El acuerdo de “protección recíproca” firmado por el delfín de la dinastía, Laureano Ortega, el pasado 20 de junio y ratificado en forma unánime por la asamblea de los aprietabotones la semana pasada, no es otra cosa que un acuerdo de impunidad recíproca ante eventuales juicios en la Corte Penal Internacional, tal como lo han señalado expertos y analistas.
La pretendida impunidad son intenciones declaradas de rehuir la justicia internacional que ya resuena y se aproxima cada vez más cerca de los que han cometido delitos de lesa humanidad contra su propio pueblo, pero tanto alboroto no sería necesario porque basta con que la pareja dictatorial se asile en Moscú donde obtendrían la misma impunidad, para ponerse a salvo.
A lo mejor ya Laureano en sus frecuentes viajes a Moscú ya tiene reservado el condominio donde piensan vivir, pero como no todos los acólitos de la dictadura tendrán la misma suerte o el mismo nivel económico para asentar su nueva y lejana residencia en un país tan frío, el paraguas de la impunidad se ha ampliado a todos los que han sido señalados por la justicia internacional.
El artículo 7 del acuerdo establece que mientras los codictadores y los miembros de su gabinete, altos oficiales del Ejército permanezcan en territorio ruso, gozarán de “inviolabilidad personal” y “no estarán sujetos a la jurisdicción de los tribunales” de ese país y no podrán ser detenidos y no estarán obligados a comparecer ante un tribunal”.
Según el artículo 10, Rusia y Nicaragua se comprometieron a no extraditar a ningún funcionario o exfuncionario de ambos países requerido por un tribunal internacional o de otro país.
En resumen: el acuerdo prepara las “condiciones” para un exilio dorado con impunidad recíproca supuestamente de doble vía, pero resulta más que evidente que tiene aplicabilidad en una sola vía, por lo que su pomposa ratificación unánime con 91 votos a favor en la asamblea de los aprietabotones, es indicativo del nivel de paranoia a que ha llegado la pareja dictatorial.
Una casualidad que invita a reflexionar es que el acuerdo de “impunidad recíproca” se haya cocinado rápidamente en Moscú el 20 de junio, precisamente un día después del atroz asesinato en Costa Rica del férreo opositor a la dictadura familiar, el mayor en retiro del Ejército, Roberto Samcam, quien fue asesinado el jueves 19 de junio.
También se conoció que la jurista de prestigio internacional que representará a la familia Samcam es la famosa abogada española Almudena Bernabéu, experta en genocidios y justicia transnacional, quien aseguró que el crimen de Roberto Samcam podría ser tipificado como un crimen de lesa humanidad y que eventualmente podría ser juzgado en tribunales internacionales, si se comprueba que fue un acto orquestado desde el Estado de Nicaragua.
Lo cierto es que a medida que los vientos de la justicia transnacional soplan más en dirección a Nicaragua se hace evidente que la dictadura busca un blindaje protector, no sólo para ellos, sino para todos sus cómplices, para que estos con la promesa de impunidad transnacional les sigan siendo leales y el miedo no los haga saltar del barco, que ya hace agua prematuramente.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”.