Bayardo Morales, a la izquierda, tenía prohibido acercarse en un radio de 500 metros a su esposa Julissa Montoya, a quien se observa a la derecha junto a su hija del mismo nombre, quien también fue asesinada por su padre. LA PRENSA/ ARTE

Bayardo Morales, a la izquierda, tenía prohibido acercarse en un radio de 500 metros a su esposa Julissa Montoya, a quien se observa a la derecha junto a su hija del mismo nombre, quien también fue asesinada por su padre. LA PRENSA/ ARTE

Crónica de un femicidio: «Me llevo a mi hija y me llevo a mi esposa»

Bayardo Morales fue denunciado por su esposa y encarcelado. Un juez lo liberó. Volvió para matarla, asesinó también a su hija, luego grabó un video y se suicidó.

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Julissa Asunción Montoya Chavarría pasó triste los últimos días de su vida, pero ni sus familiares ni sus amistades se percataron de ello o no le prestaron la debida atención, sino hasta después de que ella fue asesinada por su esposo, Bayardo Jesús Morales Osorio, quien también mató a la hija de ambos, una adolescente de 13 años.

Eran constantes los videos que Montoya publicaba en la red social Tik Tok y en muchos de ellos cantaba alabanzas a Dios, al tiempo que le rodaban lágrimas por las mejillas. Ahora que ven los videos con mayor detenimiento, sus amistades comentan que Montoya estaba sufriendo.

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Se trataba de una mujer que visitaba una iglesia evangélica en su barrio, Villa Reconciliación, en Managua, y siempre estaba dispuesta a dar consejos a los demás, basándose sobre el Evangelio.

Era una mujer trabajadora, dedicada al comercio. Había trabajado en el mercado Oriental y, en sus últimos días, se dedicaba a regar productos en una bicicleta en su barrio. Antes, también había trabajado en la Zona Franca Las Mercedes y en una avícola.

A los 47 años, había procreado tres hijos con dos compañeros de vida. Dos con el primero y una con el segundo, el que la mató. Sin embargo, algunos creían que solo tenía una hija, porque sus dos hijos mayores están en el extranjero. Incluso, por esa razón no logró conocer en persona a una nieta.

A pesar de la tristeza que se le veía, quienes la conocieron dicen que luchaba y hasta intentaba rehacer su vida con una tercera pareja.

Pudo haber varias razones para que ella estuviera sufriendo en sus últimos días, pero una de ellas es seguramente el acoso y la violencia al que la tenía sometida su segundo esposo, Bayardo Morales.

En enero de este año 2025, cansada de los malos tratos que él le daba, incluida una situación de alcoholismo, lo denunció por amenazas de muerte.

Julissa Montoya tenía 47 años de edad y era comerciante. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
Julissa Montoya tenía 47 años y era comerciante. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

A Morales lo encarcelaron y estuvo varios días en la cárcel La Modelo de Tipitapa. De haber concluido el juicio que se le empezó, pudo haber sido condenado a cinco años de prisión, lo máximo para el delito de amenazas en el Código Penal. No habría podido ir el 22 de junio pasado a la casa de Montoya, para matarla a ella y a la hija de ambos, para luego quitarse la vida por ahorcamiento.

Sin embargo, la Fiscalía impulsó un acuerdo, sobre la base de algo que en la justicia se le llama “principio de oportunidad”, para que Morales ya no fuera procesado, comprometiéndose a ciertas obligaciones como no acercarse a la víctima.

Montoya aceptó el acuerdo y Morales fue liberado el 3 de febrero pasado por orden del juez Cuarto de Distrito Especializado en Violencia de Managua, Harold Javier Leal Elías.

Un hombre violento

Bayardo Jesús Morales Osorio nació hace 43 años en León, pero desde hace varios vivía en Managua. Su familia tiene casa en el barrio Laureles Sur.

Era un hombre de baja estatura, 1.60 metros, ojos cafés. No sabía leer ni escribir y trabajaba cargando y descargando camiones en algunos mercados de Managua, incluido el Oriental, lo que indica que es posible que se haya conocido con Montoya en ese centro comercial.

Ambos se conocieron aproximadamente en el año 2010, después de que ella se separó del padre de sus dos primeros hijos, Humberto Ricardo Zamora Obando, porque también la maltrataba.

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En el año 2006, Montoya acusó en los juzgados de Managua a Zamora porque la había golpeado. Sin embargo, a como ocurrió después con Morales, Montoya también estuvo de acuerdo en hacer una mediación para que Zamora no fuera procesado.

Bayardo Morales colocó a su esposa y a su hija en una cama tras matarles. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
Bayardo Morales colocó a su esposa y a su hija en una cama tras matarles. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Al principio, las cosas iban bien entre Morales y Montoya, quienes se casaron y tuvieron una hija. Pero luego, según los testimonios de amistades y vecinos, Montoya sufrió la violencia de Morales.

Según la valoración que le hizo una psicóloga a Morales, este último tenía una actitud negativa y violenta contra “niños, niñas, adolescentes y mujeres”, además de que no tenía un “trato igualitario” para con estos segmentos. El diagnóstico agregó que no tenía una “masculinidad sana”.

Morales no aceptaba esos señalamientos. En un video que grabó después de matar a Montoya y a la hija de ambos, y antes de ahorcarse, indicó que amaba a su esposa y por eso se había casado con ella. Que también amaba a su hija. Que siempre les había dado todo y no les había faltado nada.

La oportunidad

El 21 de junio pasado, sábado, cuando había una fiesta cerca de la casa de Montoya, Morales no debió haber llegado a dicha vivienda.

Para librarse de la cárcel en enero de este año 2025, cuando fue acusado por Montoya de intimidación y amenazas en contra de ella, él se había comprometido ante el juez Leal que no se iba a acercar a Montoya en “un radio de 500 metros”.

Igualmente, estaba obligado a salir de la casa de Montoya y no tener ningún tipo de comunicación vía teléfono con ella y, además, se iba a someter a terapias psicológicas para cambiar la “conducta violenta”.

Era un “régimen de prueba”, le llaman los judiciales, que debía durar ocho meses y finalizaría en septiembre pasado.

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En vez de cumplir con eso, desde que salió de la cárcel, Morales se dedicó a buscar cómo Montoya lo aceptara de nuevo en la casa y así empezó a frecuentar otra vez el hogar.

“Tengo cinco meses de estarle suplicando a mi esposa que esté conmigo. Si yo estaba bebiendo, ella me humillaba”, dijo en el video que grabó el día del crimen.

Morales supo que Montoya había iniciado una relación con otro hombre, identificado por el mismo Morales como David Isaac Marenco Morales. “Todos los días se iba para donde ese hombre, todos los días, a gastar sus rialitos con ese delincuente y en la noche estaba conmigo. En el día con él y en la noche conmigo”, agregó en el video.

Los vecinos de Montoya lo que explican es que ella ya no quería nada con él. “El hombre ya había estado preso y desde hace días visitaba a la mujer. Ella ya no quería absolutamente nada con él”, dijo una vecina al canal televisivo oficialista TN8 el día de los hechos.

El crimen

Morales, cuando vio que Montoya realmente no quería nada con él, finalmente las mató a ella y a la hija de ambos. Se presume que las asfixió.

A Montoya la mató a las 5:00 de la mañana del domingo 22 de junio pasado, según narró en el video. Luego, entre las 5:30 y las 6:20 de la mañana, estuvo conversando con su hija.

“A las 5:00 de la mañana le quité la vida a la Julissa porque me terminó y me dijo que me fuera a la verga. Si no me iba, me iba a meter preso. Después vine a platicar una hora con mi hija, como a las 6:20. Una hora platiqué con ella, desde las 5:30 hasta las 6:20. Igual mi hija estaba llorando conmigo y yo le dije que no la podía dejar en este mundo. No la podía dejar a mi hija, la amo”, explicó Morales.

No se sabe con exactitud a qué hora mató a su hija, pero está claro que fue después de las 6:20 de la mañana.

Cuando ya las había matado a ambas, se colocó una soga amarilla en el cuello y empezó a grabar el video. Por momentos enfocaba a las dos mujeres inertes en una cama, cobijadas. En otros momentos, mostraba detalles de la casa y luego se enfocó a sí mismo.

Antes de ahorcarse, pidió perdón a su familia y a la de Montoya, especialmente a los dos hijos mayores de ella y también dijo: “Me llevo a mi hija y me llevo a mi esposa. Y se van conmigo donde Dios quiera que vayamos… No le voy a dejar a ese delincuente a mi esposa, no se la voy a dejar nunca. Cómo lo lamento, cómo lo lamento”.

El sepelio de Julissa Montoya y su hija. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES
El sepelio de Julissa Montoya y su hija. LA PRENSA/ TOMADA DE REDES SOCIALES

Por las muertes no hubo acusación porque Morales, como único hechor, había muerto. Sin embargo, la otra acusación, por intimidación y amenazas contra Montoya, aún está abierta porque se suponía que él estaba a prueba por ocho meses.

El juez Harold Leal escuchó, como casi todo el país, la noticia por el femicidio de Montoya, el parricidio de la hija y finalmente el suicidio de Morales. Sin embargo, el judicial no puede cerrar el caso mientras no tenga en su poder el certificado de defunción de Morales.

En agosto pasado, el juez Leal mandó a pedir ese documento al Consejo Supremo Electoral (CSE), sin embargo, hasta la fecha, ese poder del Estado no se pronuncia. La causa sigue abierta.

La Prensa Domingo Femicidio archivo

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