¿Ningún aplazado?

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¡Qué maravillas las de la educación nicaragüense bajo los Murillo-Ortega! Ahora los alumnos son tan buenos que todos aprueban. La dictadora y su consorte ordenaron un día a los docentes: no más aplazados. Y se hizo el milagro. Ya nadie reprueba. Ya nadie repite. Es como un eco del Génesis: “Hágase la luz, y la luz fue”. Nada más que ahora fue oscuridad. Porque si ya desde antes, la calidad de nuestra educación estaba entre las más bajas del planeta —el 79 por ciento de los egresados de primaria no comprenden lo que leen— ahora podrá aspirar al trofeo del último puesto.

El marasmo educativo es algo que hay que enfatizar. Porque muchos están convencidos que la actual dictadura ha sido la peor de nuestra historia en aspectos como crímenes de lesa humanidad, corrupción, destrucción de la institucionalidad, desprecio por las leyes y otras falencias. Pero no son muchos los que conocen la magnitud del daño que los dictadores han hecho a la educación y, de rebote, a nuestra niñez y juventud.

La siniestra y dañina medida de aprobar indiscriminadamente es una muestra elocuente de la estupidez con que se maneja el sistema. Pero sólo es la punta del iceberg. Porque han suspendido además las evaluaciones periódicas de la calidad, sustituido la educación cívica por la propaganda partidista, convertido a los docentes —ahora sin derecho al subsidio— en peones del esfuerzo adoctrinador, expulsado a los mejores catedráticos, destruido instituciones de calidad, como la UCA, centralizado todas las decisiones educativas en manos de la cúpula estatal y, otra vez, mucho más. Ahora tendremos egresados de primaria incapaces de leer, bachilleres incapaces de escribir, economistas incapaces de hacer una regla de tres.

El nuevo gobierno tendrá pues la tarea monumental de rescatar a nuestra juventud de las garras de semejante mediocridad y devolver a la educación su función fundamental: formar ciudadanos virtuosos, pensantes y competentes. Hemos dicho que para lograrlo serán indispensables más ingresos, mejores contenidos y profundas reformas. A manera de resumen, y para concluir esta serie sobre la educación, hemos propuesto:

  1. Subir el porcentaje del gasto educativo del 4.01 por ciento actual del PIB, al 7 sugerido por la Unesco.
  2. Asignar a la educación en general el 20 por ciento del presupuesto nacional en sustitución de las asignaciones sectoriales, como el seis por ciento que ahora se dedica a la educación superior.
  3. Establecer mediciones periódicas del aprendizaje y mejorar los salarios docentes premiando el mejor desempeño.
  4. Hacer uso masivo de las tecnologías modernas de educación a distancia o digital para paliar las deficiencias docentes.
  5. En vez de dar los dineros del presupuesto al Ministerio de Educación o al CNU, dárselo a los estudiantes a través del sistema de váuchers, o bonos estudiantiles.
  6. Restaurar la autonomía escolar o escuelas charter, manejadas como instituciones privadas independientes del estado y con aranceles que serían sufragados por los váuchers o bonos.
  7. Introducir en las escuelas formación religiosa de acuerdo con las preferencias de los progenitores, la transmisión de virtudes, la educación para la familia o el matrimonio, y la conciencia cívica, con particular atención al amor y defensa de los valores democráticos.

Cada una de estas propuestas exigirá desarrollar medidas concretas que permitan ejecutarlas. Pero sin esperar demasiado. El colapso de la dictadura, facilitado por el harakiri político que practica la dictadora, el cambiante entorno internacional y otros factores, puede ser más pronto que lo esperado. Habrá pues que estar listos con bien pensados planes de gobierno que enseñen la ruta para restaurar la República y devuelvan la esperanza a nuestro pueblo.

El autor es sociólogo, exministro de Educación.

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