El regreso del neosapismo

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En 1980 cuando el régimen sandinista promovió la vigilancia vecinal y la delación por medio de los CDS, que el comandante Tomás Borge llamó los “ojos y oídos de la revolución”, publiqué un artículo crítico en LA PRENSA que quedó registrado para la posteridad en la página 87 de mi libro Un cauce hacia la democracia.

Dicho artículo comenzaba con la siguiente anécdota: “En una de tantas carceleadas mi padre fue preguntado por qué no había acusado a nadie y no había echado la culpa a otros. A lo que él, consecuente siempre con sus principios cristianos, respondió: porque la delación es inmoral”.

El artículo argumentaba que “era muy difícil encontrar a un hombre químicamente puro después de 45 años de dictadura y que en nombre de la justicia se estaban dando muchas injusticias bajo el ‘delito’ de haber sido ‘somocistas’. La sociedad actual no se puede cambiar por decreto, de la noche a la mañana; somos los mismos nicaragüenses los que vivimos hoy, que los que vivíamos ayer”.

Decía en mi artículo, titulado El neo sapismo, que cayó como una bomba en aquel entonces cuando privaba un ambiente revolucionario: “Muchos nicaragüenses se han dado a la tarea de andar acusando a otros del supuesto delito de ‘somocistas’ por revanchas personales o por pura envidia, lo que ha provocado una ola de capturas injustas de gente que no tiene idea del porqué están detenidos, ni se concretan cargos, solo se les detiene para ser investigados”.

Contaba también en El neo sapismo, que mi abuela Margarita Cardenal de Chamorro tenía una ingeniosa y cruel regla para frenar la frecuente delación en los pleitos infantiles entre sus nietos, ella tenía una tajona y al primero que le daba era al acuseta, y luego fajeaba al acusado. Así las cosas, ningún nieto se atrevía a acusar a otro porque el castigo era parejo, un reglamento salomónico para preservar la paz en su casa solariega.

Hoy en día la delación ha cobrado intensidad nuevamente en Nicaragua al ser instituida por la dictadura como una política de Estado y la delación acoplada con los métodos de vigilancia modernos como cámaras, espionaje, aparatos de escuchas en las redes sociales ha dado lugar a una era represiva y de control social nunca antes vistos en nuestra historia.

Un reciente reportaje periodístico de LA PRENSA publicado el pasado domingo 27 de julio bajo el título y resumen: “Vigilancia total: el país donde todos son sospechosos, la dictadura sandinista ha hecho del espionaje un arma que destruye el tejido social y la confianza, al pretender obligar a los nicaragüenses a delatar a su familia, amistades y vecinos”.

Leyendo este amplio reportaje me motivó a desempolvar El neo sapismo porque hay similitudes con el pasado, sólo que ahora se obliga bajo pena de cárcel a muchos colaboradores de los servicios de inteligencia de la dictadura Ortega-Murillo, por lo que algunos seleccionados han decidido huir al exilio y enfrentar las consecuencias en lugar de ser delatores, lo que antes llamaron “orejas”, hoy son la nueva versión de los neosapos.

¿Cuántos presos políticos inocentes habrán caído por un simple chisme contado por uno de estos reclutas que no tuvieron el valor de rebelarse como los ejemplos anónimos que cita el reportaje, para evitar tener que delatar a sus familiares y amigos?

Lo único positivo que veo a este nuevo estado avanzado del neosapismo es que el régimen se está carcomiendo internamente porque todos viven un estado de terror que un día terminará con quienes lo inducen, porque está afectando a todos y creando mucho resentimiento entre los suyos, porque la delación es igual a traición. 

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia” https://sajurin.enriquebolanos.org/docs/Pedrojoaquinchamorrob-uncaucehacialademocracia.pdf

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