Haciendo una lectura minuciosa de los libros a mencionar, El libro negro de la nueva izquierda, La batalla cultural y Generación idiota del escritor argentino Agustín Laje, lo primero que sale a relucir es que la izquierda en general ha sufrido una suerte de metamorfosis, no en cuanto a sus lineamientos bases, sino, más bien, en cómo hacerse llegar y hacerse ver ante las nuevas generaciones y como calar en ellas de manera más subliminal, solapada pero no menos efectiva.
En ese sentido, han tenido ese apabullante que no puede pasar desapercibido cuando de hacer un análisis objetivo se trata. Esta nueva izquierda supo darse cuenta, que sus banderas clásicas (las luchas de clases, el opresor contra el oprimido, el capitalista versus el proletariado etc.), que enarbolaban en la época de la guerra fría, de Stalin, Lenin, en la época del muro de Berlín, en realidad habían quedado totalmente obsoletas y que por tanto tenían que reinventarse hacerse de nuevas banderas, que generaran las mismas pasiones que en los tiempos de sus mayores éxitos.
Esas nuevas banderas se encontraron en la cultura. En todo aquello que es menos perceptibles, como lo son los intangibles. Tales como; la música, el sexo, (con su mayor expresión con el lobby LGBTQI), el homosexualismo, entre muchos otros. Han creado más géneros, que crecimiento y desarrollo económico, han puesto el sentir y la autopercepción, por encima de la ciencia y la biología. Hoy como una muestra fehaciente de lo anteriormente expuesto podemos ver cómo, en los gobiernos de la izquierda latinoamericana se han creado desde nuevos currículos universitarios donde agregan la ESI (educación sexual integral), tanto en educación primaria como secundaria, hasta ministerios de la mujer, con la farsa, de una luchar contra los asesinatos de las mujeres en manos de hombre.
Esta nueva faceta de la izquierda pasa, por crear una suerte de animadversión, hacia el hombre, poniéndolo como, un potencial asesino de mujeres por el hecho de su misma naturaleza de ser hombre. Esto ha creado una especie de paranoia en cuanto al mal llamado patriarcado, siendo tomado, este, como el nuevo opresor que está acabando por defecto con las mujeres, y la sociedad en su conjunto, como, si fuera una nueva especie de pandemia, a las que todos debemos al menos de intentar, de acabar con él.
Es evidente que la izquierda contemporánea, vuelve a triunfar con esa faceta metamorfoseada. Antes esta realidad, salta a la vista las preguntas: ¿Qué debemos hacer, para no ver a nuestros hijos, afectados por esta oleada de adoctrinamiento casi forzoso que pasa a ser una variable transversal en los países gobernados por la Izquierda?, ¿quiénes son los verdaderos perdedores?
Aunque suene como un cliché, hasta bastante trillada la respuesta, pero es la respuesta es la educación. Como padres debemos de hacer una formación más integral con nuestros hijos, para esto ya no basta con ser sólo buenos consejeros, cultivadores de buenos modales. Los padres de hijos milenial tenemos que primero, educarnos nosotros, en otros temas, como, política, moral, ética, cultura, y para todo esto, tenemos que ser padres lectores responsables, de tema más allá de lo convencionales, con los que nuestros padres nos educaron y formaron a nosotros.
El verdadero éxito estará en ser primero padres formados, para ser mejores formadores para nuestros hijos. Hoy esta nueva oleada de profundos antivalores, y práctica cotidiana de actitudes inmorales, la educación de los hijos se vuelve más compleja y adversa.
Respondiendo a una de las dos preguntas que plantee anteriormente, sí, como se habrán dado cuenta los verdaderos perdedores son los hijos, pero también nosotros los padres, porque no haber hecho nada por educarlo y formarlos mejor, también habremos fracasado en parte como padres y en su defecto habremos fracasado como sociedad al habernos quedado como simples espectadores, mientras nos arrebataban la inocencia, la moral y las sanas costumbres y hasta la fe de nuestros hijos y futura sociedad. Hijos a los que hoy hasta les quieren hacer hablar de manera distinta, sustituyendo la O y la A por la E, yendo a contrapelo de cualquier regla gramatical que nuestra lengua tiene, pero, como dije antes, la nueva bandera de esta izquierda metamorfoseada es la cultura, y la lengua, el idioma es cultura.
Hoy nuestros hijos están casi a merced de una “música” que, carente de todo talento y contenido constructivo, su interés es hipersexualizar a nuestros niños y jóvenes, frente a esta nueva avalancha no podemos ni debemos quedarnos de manos cruzadas, porque de hacerlo, de alguna manera, perderemos a nuestros hijos y con ellos la posibilidad de heredarles un mundo donde ellos, tengan más posibilidades de ser felices y verdaderamente libres de la real opresión que sí existe en nuestros días, que creo, ya he ido describiendo brevemente en esta líneas.
No dejemos que nuestros hijos sean educados por un Estado, cualquiera que este sea. Eduquémonos primero nosotros los padres, para crear hijos más sabios, más integrales, más fuertes, éticos y morales. Vale la pena la lucha, vale la pena guerrear por ellos (los hijos), vale la pena regalarles un verdadero legado del cual un día ellos puedan sentirse verdaderamente orgullosos y puedan tener reales referentes como padres, pero, nosotros los padres debemos cambiar primero, porque hay una premisa elemental: nadie es capaz de dar lo que no tiene. Eduquémonos para educar mejor.
El autor es licenciado en Comercio Internacional (UCC), magister en Administración de Empresas, profesor universitario y capacitador empresarial y de ONG y empresas estatales.