Los analistas internacionales y expertos en geopolítica hablan cada vez más de que el orden internacional está en crisis. Dicen que es incapaz de resolver los graves problemas que hay en distintas partes del planeta. Y que, por tanto, es necesario reemplazarlo con otro orden internacional que sea más eficaz.
El actual orden internacional fue establecido al finalizar la II Guerra Mundial y tiene su eje de funcionamiento en la Organización de Naciones Unidas (ONU). A esta le corresponde conducir las relaciones entre los países e impedir las guerras entre los Estados.
Sin embargo, según dice un reconocido experto internacional como es el diplomático venezolano Víctor Rodríguez Cedeño, “los organismos internacionales, universales y regionales, parecen haberse agotado frente a las numerosas situaciones —especialmente conflictos y actos de violencia— ante los cuales se muestran impotentes para resolverlas”. Él sabe de esto pues fue embajador de Venezuela en la ONU y presidente del comité ejecutivo de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).
Agrega el internacionalista venezolano que “los gobiernos, más los totalitarios, aquellos que violan los derechos humanos e irrespetan el derecho internacional, parecen gozar de una impunidad total ante la ineficiencia del sistema y la inefectividad de las decisiones de la comunidad internacional”.
En realidad, el problema no es que los regímenes autoritarios parecen gozar de impunidad, es que la gozan. Desde que las potencias vencedoras en la II Guerra Mundial crearon el actual orden internacional, este tenía que salir fallado porque uno de sus creadores fue la Unión Soviética. Una potencia comunista totalitaria cuyos gobernantes firmaron la Carta de las Naciones Unidas y aceptaron después la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero no porque estuvieran de acuerdo con sus contenidos ni dispuestos a cumplirlos. Lo hicieron por conveniencia estratégica, para que el Occidente democrático aceptara su dominación sobre los países de Europa del Este.
Allí y entonces se originó la incapacidad de la ONU para impedir las guerras que estallarían a menudo en diversas partes del mundo, en muchos casos instigadas y alimentadas por la misma Unión Soviética en función de sus pretensiones de expansión geopolítica.
Desde la creación de la ONU hasta ahora, ha habido en el mundo muchas guerras y regímenes dictatoriales violadores de los derechos humanos. Según datos de organismos especializados, actualmente hay 56 guerras activas en diversas partes del mundo. Bajo el orden internacional actual, o sea desde la creación de la ONU, ha habido casi 200 guerras causantes de más de 13 millones de muertes humanas, mucha destrucción material, enormes costos económicos y grandes tragedias humanitarias.
De allí que el experto venezolano antes mencionado asegure que es urgente introducir cambios en el orden internacional, para adaptarlo —dice— “a las nuevas realidades en las que ya no solo son importantes los gobiernos, sino la sociedad civil cada vez más organizada y estructurada y otros actores que influyen en las decisiones internacionales”.
Pero a la sociedad civil no le corresponde determinar la política internacional. Esto lo hacen los Estados, o mejor dicho las personas que ejercen el poder sea de manera democrática o dictatorial. Y como se sabe las dictaduras son mayoría en la ONU.
Aunque no sea grato reconocerla, esa es la realidad. Mientras gobiernen en países poderosos personas interesadas por una u otra razón en provocar las guerras e imponer dictaduras no habrá posibilidad de civilizar, democratizar y humanizar las relaciones internacionales.