Hemos leído un extenso escrito de Roberto Samcam —el mayor en retiro del Ejército de Nicaragua asesinado en Costa Rica el 19 de junio pasado—, titulado La inteligencia del régimen de Nicaragua y sus vínculos con la oposición de la oposición.
Al decir inteligencia, Samcam se refería principalmente a la organización militar del Estado de Nicaragua que se dedica a espiar para la protección del régimen. Más concretamente, se refería a la Dirección de Información para la Defensa (DID) del Ejército de Nicaragua, el guardián armado de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
En su ensayo de casi cinco mil palabras fechado en marzo de este año, Samcam mostró mucho conocimiento de las actividades de espionaje y persecución política del gobierno, y que al parecer tenía contactos internos que le facilitaban información relevante. Suficiente motivo para que lo quisieran asesinar porque además utilizaba esa información para denunciar sistemáticamente a la dictadura.
Samcam revela en su ensayo cómo se integran, cuáles son sus objetivos y de qué manera operan las redes de espionaje, persecución e infiltración del régimen en las organizaciones de los opositores en el exilio, sobre todo en Costa Rica donde él residía.
Además, menciona detalladamente el trabajo de infiltración que realiza la dictadura en la oposición, según dice con el propósito de confundirla y mantenerla dividida. Pero como lo explica en el mismo documento, a la par del diversionismo ideológico y la división de la oposición, la dictadura fragua y ejecuta operativos de represión transnacional, particularmente en Costa Rica y Honduras.
En este orden, el ensayo de Samcam menciona los atentados en Costa Rica contra la vida del activista opositor que fue líder de los tranques de Carazo en 2018, Joao Maldonado; así como el caso de Rodolfo Rojas Cordero, otro rebelde caraceño que fue asesinado en Honduras donde se había refugiado. Y agrega que “otros Agentes de Combate (de la dictadura) se encuentran en el norte del país, en el departamento de Nueva Segovia, y se encargan de asesinar opositores en Honduras o en la zona fronteriza entre Nicaragua y ese país, una labor de sicariato político”.
Son datos duros, como llaman los investigadores a los que no se basan en suposiciones, que están bien sustentados y a todas luces son veraces. Los cuales deberán ser muy útiles en las investigaciones oficiales para averiguar el motivo del asesinato de Roberto Samcam —quien también tenía la nacionalidad española— y por lo tanto para identificar a quienes estuvieron detrás de sus asesinos materiales.
Ya la abogada internacional Ariela Peralta, miembro del Grupo de Expertos de las Naciones Unidas en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN), declaró a raíz del asesinato de Samcam que el Grupo “ha documentado que las violaciones de derechos humanos contra los nicaragüenses por parte del Gobierno no terminan en la frontera del país. Las tácticas del Gobierno para controlar y silenciar a los disidentes en el extranjero incluyen amenazas, presión financiera, prohibición de entrada, denegación de servicios consulares o pasaportes, privación arbitraria de nacionalidad, acoso, vigilancia y coerción de familiares. La posibilidad de que el asesinato de Roberto Samcam sea parte de este patrón —agregó— no se debe descartar”.
Que se identifique a los asesinos materiales e intelectuales de Roberto Samcam no le devolverá la vida. Pero podrá servir, y tal vez mucho, para activar y dinamizar la justicia internacional contra la dictadura de Nicaragua. La única que podría funcionar mientras en el país no haya libertad, democracia y un poder judicial independiente y honesto.