¿Netanyahu contra el mundo?

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Los últimos acontecimientos ocurridos en la guerra asimétrica que libra el Estado de Israel contra el grupo terrorista Hamás, aparte de los bombardeos diarios del ejército israelí en la franja de Gaza, donde diario mueren cientos de ciudadanos gazatíes, han planteado al mundo la pregunta que da título a esta columna. Parece que la narrativa la está ganando Hamás, que presenta en todo el mundo a través de los medios de prensa, radio, televisión, redes sociales etc., como víctima de un genocidio del pueblo palestino.

Es cierto que Israel posee una Fuerzas de Defensa de las más avanzadas y apertrechadas en todo el Medio Oriente y un servicio de inteligencia calificado, si no como el mejor del mundo, el más próximo al de la primera potencia mundial con la CIA, que según los analistas de estas cuestiones ocupa el primer lugar. También es cierto que goza de un aliado que cualquiera quisiera tenerlo, los EE.UU. con el gobierno Trump a la cabeza.

Esto hace a Israel más fuerte en su lucha contra Hamás y sus alianzas en el Líbano, Siria y sobre todo Irán que fue quien preparó punto por punto el asalto a los colonos judíos en las cercanías de su frontera el 7 de octubre de 2023, en el que murieron 1,200 personas y fueron secuestrados 281 rehenes de los cuales no sabe a la fecha a ciencia cierta cuántos quedan vivos.

Los hamatíes, visiblemente han desaparecido, pero quedan muchos invisible no sólo en la cadena de túneles subterráneos que horadaron en Gaza y que es donde tienen a los secuestrados vivos, sino también se han trasladado a otros países de la región.

Las oleadas de incursiones armadas de las FDI por tierra, mar y aire, han devastado la Franja en las ciudades que la componían bajo la autoridad de Hamás, tratando de liberar a sus rehenes y defender su integridad territorial y geopolítica. Los medios que los respaldan hablan de crímenes de lesa humanidad, incluso han presentado una demanda ante el Tribunal de Justicia de La Haya y que ha dictado una orden de detención internacional contra Netanyahu y otros altos funcionarios israelíes, que hasta la fecha no ha tenido resultado alguno.

En Europa, que a pesar de acusar a Israel de genocidio no han reconocido a los palestinos como una nación, pues no tienen los elementos necesarios que precisan para ser reconocidos como Estado, y buena prueba de ello es que sólo lo han reconocido como Estado, España, Irlanda y Noruega, quienes lo reconocieron simultáneamente en mayo de 2024. Otro grupo de países del Este de Europa han reconocido a Palestina como Estado entre estos Hungría, Polonia, Rumania, República Checa, Eslovaquia, Bulgaria, Suecia, Chipre y Malta, dentro de la fórmula de dos Estados, Israel y Palestina, que incluso EE.UU. ha adoptado esa postura, dentro de un acuerdo negociado de paz negociados entre Israel y Palestina. Pero esa postura parece estar todavía muy lejos ya que el enfrentamiento entre ambos es radical.

No olvidemos también, y se repite hasta la saciedad, que Israel es en la zona el único país democrático con división de poderes, gobierno, justicia, democracia, alternancia en el poder, y un sistema de check and balance al estilo de los países más avanzados de Europa Occidental, EE.UU., en la actualidad, aun viviendo un estado de guerra desde su fundación en 1948 por el tratado Balfour que la independizó de la entonces potencia de Inglaterra.

No podemos tampoco olvidar que Israel es una de las potencias nucleares existentes en el mundo junto con EE.UU., Rusia, China, India, Pakistán, Francia y Reino Unido, y que el ataque a Irán fue debido precisamente para evitar que consiguiera el carácter de potencia nuclear del que ha estado cerca. Israel ha utilizado su potencia aérea, misilera y la ayuda de EE.UU. que utilizó su poderosa bomba en la llamada Operación Martillo de Medianoche, atacando con la bomba GBU-57/B desde el aire y submarinos que destruyeron los almacenes de depósitos de uranio atacando la planta de Fordow donde estaba el centro de enriquecimiento de uranio y la instalación nuclear de Natanz y el Centro d Investigación y Tecnología Nuclear; dichas bombas fueron transportadas y lanzadas por bombarderos furtivos B-2 provenientes de la base de la Fuerza Aérea Whiteman, los más avanzados de misiones bombarderas.

No obstante, la guerra sigue y hay intercambios de misiles, torpedos, cohetes entre Israel e Irán, por lo que solo la pax trumpiana puede detener esa sangría, pero Trump también está en otra guerra, la de la invasión de la Rusia de Putin a Ucrania, en la que aun disminuyendo en cantidad la ayuda en millones de dólares para el mantenimiento del país, también se le ayuda militarmente con los armamentos más modernos como los misiles Tomahaw, los más potentes en uso en el ejército norteamericano.

Las últimas noticias llegadas por medio de las agencias internacionales de noticias Associated Press y France Press entre otras, informan que el día 7 de agosto Netanyahu, reunido con su gabinete de seguridad, planteó que su gobierno ocupe la Franja de Gaza en su totalidad, expulsando de la misma a los gazatíes que quedan en sitios muy reducidos y tomar el mando mediante instituciones establecidas al efecto. Fijémonos bien el término utilizado, que es ocupación y no apropiación de la Franja.

Claro está que no todos los miembros del gabinete de seguridad están a favor de la propuesta, así con parte de la población israelí, sobre todo los que todavía tienen esperanzas de que sus familiares rehenes estén todavía vivos y muy especialmente la cúpula del ejército están en contra de esa postura. Netanyahu ha dicho al respecto “que es necesario para que Israel se libere a sí mismo y la gente de Gaza del terror horrible de Hamás”.

Una vez que se llegase a producir la ocupación la Casa Blanca revisaría los nuevos planes para incrementar el flujo de la ayuda humanitaria en coordinación con Israel, a través de esfuerzos de la autodenominada Fundación Humanitaria de Gaza, que ayudaría en esa misión.

Todavía queda por ver si hay más movimientos en relación con este tema que es de crucial importancia para el futuro de Gaza una vez completada la llamada ocupación.

El autor es abogado nicaragüense residente en España.

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