El cadáver de Tania Silva yace en su ataúd mientras el juez Néstor Herrera, de rodillas, llora y le da el último adiós a su esposa asesinada. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE

El cadáver de Tania Silva yace en su ataúd mientras el juez Néstor Herrera, de rodillas, llora y le da el último adiós a su esposa asesinada. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE

El juez que “mató y fue a la vela” y al entierro 

La tarde del 8 de agosto de 2003, Tania Silva Reyes, de 23 años, fue brutalmente asesinada de 21 cuchilladas en su vivienda, ubicada en el residencial Altamira. El hallazgo del cuerpo lo hizo su esposo, Néstor Herrera Obando, quien poco después se convirtió en el principal sospechoso del crimen.

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Néstor Herrera Obando, juez suplente del Juzgado Séptimo del Crimen de Managua, planeó lo que pensó sería el crimen perfecto. Sin embargo, las inconsistencias en su coartada y una serie de elementos extraños en la escena del crimen comenzaron a despertar sospechas que lo pusieron en el centro de la investigación como autor intelectual y material del parricidio. 

El juez declaró a las autoridades que la tarde del crimen había viajado con su asistente, Ramón Paiz, al municipio de Tipitapa. No obstante, una testigo aseguró haberlo visto regresar a la vivienda alrededor de la 1:00 p.m., contradiciendo su versión. 

Ese mismo día, Herrera fue interrogado por la Policía. Afirmó que al regresar a su casa a las 3:00 p.m. encontró el portón principal cerrado, pero la verja y la puerta de entrada estaban abiertas. Dijo que al ingresar a la oficina que compartía con su esposa, encontró su cuerpo acuchillado y tendido en un charco de sangre. Un detalle que llamó la atención de los investigadores es que los dos perros de la familia no ladraron. 

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Juez compartía seguro de vida con su esposa

Varios cabos sueltos comenzaron a salir a la luz. Entre ellos, un seguro de vida compartido por la pareja por un monto de 50 mil dólares, adquirido dos años antes. Además, la familia de Tania había denunciado episodios de violencia doméstica por parte del juez. Otro elemento que generó controversia fue la vinculación del padre de Tania, William Silva, condenado a 10 años por narcotráfico. 

El domingo 10 de agosto, Tania fue sepultada en un ambiente tenso. Su madre, Daniela Reyes, expresó desde el inicio sus sospechas contra el juez. Herrera intentó desviar las sospechas, sugiriendo que el asesinato fue un ajuste de cuentas por una deuda que se relacionaba con el pasado criminal de su suegro. De forma llamativa, el padrino de bodas de la pareja había sido Frank Morgan, un narcotraficante que en su momento fue representado legalmente por el propio Herrera y era amigo de William Silva. 

Finalmente, el 14 de noviembre de 2003, la Fiscalía acusó formalmente a Néstor Herrera Obando por el delito de parricidio. Esa misma noche la Policía Nacional lo arrestó para enfrentar un proceso judicial por el asesinato de su esposa, Tania Silva Reyes.

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Fotografías de LA PRENSA sobre el caso

Miembros de Medicina Legal y peritos policiales retiran el cadáver de Tania Silva Reyes
Miembros de Medicina Legal y peritos policiales retiran el cadáver de Tania Silva Reyes de la escena del crimen en residencial Altamira, la noche del viernes 8 de agosto de 2003. LA PRENSA / ARCHIVO
En las imágenes se aprecia un primer plano de Néstor Herrera llorando y otra durante el entierro de su esposa.
Portada de la sección de Sucesos del Diario LA PRENSA, destacando el crimen. En las imágenes se aprecia un primer plano de Néstor Herrera llorando y otra durante el entierro de su esposa. LA PRENSA / ARCHIVO
El juez Néstor Herrera Obando, con el rostro cubierto de sudor y aparentemente afectado por la muerte de su esposa
El juez Néstor Herrera Obando, con el rostro cubierto de sudor y aparentemente afectado por la muerte de su esposa. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Néstor Herrera recibe consuelo por su madre en el momento que entierran a su esposa, Tania Silva. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Néstor Herrera recibe consuelo por su madre en el momento que entierran a su esposa, Tania Silva. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
El juez Herrera sostiene una flor durante el entierro de su esposa, Tania Silva, en medio de la tensión con la familia de la víctima, que desde un inicio lo señaló como principal sospechoso. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
El juez Herrera sostiene una flor durante el entierro de su esposa, Tania Silva, en medio de la tensión con la familia de la víctima, que desde un inicio lo señaló como principal sospechoso. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE

Juez confrontó a periodistas

Tras el entierro, el juez Néstor Herrera se quita la camisa frente a periodistas para mostrar que no tenía rasguños ni moretones, intentando demostrar su inocencia. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Tras el entierro, el juez Néstor Herrera se quita la camisa frente a periodistas para mostrar que no tenía rasguños ni moretones, intentando demostrar su inocencia. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
“Los golpes no desaparecen en 24 horas. Yo soy la persona más afectada por la muerte de mi esposa y por eso quería que vieran que no tengo ninguna herida”, dijo el juez a los periodistas. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE
Juez Néstor Herrera Obando y su esposa
Fotografía de Tania Lorena Silva Reyes junto a su verdugo, el juez Néstor Herrera Obando, el día de su boda. LA PRENSA / ARCHIVO
juez Néstor Herrera Obando
Portada del Diario LA PRENSA que destaca el arresto del juez Néstor Herrera, ocurrido la noche del viernes 14 de noviembre de 2003, tras ser acusado por la Fiscalía de parricidio. LA PRENSA / ARCHIVO
juez Néstor Herrera Obando
El juez Néstor Herrera llora frente al ataúd de su esposa, Tania Silva. Tuvo la frialdad de ser el primero en llegar a la escena del crimen, asistir a su vela y entierro. En su expediente consta que fue liberado en junio de 2018 por cumplimiento de condena. LA PRENSA / ARCHIVO PERSONAL ÓSCAR NAVARRETE

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