SOLO PARA SUSCRIPTORES.
Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Nicaragua Nicaragüita nació en 1980. Carlos Arturo Mejía Godoy tenía poco de haber regresado del exilio y Nicaragua vivía una etapa de cambios con la Revolución Sandinista de 1979.
“Ese año Luis Enrique y yo presentamos la Cantata a Sandino y la idea de esta mazurca me nació de la manera más espontánea. Veía un documental donde aparecía la panorámica de un campo en cuyo fondo ondeaba el perfil de las montañas. La cámara se detuvo en la figura de un campesino de espaldas que, machete en mano, hacía una ronda”, recuerda.
“De pronto la cámara empezó a acercarse lentamente hasta que quedó la figura del personaje y el sudor perlando toda su espalda desnuda. Súbitamente, el hombre detuvo la chapoda, se quitó el sombrero y con el brazo se secó la frente. Siempre de espaldas el campesino parece tomar aire y en ese preciso instante, me imaginé que decía, como en un susurro: ‘¡Ay Nicaragua Nicaragüita!’”, recuerda.
A partir de ese momento, Carlos corrió a buscar lápiz y papel. Ya conocía el proceso creativo a partir de una idea y supo que algo había nacido.
“La melodía, aún sin texto, ya no me dejó en paz. Fue como una onda envolvente que me obligó a sentarme en el piano y a tratar de componer el tema, sin ánimo de estructurar una canción, sino un fraseo. Lo que se llama el leitmotiv, que es el embrión de un ‘corpus musical’, que puede cerrarse o evoluciona hasta convertirse en tema”, narra Carlos, haciendo pausas de voz.
Lea además: Del fusil al violonchelo: historia de un nicaragüense en la orquesta sinfónica de Guayaquil
Testigo de un parto creativo
El 16 de junio de este 2025, Luis Enrique Mejía Godoy subió al púlpito de la nave principal del templo Votivo del Sagrado Corazón de Jesús, en San José, Costa Rica.
Guitarra en mano, y solemne ante el féretro cubierto con la bandera azul y blanco, Luis Enrique cerraba aquella misa de cuerpo presente de la expresidenta de Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro, la primera y única mujer electa por el voto popular en elecciones limpias y transparentes.
Esa vez entonó, entre algunas canciones más, una sentida versión de Nicaragua, Nicaragüita…
“Yo sólo fui testigo de ese parto”, admite Luis Enrique, al reconocer la autoría y genio de su hermano Carlos, en la composición de la canción que este año cumple 45 años de sonar por Nicaragua y el mundo.
Luis Enrique recuerda que Carlos grabó la canción con Los de Palacagüina en 1980 y así comenzó a sonar como sencillo.
Pero luego, en 1981, ambos hermanos trabajaron en el disco Canto Épico, obra que narraba la historia del país y de otros símbolos y referentes populares y culturales de Nicaragua. Ahí incluyeron la canción junto a 34 temas más.
El álbum se grabó en Publiservicios S.A., México Distrito Federal, en 1982 y una segunda versión en 1984, dentro del género de La Nueva Canción o Canción Testimonial.
Luis Enrique dice que con los años el título Nicaragua Nicaragüita se abrevió en La Nicaragüita y aunque desde original ha sido de tres estrofas, el pueblo en su mayoría conoce la estrofa inicial: “Ay Nicaragua Nicaragüita, la flor más linda de mi querer…”.
Por supuesto que el tema forma parte del repertorio internacional de Luis Enrique, hermano dos años menor que Carlos. Y la ha cantado por todo el mundo con una modificación a la versión original: en vez de decir “pero ahora que ya sos libre, yo te quiero mucho más”, él canta “pero ahora que serás libre yo te querré mucho más…”.
“Lo único que podría agregar es que, aunque fue una canción que nació en el contexto de la Revolución en 1980, se convirtió, después de 1990, en una canción patriótica que fue adquiriendo mayor trascendencia en la reciente historia de Nicaragua y con más fuerza después de la rebelión de abril de 2018”, dice Luis Enrique.

La letra de la canción
Carlos Mejía, quien ya tiene 82 años, no quiere guardar nada en la memoria. Quiere contarlo todo. Y por ello pide una pausa tras un subidón de presión alta, para luego contar la historia de la letra.
Oigámoslo de su propia voz.
«Todo comenzó cuando escribí el primer verso: ‘Ay, Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer’. ¿Por qué digo ‘la flor’? ¿Por qué incorporo ese elemento en la letra?
«Resulta que yo había leído en la obra del doctor Enrique Peña Hernández El Folklor de Nicaragua, y también en un texto del profesor Carlos A. Bravo de Granada, sobre las variedades del sacuanjoche, nuestra flor nacional.
«Ahí descubrí algo que no sabía: una de esas variedades se llama precisamente ‘nicaragüita’. Así aparece en un texto que se titula La Flor Escogida.
«Con el tiempo, le pregunté a personas que saben de botánica y me dijeron que la nicaragüita no es blanca ni amarilla, sino que tiene un tono como fucsia, con un centro amarillo visible en la corola. Ese detalle me encantó.
«Además, como soy muy curioso con todo lo relacionado a la identidad nacional, me encontré en el libro Recolección a Mediodía, del poeta Ernesto Mejía Sánchez, un poema titulado La Nicaragua.
«En ese texto, Ernesto cuenta que su amigo Andrés Hinestroza, un mexicano experto en lenguas zapotecas, lo llama un día por teléfono y le dice que descubrió que hay una flor llamada Nicaragua. Esto lo supo a través de un naturalista, no sé si francés o español, que, al no recordar el nombre del sacuanjoche, le puso provisionalmente ‘la Nicaragua’, pero luego se le olvidó reclasificarlo y así se registró.
«Eso reafirma lo que yo ya había investigado: que una variedad del sacuanjoche se llama ‘nicaragüita’.
«Con esa base, empecé a desarrollar el texto: “Abonada con la bendita sangre de Diriangén”. Eso sin menospreciar la figura del cacique Nicarao, claro está. Pero Diriangén es el que no sólo recibe a los españoles, sino el que luego los enfrenta como parte de la resistencia indígena.
«Más adelante escribí: ‘Ay Nicaragua son más dulcita que la mielita de tamagás'».

DOMINGO: ¿Y de dónde sale la miel de tamagás?
De nuestra deidad primigenia que es Tamagastad, quien según la mitología náhuatl, es el padre de la creación, el Dios dador; eso lo aprendimos en la escuela junto con Cipaltonal, la diosa madre, compañera de Tamagastad, protectora de lo humano. Así que yo infiero que la miel de tamagás es la miel de los dioses, como la ambrosía en la mitología grecolatina.
DOMINGO: Luego viene de corrido el resto de la letra…
No. Luego viene la frase “pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más”. Eso era todo lo que existía en ese momento. Incluso, en algún momento tuve la tentación de escribirle una segunda parte con otra música, como un coro, tomando esa primera estrofa como base.
Pero luego pensé: “No, no, mejor dejarla con esa simplicidad y brevedad, tanto en letra como en música”. Y así quedó.
DOMINGO: ¿Qué pensaba cuando escribía la letra y la tonada?
Cuando uno escribe canciones, uno no lo hace pensando en que van a tener gran impacto. Muchos de nosotros, los que componemos, escribimos primero para nosotros mismos, como un acto íntimo, y luego ya veremos qué pasa. Eso fue lo que pasó con la Nicaragüita.
Yo la describo en una prosa como una chavalita que empieza a gatear, luego da sus primeros pasos y, aunque al inicio se queda en Nicaragua, inevitablemente cruza fronteras y se va conociendo en países cercanos, como Costa Rica.
Grabé la canción con Los de Palacagüina en 1980 y comenzó a circular. Pero luego, en 1981, Luis Enrique y yo comenzamos a trabajar en el Canto Épico y ahí incluimos a la Nicaragüita como parte de una anécdota sobre una declaración de Sandino a Nicaragua.
Para eso, me basé en una anécdota que escribió el poeta Salomón de la Selva sobre la amistad entre Sandino y el general José María Moncada.
Según esa historia, Sandino luchaba al lado de Moncada durante la Guerra Constitucionalista. Después de una victoria militar, que rescata a Moncada casi de la derrota, Sandino entra con Moncada en una covacha, en una tarde lluviosa, porque el general le dice que lo va a premiar. Moncada, queriendo quedar bien, manda a traer a una muchacha adolescente, envuelta en una frazada y con el pelo mojado.
Y Sandino, molesto porque esperaba una medalla de honor de guerra, le dice: “General, con todo respeto, esta muchachita no es suya ni mía… esta niña debe ser como Nicaragua, libre y respetada”.
Salomón de la Selva termina diciendo que Sandino se monta en su mula y se pierde en la noche de la selva nicaragüense.
Esa escena la tomé e incorporé al Canto Épico, en un pasaje que se llama El Rapto y que evoca los viejos tiempos en que nuestros padres se juntaban:
“¿Quién es esa muchacha
que lleva el guerrillero
en el anca segura
de su caballo prieto?
¿Quién es esa chavala alegre y querendona,
como una palomita,
como una gongolona…?”
Lea también: Luis Enrique Mejía Godoy: «80 años no son chiche, y 60 años de trajín tampoco»
DOMINGO: Volvamos a Nicaragua Nicaragüita. En la primera versión que circula en Youtube, de los años 80, en plaza pública, usted comienza la canción con la estrofa: “Ay Nicaragua Nicaragüita, la flor más linda de mi querer…”
Así fue, pero luego nace una versión más completa de la Nicaragüita, con dos estrofas adicionales, todas con la misma música, sin necesidad de un coro tradicional. Te la canto así:
Primera estrofa:
“¡Ay, Nicaragua, Nicaragüita!
Recibe como prenda de amor
este ramo de siemprevivas y jilinjoches
que hoy florecen para vos.
Cuando yo beso tu frente pura,
beso las perlas de tu sudor,
más dulcita que la frutita del tigüilote
y el jocote tronador”.
Luego le meto la segunda estrofa:
“¡Ay, Nicaragua, Nicaragüita!
Mi cogollito de pijibay.
Mi pasión se enterró en el surco de tu querencia
como un granito de maíz.
Es tu saliva alaste y dulcita
como la savia del marañón,
que restaña con alegría todos los días
mi rebelde corazón”.
Y la tercera estrofa, que terminó siendo como un coro:
“¡Ay, Nicaragua, Nicaragüita!
La flor más linda de mi querer,
abonada con la bendita, Nicaragüita, sangre de Diriangén…»




La canción de los nicas
Al igual que Luis Enrique Mejía, la canción Nicaragua Nicaragüita forma parte del repertorio de otros artistas nicaragüenses en el extranjero. Una de ellas es Katia Cardenal.
“Nicaragua Nicaragüita ha ido calando el corazón de los nicas, sin importar culto y bandera; desde que salió a la luz es una canción que llega al alma, su lenguaje sencillo, lleno de color, nos pinta los sabores y los olores de nuestro país y nos acuna, nos abona a esa cabanga eterna que vive en nosotros, por ese sueño de tener una Nicaragua unida, pacífica y querendona”, dice desde Noruega.
Katia Cardenal admite que la melodía superó su inicial origen épica para evolucionar folclórica “y con su ternura nos arrastra con ella hasta el llanto, a veces de alegría a veces de tristeza, a veces de orgullo, a veces de lamento”.
Cada nica —dice Cardenal— la interpreta a su modo y encuentra en ella referencias de su vida. A ella la conmueve este verso: “Recibe como prenda de amor este ramo de siempre vivas y jilinjoches que hoy florecen para vos”.
“Lo que a mí más me llega de la canción es la imagen del jilinjoche, una flor poco común, que siempre ha adornado el jardín de la casa de mis padres y ahora que estoy lejos, sueño con verla estallar en mi patio al caer la noche para hacer su danza nocturna junto a las luciérnagas bajo la luna, con su centenar de pistilos rosados peinados por el viento de verano”.
Cardenal narra que una vez, hace 18 años, ella le pidió permiso a Carlos Mejía para grabar La misa campesina. Vino entonces Carlos y le pidió que incluyera una versión de Nicaragua, Nicaragüita, grabada con su propia voz para que más gente la oyera en Europa.
“No dudé ni un instante en decirle que sí. El álbum salió en el 2008 junto al coro SKRUK de Noruega, en los dos idiomas. Ese regalo lo llevo conmigo y me siento feliz de que me lo pidiera y de haber podido grabarla”, narra Cardenal.

En Alemania del Este
La melodía de la canción se ha tocado en conciertos de Europa, junto a otras obras clásicas de Beethoven, Bach, Brahms y Heintz. Como no podía ser de otro modo, gracias a músicos nicaragüenses dispersos en esa parte del mundo.
En 1985, cuando Rodrigo Grijalva era un estudiante de música en la Alemania del Este, durante la Guerra Fría, solía tocar con su violonchelo los acordes de la popular canción de Carlos Mejía Godoy.
Ahora, desde Ecuador, donde vive desde hace varias décadas, Grijalva recuerda que lo tocaba no sólo como ejercicio musical, sino también como terapia de consuelo ante los recuerdos y nostalgia por su país.
“La he escuchado y tocado desde los años 80, desde la primera vez que salí de Nicaragua. En ese entonces, teníamos un grupo en Alemania y tocábamos en varios festivales. Nicaragua, Nicaragüita siempre estaba en el repertorio, y a todos nos evocaba un sentimiento profundo de nuestra patria, de nuestra tierra allá lejana”, dice.
Grijalva, violonchelista de orquestas sinfónicas en Ecuador y Europa, asegura que cuando da algún recital por lo general trata de cerrar con un pequeño fragmento de Nicaragua, Nicaragüita.
“Siempre explico lo mismo: esta canción nostálgica es como nuestro segundo Himno Nacional. Siempre la toco con un sentimiento especial y la audiencia la escucha con respeto”, dice.
Para él, que no es cantante, Nicaragua, Nicaragüita tiene una tonadita sencilla, con una melodía muy pegajosa, que atrae a tararear a cualquiera.
“Luego esa melodía se transforma en una mazurquita nica. La mazurca es originalmente un género polaco, pero en Nicaragua se adaptó a nuestra propia esencia y esta canción tiene esa característica, una mazurquita nica, tal como yo la percibo”, explica.
“La tonalidad comienza en Sol mayor y luego modula a La mayor. Carlos Mejía la cantaba originalmente con el grupo Palacagüina, usando guitarras, acordeón y a veces marimba. Hoy en día, existen muchos arreglos diferentes de esa canción, ya que es muy conocida a nivel mundial y la he oído en conciertos con todos los instrumentos clásicos y los modernos”, dice.
Una canción “pateperro”
Carlos Mejía también la ha oído en muchas versiones y por todo el mundo.
“La Nicaragüita es esa niña pateperro que logró cruzar fronteras y llegar incluso al otro lado del mar. En España y otros países de Europa se ha hecho conocida. Me siento orgulloso de esta canción, pero siempre insisto: el verdadero valor se lo doy al pueblo de Nicaragua, que la hizo suya”, cuenta Carlos.
El autor narra que la ha escuchado en muchas versiones: “En arpa, gaita, flauta traversa, flauta dulce, quena del altiplano, mandolina, violín, y hasta en un órgano tubular cuando entré a la Catedral de Burgos, en España. Un hombre que supo que yo estaba ahí me regaló esa versión, aunque no conservo grabación”.
Entre las versiones más especiales para él, está una que grabó el músico costarricense Dionisio Cabal, con un grupo de artistas ticos con una variedad de ritmos, voces e instrumentos: cello, guitarra acústica, guitarra eléctrica, saxofón, charango, acordeón, bajo eléctrico, trompeta, teclado, percusión, flauta…
“Ya estaba otra vez yo en el exilio. Creo que mi último exilio”, dice con congoja.

“Otra versión fue hecha por el grupo Editus, ese que ganó un Grammy en un proyecto con Rubén Blades, el autor de Pedro Navaja. También está la interpretación de tres tenores de Costa Rica, representando a los tres tenores famosos: Plácido Domingo, José Carreras y Pavarotti”, sigue narrando emocionado.
“Y hay una versión del grupo Consorcio, formado por exmiembros del mítico grupo Mocedades. ¡Y no paro de contar! Pero no me acuerdo de todas…”, dice entusiasmado.
Sin embargo, confiesa que de todas las versiones que ha oído, la que más le generó satisfacción y orgullo fue una campesina del municipio de Totogalpa, departamento de Madriz.
“Reunió a sus cuatro chavalos y la cantó enterita sin perder una sílaba. Yo me emocioné hasta las lágrimas”, relata.
“Luego pensé: ‘Este es un regalo no sólo para mí, sino para el pueblo de Nicaragua, que con su historia y su dignidad generó este fenómeno: una canción sencilla, humilde y silvestre que voló y seguirá volando, mientras el nombre de Nicaragua siga sonando en el mundo’”.
SOLO PARA SUSCRIPTORES.