Como en el pasado

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Cuando le dispararon a Miguel Uribe me encontraba en Colombia. Me sorprendió que quien disparó fue un chico de 14 años, pero a los colombianos les recordó el pasado. “Así era antes que contrataban niños para que el castigo fuera menor”, me decía un señor de un uber, otro me comentó “estamos como en el pasado que lo políticos se matan entre ellos”.

En ese momento me di cuenta que, con el atentado, Colombia estaba “como en el pasado”, que los procesos de paz, que las acciones para promover el turismo habían quedado de lado para dar paso, una vez más, a la violencia que se toma todo por la fuerza sin importar el costo.

El colombiano respira el pasado hasta en las decisiones más básicas. Una amiga y colega me decía que Medellín tiene metro, pero va por arriba por miedo a que Pablo Escobar pusiera una bomba en el subterráneo, habría sido una catástrofe. Eso hablando de la discusión de por qué se tardó en empezar la construcción del metro de Bogotá, que finalmente va por arriba, al menos ya se le ven columnas.

En abril de 1948 en lo que se llamó el Bogotazo, que desencadenó un período nombrado justo así “La Violencia”, Jorge Eliécer Gaitán salía de su oficina el 9 de abril de ese año para ir a almorzar con colegas y amigos, cuando fue víctima de varios balazos. Se desataron disturbios, el centro de Bogotá quedo semidestruido, se dieron levantamientos en diferentes provincias y miles de muertos.

Con lo de Miguel Uribe también vino a los recuerdos de los colombianos el asesinato de Luis Carlos Galán, político líder del Nuevo Liberalismo, poco antes de iniciar un discurso el 18 de agosto de 1989 en Soacha, Cundinamarca.

Los pueblos deben de cuidarse de no vivir en el pasado y no querer vivir en él. Colombia tiene fantasmas del pasado violentos, a los que solo podemos identificar con los recuerdos, mientras que Cuba, Venezuela y Nicaragua tienen fantasmas del pasado con rostros muy reconocibles, a esos que, quienes lo vivimos, lo relacionamos.

Recuerdo mi infancia con episodios de escasez, de miedo a la guerra, de historias donde se cortaba el café fusil en mano, de niños y niñas que no sabían si mamá y papá regresarían.

Nicaragua vivió la guerra, pero si nos damos cuenta que vivió el temor de un país en crisis de familias separadas por la violencia, de un conflicto interno donde de forma inhumana se pone a pelear pueblo contra pueblo, entonces es fácil pensar que también vivimos como en el pasado.

A Miguel Uribe Turbay, senador y precandidato a la Presidencia de Colombia, le dispararon el 7 de junio, falleció el pasado lunes 11 de agosto. Una agonía larga para una familia, para un país, para concluir que el pasado estaba de regreso.

A los nicaragüenses los venía golpeando el pasado, les dispararon en abril de 2018 y la agonía continúa, pero desde hace mucho nos dimos cuenta que el temor, que la violencia, que la gente sin escrúpulos por mantenerse en el poder estaba de vuelta.

Actualmente Colombia se caracteriza por la división de estratos sociales, dime en qué estrato social vives y te diré quién eres; en Nicaragua la separación es más por dime si le eres fiel a los copresidentes y te diré quién eres.

No quiero cerrar con un escenario pesimista así que recurriré al secreto que en medio de la escasez me dio una infancia feliz. Mi familia y la educación. Mantengamos firmes esos pilares y lograremos preparar a las siguientes generaciones para que reconozcan el pasado que quiere volver o el presente que ya no quieren vivir.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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