestidos de mujer y eso no es algo de niños”, cuenta.
Aquel episodio lo marcó por el resto de su juventud y lo hizo reprimirse a sí mismo, de manera que a los 18 años, cuando ya tenía claro a lo que quería dedicarse, pensó que su padre no lo apoyaría y que más bien lo rechazaría y reaccionaría de manera negativa. Sin embargo, un día el joven se llenó de valor y habló seriamente con su padre.
“Papá, esto es lo que yo quiero estudiar. Es lo que a mí me gusta y lo voy a hacer”, le dijo Leonel con determinación. Al terminar la conversación, para sorpresa del joven, su papá no se opuso y más bien lo apoyó para entrar a una escuela de belleza y cosmetología en donde dio inició a su carrera como estilista.
Además de estudiar, Leonel trabajaba lavando vehículos los fines de semana y así podía obtener un poco de dinero extra para sus gastos.
Tras el sueño de niño
Su interés por el maquillaje y el mundo de la moda nació cuando él tenía unos 5 años, recuerda. Fue entonces cuando vio por primera vez un concurso de Miss Universo. “Yo admiraba la belleza de la mujer y quería no solo vestir, sino maquillar, peinar y darle la imagen a una chica para sentirse fuerte, poderosa en un concurso de belleza o en un fashion show”, explica.
El pequeño Leonel fantaseaba con estar detrás del escenario en los camerinos vistiendo a aquellas mujeres y maquillando sus hermosos rostros. Cuando estaba en Nicaragua seguía estos eventos a como podía, pues no había muchas maneras de ver los certámenes de belleza y moda en el país.
Sin embargo, cuando llegó a Estados Unidos, Leonel descubrió que aquello era un universo mucho más grande de lo que él imaginaba. Se convirtió en un seguidor asiduo de los concursos de belleza y se propuso a sí mismo cumplir su sueño: ser el estilista profesional de aquellas mujeres.

Cuando entró a la escuela de belleza y cosmetología se sentía como un niño en juguetería. Aprendió lo necesario del mundo del estilismo y comenzó a trabajar como asistente en un salón de belleza. Se graduó de esa escuela a los 20 años.
Aunque salió como estilista, Leonel se especializó como maquillista tras una anécdota que vivió. Un día, una amiga de su hermana estaba a punto de casarse. Él era un invitado más a la boda, pero de pronto, el maquillista que había contratado la novia le canceló. “A ver, vamos. Te maquillo yo”, le dijo Leonel.
La novia quedó contenta con el maquillaje y pudo llegar a tiempo a su boda, mientras que Leonel se convenció a sí mismo de que maquillar debía ser su especialidad. “Esto es lo mío”, decía.
Poco a poco el joven se fue haciendo nombre como maquillista en Los Ángeles. Trabajó en tres salones diferentes, hasta que abrió el propio. Lo llamó Il Leone Hair Studio. “Tuve la suerte de trabajar con personas importantes que llegaban a mi salón. Llegué a peinar a Marisela y a María Conchita Alonso”, dice.
Su salón de belleza le dio estabilidad por 15 años y le abrió el camino para cumplir su sueño que era arreglar a las mujeres que participan en grandes eventos como Miss Universo. Se propuso entrar a esa industria y lo consiguió tocando puertas de conocidos del mundo de la moda.
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Primero estuvo en Miss Teen Universe, en California, peinando a las participantes y después lo empezaban a buscar a él personalmente para que las arreglara. En 2020 fue parte del staff de la joven que consiguió el tercer lugar en Miss Teen Universe.
Fashion en Italia
En 2024, Leonel se mudó a Nápoles, Italia. Se fue para allá porque su pareja es militar y fue enviado a cumplir misión en ese país. “Él podía escoger otros países, pero escogió Italia porque sabía que yo siempre había querido venir a Italia porque Italia es el mundo de la moda y es donde yo quería entrar”, relata.
Leonel cerró su salón en Los Ángeles y cruzó el Atlántico en busca de sus sueños. Con su experiencia, no le fue difícil encontrar un lugar para hacer lo que le apasiona. “Llegué e inmediatamente me contrataron en una empresa que es una academia de maquillaje. A los seis meses yo ya estaba en las pasarelas del Fashion Week de Milán”.
Leonel también ha participado en grandes eventos en Londres, además del Festival de Cine de Venecia. Sin embargo, lo más difícil para él ha sido el idioma porque al inicio no hablaba casi nada de italiano. Se apoyaba con el traductor de Google para comunicarse con las otras personas.

Ahora ya ha dejado atrás el traductor. Confiesa que no maneja el italiano por completo, pero sí lo entiende y él mismo se da a entender, además de que lo practica y estudia como parte de su adaptación en ese país.
Para él, su vida en Nápoles es un mundo completamente diferente. Dice que en Los Ángeles creció mucho profesionalmente, pero que en Italia “es donde quiero estar”. Le apasiona el ritmo de trabajo con modelos que solo tienen 20 minutos para arreglarse y cambiar de ropa o maquillaje.
Por ahora, Leonel se está preparando para algunos eventos que habrá en el final de año, además del Festival de Cine de Cannes, en el que ya le confirmaron que será parte del staff de maquillistas de las estrellas que llegarán.
En Italia también está estudiando Moda y aspira a convertirse en diseñador de imagen. “Quiero ser un diseñador completo y tener mi propia marca”, detalla.
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