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Bayardo Arce junto a los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, durante la instalación del diálogo nacional en mayo del 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO

La caída de Bayardo Arce expone el avance del poder absoluto de Rosario Murillo

Las purgas dentro del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, como la reciente caída en desgracia de Bayardo Arce, revelan fisuras internas, pero no representan una amenaza inmediata para la continuidad del poder

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Las purgas entre leales del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo forman parte de un manual que la dictadura implementa para efectuar la transición de poder, muy posiblemente a Murillo, quien se autodenominó como «copresidenta» y que ejerce también un rol de vocera de la dictadura. A consideración de opositores y analistas, la reciente «caída en desgracia» del asesor presidencial en temas económicos, Bayardo Arce Castaño, es una evidencia de un movimiento de la dictadura que avanza hacia un modelo con una cúpula estrictamente familiar.

«Al instaurar a la familia, ellos requieren de que se tengan nuevas lealtades. Y estas nuevas lealtades tienen que ver con lo que han venido construyendo desde la óptica de Rosario Murillo. Entonces, todo lo que realmente estuvo alrededor de Daniel Ortega ya no es posible sostenerlo», dijo el analista y opositor Eliseo Núñez.

El lunes, la Policía del régimen allanó las oficinas de Bayardo Arce Castaño, confirmaron fuentes a LA PRENSA, y después de llevarlo a una «entrevista» fue dejado casa por cárcel. Al comandante sandinista le retiraron su escolta el fin de semana y le confiscaron aparatos electrónicos, según confirmaron fuentes.

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«Ortega tiene un estado físico, un estado de salud físico deplorable y también es evidente que sus facultades mentales están deterioradas. En este marco, la señora Rosario Murillo se ha designado y se ve a sí misma como la sucesora de Ortega», consideró el opositor Héctor Mairena.

Héctor Mairena, periodista, abogado y opositor. Foto: LA PRENSA / Oscar Navarrete.

Las purgas son parte del plan de sucesión dinástica

A consideración del analista y opositor Eliseo Núñez, el régimen puso en marcha el plan de sucesión dinástica a raíz de las elecciones generales de 2016, cuando la fórmula presidencial del dictador Ortega para su segunda reelección fue Rosario Murillo, quien hasta antes de esos comicios solamente ostentaba el cargo de «coordinadora» del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, un aparataje de supervisión y control de las instituciones públicas creada por Ortega el mismo día de su toma de posesión para su primer período, el 10 de enero de 2007.

En 2016, el régimen también puso en marcha una primera «limpieza» de la oposición, luego de que el Consejo Supremo Electoral (CSE) destituyó a 58 diputados opositores.

«La consolidación de este modelo pasó primero por destruir totalmente el sistema democrático, luego comenzaron a instaurar el sistema dinástico desde antes de 2018. Probablemente el 2018 lo que hizo fue acelerar la imposición del estado policial y en ese momento ellos deciden que tienen que tomar control de todo, incluso de la economía del país», dijo Núñez.

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Posterior a 2018, el régimen impuso el control de la sociedad, primeramente de facto y a partir de 2025 se dio la imposición de la nueva constitución sandinista que establece un Estado totalitario.

Los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo un mes antes de las elecciones de noviembre de 2016. LAPRENSA/ARCHIVO

Murillo necesita las purgas

A consideración de Mairena, como parte del plan se contempló la falta de simpatía interna de las filas de la dictadura hacia Murillo.

«Ella no cuenta con el reconocimiento de sus propias filas. Si llegaba ahí es bajo la sombra de Daniel Ortega, lo que le señaló Humberto Ortega en su entrevista a Infobae. Ante eso, ella se ve la necesidad urgente en sus cálculos de despejar el camino y despejarse la sucesión sin problemas», dijo Mairena, quien añadió que «la dictadura ya no es leal hacia quienes lo son».

Fisuras

Núñez considera que parte del plan fue «desgastar» a quienes dentro de la dictadura no simpatizan del todo con la sucesión en Murillo, o que no son de la total confianza. Además, refirió que la «cacería» dentro de la misma dictadura llegará hasta donde Murillo pueda, en el marco del poder que Ortega siga cediendo. Núñez sostiene la tesis de que el dictador cederá el poder a Murillo en vida, como fue el caso del dictador cubano, Fidel Castro, quien cedió el poder a su hermano Raúl.

«Ellos vinieron desgastando a toda esta gente que se consideran los históricos, Bayardo, Lenín Cerna, Omar Halleslevens Acevedo, Alba Luz Ramos, Álvaro Baltodano y otros más, a tal punto que hoy no tienen realmente fuerza para empujar hacia adelante. Entonces sí representa una fisura, pero no es una fisura que les pueda causar problemas», consideró Núñez, refiriendo que, pese a las purgas internas, por sí solas no generarán un derrumbe en la dictadura de los Ortega Murillo.

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Al respecto, el sociólogo Juan Carlos Gutiérrez refirió que la sucesión dinástica causa rechazo en los antiguos cuadros del FSLN que tienen más lealtad al partido o a Ortega que a la familia dictatorial heredera del poder.

«Rosario Murillo comenzó a limpiar a lo interno del Estado y los que dicen que son del FSLN, y también la narrativa de lo heroico que mantiene Daniel Ortega y Rosario Murillo de la Revolución comienza a disminuirse. Ni la familia Ortega Murillo ni Rosario Murillo tienen experiencia política, ni fundamentación ideológica de izquierda. Ellos son pequeños burgueses y son nuevos ricos. Por lo tanto, nada de la narrativa histórica del FSLN cuaja con ellos y por eso tienen que eliminarlo», señaló.

Eliseo Núñez, analista político y opositor. Foto archivo. Octubre, 2016. LA PRENSA

¿Son suficientes las fisuras?

Para Núñez, la peligrosa transición de la dictadura a un modelo más familiar produce que esa novedad genere debilidades al régimen, algo que la oposición debería aprovechar.

«Si una cosa que es muy aprovechable es que el régimen ahora está perdiendo toda coherencia interna y se está trasladando a un modelo simplemente familiar. Esa transición los vuelve vulnerables y la oposición tiene que estar lista a tener una voz más o menos unificada y tener la capacidad de plantearse como una alternativa al régimen», señaló.

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