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Han pasado 18 días desde el asesinato del mayor en retiro Roberto Samcam, ocurrido el 19 de junio de 2025 en su vivienda en Moravia, San José, Costa Rica. El crimen, ejecutado con una inteligencia y precisión que las autoridades han calificado como propia de un hecho de sicariato planificado, conmocionó no sólo al exilio nicaragüense, sino a voces democráticas en toda la región.
Samcam, analista político y exmilitar, había denunciado en múltiples espacios la represión del régimen Ortega Murillo y advertido sobre la presencia de estructuras de vigilancia en el extranjero.
En esta entrevista con LA PRENSA, su viuda, Claudia Vargas, relató cómo vivió aquellas horas cruciales del 19 de junio. Entre la rutina doméstica compartida con su esposo y la devastadora llamada de su hija, Vargas reconstruye los minutos en los que la tragedia irrumpió en su vida.
“Todavía siento que estoy en una pesadilla, que alguien me despierte, por favor”, dice. Y recuerda, con voz entrecortada, cómo su esposo le preparó el desayuno por última vez, como solía hacerlo cada mañana.
Vargas también describe las amenazas previas que recibió su esposo, las alertas que él compartió con las autoridades de inteligencia de Costa Rica, la falta de medidas preventivas y cómo la familia planea preservar su legado intelectual.

Días difíciles
¿Cómo han sido para usted estos días después de ese 19 de junio?
Han sido días fatales, todavía no podemos creerlo, todavía siento que estoy en una pesadilla, y quiero que alguien me despierte. Estamos tratando de llevarlo día a día. Un paso a la vez, un día a la vez.
¿Qué recuerda usted de ese día, el 19 de junio, cuando se reportó sobre el crimen?
Un día como todos, normal, como siempre, las mañanas bien apresuradas. Él me estaba preparando siempre el desayuno y me alistaba las loncheras de lo que me iba a traer para el almuerzo de la oficina también. Yo me iba a la calle y Roberto se quedaba siempre trabajando desde casa.
Cuando estaba en la oficina, me sorprendió que me llamó mi hija que no se despierta tan temprano. Y me dijo “mami, algo le pasa a Bobby (Roberto), está en el piso y tiene mucha sangre”. Yo pensé que era algo gástrico, como acababa de venir de México, pensé que tal vez una úlcera, una gastritis, que vomitó sangre y que se descompuso.
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Jamás pensé que eso había pasado. Luego, en una llamada con mi hija le dije: “Cha, ¿qué pasó? ¿Ya llegó emergencia, vienen para el hospital, lo van a traer al hospital, sabés a dónde?” Y entonces me dice: “No, mami, están todavía los de emergencia con él (en la casa)». Y yo me asusté porque había pasado bastante tiempo, habían pasado casi más de 15 minutos. Y le digo yo: “¿Está vivo Bobby?” Y entonces me dice: “Mami, está casi vivo, apenas vivo”. Todavía me asombro más y entonces me dice: “Mami, es que a Bobby le dispararon”. O sea, hasta ese momento me doy cuenta. Me dice: “Le dispararon en el pecho y varias veces». Entonces le dije: “Ya voy para allá”.

Una amiga me llevó a la casa. Cuando faltaban como dos cuadras para llegar, mi hija me devolvió la llamada y me dice: “Mami, Bobby no lo logró, Bobby está muerto”. Entonces llegué y estaba la policía, estaba todo. Mi hija estaba dormida y dice que la despertaron unos ruidos estrepitosos y que cuando salió ya no había nadie y que Bobby estaba en el piso, que fue cuando ella me llamó.
Le dispararon, llegaron hasta la puerta del apartamento, aprovecharon que estaban reparando una ventana y dejaban abierto el portón de acceso al residencial, y le dispararon ocho veces. Roberto nunca se acercó al portón de la vivienda.

El fiscal mencionaba en la entrevista que la aguja estaba levantada. ¿Eso suele suceder ahí?
Fijate que nosotros pensábamos que el lugar donde vivimos era seguro. Y de hecho, todavía hablando con los vecinos un día de estos, cuando estuve por allá, volvíamos a la conclusión de que no es un lugar inseguro. Tiene aguja. No es una calle transitada como otras calles que son más transitadas y que tienen acceso, pero es un acceso bastante privado. Durante el día la aguja está levantada y en las noches las dos agujas están cerradas. A las cinco y media cierran las agujas. No es un condominio que reciba muchas visitas. Casi nadie llega, sólo los que estamos ahí entramos y salimos. Entonces era bastante seguro.
Como el apartamento es bastante pequeño, usualmente abrimos la puerta para que entre aire, para que entre luz, para que se ventile mientras se está limpiando. No vivíamos con las puertas trancadas, ni las ventanas trancadas. Incluso cuando mi hija me dijo “a Bobby le dieron un disparo en el pecho”, yo pensé que había sido un francotirador a través de la ventana. Los vecinos me dijeron: “Subió alguien”.
Alto grado de planificación
El fiscal adjunto de Costa Rica, Mauricio Boraschi, en una entrevista que concedió a LA PRENSA, señaló que había un grado alto de planificación, ¿usted también creería eso?
Por supuesto. Roberto siempre se estaba cuidando porque sabía que corría riesgos, porque su denuncia y su voz eran muy firmes. Roberto siempre estaba denunciando temas que estaban vinculados con la participación del Ejército en las protestas. Acá estaba denunciando la presencia de células (de la dictadura en Costa Rica); hacía escritos y ensayos. El último que estaba haciendo era un ensayo de tres partes sobre cómo operaba la inteligencia. Por supuesto que estaba en riesgo. Y siempre andaban estas campañas.
¿Qué tipo de campañas?
Vos sabés que salen en estas campañas, salían (contra) periodistas, salen contra algunas personas, salían contra Roberto. Y también había campañas contra personas de Carazo. Habían campañas que decían: “Los estamos buscando”. Y eso estaba desde 2018. Así que Roberto se cuidaba muchísimo, salía muy poco, no establecía rutina.
Incluso me acuerdo de que una vez hubo un indigente como mes y medio en la esquina de la casa y Roberto me decía: “Me parece sospechoso este indigente”. Y sí, creo que este asesinato de Roberto involucró inteligencia, seguimiento, planificación, estrategia y recursos, muchos recursos. Porque pagarle a alguien para que te vigile durante meses requiere de muchos recursos. Y son varias personas las que ponen a vigilar. No siempre es la misma.
¿Eso del indigente fue muy próximo al 19 de junio?
No, él estuvo como seis meses atrás, hasta que la familia de los dueños de la casa pidieron que se cerrara el predio de una casa abandonada donde estaba ese indigente y entonces, como cerraron el lugar, él se tuvo que ir.
Amenazas
¿Qué tipo de amenazas recibió previo al crimen y qué tan frecuente era eso?
No puedo hablar sobre eso. Los celulares de Roberto, la computadora y todo esto los tiene el OIJ para analizar todos estos mensajes, campañas, flyers que llegaban a cada rato, en los que ponían fotos, por ejemplo, de Rodolfo Rojas, de Joao, de Roberto y de otros activistas y defensores de los territorios.
Hacían una de Masaya, una de Carazo, una del movimiento campesino, por sectores también. Vos sabés, estas campañas, listas y listas que salieron desde 2018. Pero había una en la que iban poniendo una X a los que iban matando y cuando mataron a Rodolfo Rojas pusieron una X grande en rojo sobre su foto. Y después con Joao pusieron otra X sobre su foto. Y en la lista, el siguiente que venía era Roberto.

¿Y después del incidente, hubo amenazas?
No tengo los teléfonos de Roberto, así que no podría informarte al respecto. No sé nada.
¿Para el círculo cercano, para su familia, por ejemplo?
No, absolutamente ninguna. Para nosotras no. Creo que el objetivo siempre fue Roberto.
Colaborador voluntario con la DIS
Las autoridades costarricenses dijeron que la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional de Costa Rica (DIS) recibió denuncias por las amenazas. ¿Usted qué nos puede decir sobre eso, si se tomaron medidas desde esta instancia?
Roberto hablaba (con la DIS) cada dos meses. Tenía un diálogo muy fluido y frecuente con la DIS. Todo el tiempo estaba advirtiéndoles y compartiendo información. Yo consideraría a Roberto un colaborador en temas de seguridad con Costa Rica, porque alertar de esto a la DIS es colaborar con ellos.
¿Y la DIS tomó medidas para protegerlos?
Yo no recuerdo, sinceramente, que Roberto me haya dicho o que la DIS haya llegado a nuestra casa a decirnos qué medidas cautelares podríamos tomar, aparte de las que Roberto podía haber expresado como «me estoy cuidando de esta forma en la calle, me estoy cuidando de esta forma». La DIS nunca llegó a nuestra casa a decirnos: “¿Sabés qué, Roberto? Para lo que vos denunciás, este espacio no está bien. Vos necesitás reforzar tus medidas de seguridad”. No nos dieron recomendaciones, porque las hubiéramos tomado. Y si la DIS hubiera llegado y nos hubiera dicho que ese lugar no era seguro y que Roberto tenía que mudarse a un lugar con tales y tales características, nosotros hubiéramos buscado el apoyo de la familia también. Y no tuvimos esa recomendación que yo sepa.
Cómo será recordado
¿Cómo recordaría o cómo describiría a su esposo?
Creo que Roberto también puede ser recordado como un hombre que en algún momento tomó decisiones que no eran las más acertadas y que después se arrepintió. Un hombre que dejó la guerra cuando ya no había más cabida para la guerra, cuando decidió que nunca debió haber cabido la guerra, y que cambió por la paz. Que enarboló la bandera de la paz desde 1990, cuando llegó doña Violeta Barrios.

Además muy investigativo, porque todo lo investigaba, todo el tiempo estaba haciendo alguna investigación, consultando con diferentes fuentes y todo. Y que soñó con esa Nicaragua libre. También tomó la bandera de Pedro Joaquín Chamorro y también se sumó a ese sueño de tener una Nicaragua que volviera a ser república.
Y después, desde la política, recordar a Roberto como ese hombre que también soñó con una Nicaragua linda, y que tenía toda la entereza de trabajar para que Nicaragua volviera a ser república.
De esa etapa de Roberto en el Ejército y sus primeros años, ¿usted recuerda alguna anécdota que le haya contado?
Fijate que no hablábamos mucho de esa etapa de la guerra. Roberto había cerrado ese libro y había cerrado esa etapa y no le gustaba hablar de esos años. Él siempre decía como: “Yo no conduzco viendo por el espejo retrovisor. Ya esa etapa pasó y hay que ver de frente, hay que ver hacia otras cosas”. Pero siempre recuerdo que me mencionaba que él se había sumado desde muy joven a la lucha en contra de la dictadura de Somoza y que después del triunfo él se metió en el tema armado, pero que además tuvo un ascenso muy rápido.
Legado intelectual
¿Como familiares de qué forma planean resguardar el material que produjo Roberto Samcam?
Sí, queremos abrir una página web de Roberto, porque además estamos entrando a un proceso que sabemos que va a ser muy largo y queremos mantener viva la memoria y todo lo que está pasando en este momento: reportajes, análisis, disponible para dentro de cinco, siete, diez años.
Estamos haciendo los trámites, viendo con Amazon cuál es la manera en la que podemos liberar los libros para que sean gratuitos y que todo el mundo tenga acceso a análisis y esas palabras, esas letras de Roberto. Son cuatro libros que están disponibles.
¿Cómo ve la reacción a nivel internacional luego de lo que sucedió con el crimen de don Roberto Samcam? ¿Ha visto esa solidaridad hasta este momento?
Estoy muy impresionada de esta avalancha de solidaridad, denuncia, que ha surgido a raíz del asesinato de Roberto y no encuentro las palabras para agradecerle a todas las personas.

Lo conoció después de salir del Ejército
¿Cómo conoció a Roberto?
Roberto volvió a estudiar Ingeniería Industrial después de haberse salido del Ejército. Recuerdo que había una fiesta de la Universidad Nacional de Ingeniería. Yo estaba empezando la carrera de Sociología y Roberto estaba terminando la suya, que había retomado después de dejar el Ejército. Nos encontramos ahí, en esa fiesta, como amigos, y me acuerdo que me cayó bien.
Era divertido, bailarín y me cayó bien. Después, por casualidad, yo tenía que hacer una pasantía en la universidad, y me dijeron que debía ir a Conapi, que quedaba frente a la Universidad Centroamericana (UCA). Yo estudiaba en la UCA, así que fui ahí para hacer la pasantía. El encargado del lugar era Roberto. Entonces trabajamos juntos durante esa pasantía. Roberto fue mi jefe. Y empezamos a salir, a ir al cine, a platicar, a hablar de política, a hablar de la vida. Y cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en una relación de pareja. Estuvimos juntos 25 años.
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