En la sección de Política de LA PRENSA del lunes 30 de junio se publicó una información muy interesante, titulada Inteligencia del Ejército delató a los exmilitares inconformes con la dictadura Ortega Murillo.
Se refiere a que la sección de inteligencia y espionaje del Ejército de Nicaragua, denominada Dirección de Información para la Defensa (DID), espió e investigó al general en retiro Álvaro Baltodano y al capitán también retirado, Aníbal Martín Rivas Reed, para su encarcelamiento y condena a largas penas de prisión por el delito inventado por la dictadura de “traición a la patria”.
Los detalles sobre el “trabajo” de la DID espiando y reuniendo “evidencias y pruebas” contra sus víctimas son cautivantes, como cualquier historia real o ficcional de espionaje. Sin embargo, no es esa la lectura más importante de dicha información.
Los cuerpos de inteligencia militar y policial existen en todos o casi todos los países del mundo. No sólo en las dictaduras sino también en las democracias. Son cuerpos especiales considerados indispensables y definidos como la “organización del Estado que proporciona al poder ejecutivo análisis e información para mejorar la toma de decisiones estratégicas orientadas a prevenir o neutralizar amenazas y a defender los intereses nacionales”.
Según los historiadores, ya los antiguos persas, espartanos y germanos “crearon mecanismos secretos de recopilación de informaciones militares de sus reales o potenciales enemigos”. Y señalan que “se atribuye a Julio César (el célebre dictador romano del siglo primero antes de Cristo) haber inventado el primer código cifrado para transmitir informaciones secretas”.
Mucho más acá en el tiempo y la historia, se sabe de tenebrosos cuerpos de espionaje y seguridad como la Ojranka rusa, que era la policía secreta de la autocracia zarista, la KGB de la Unión Soviética, la Gestapo de la Alemania nazi, la Stasi de la Alemania comunista, el G2 de Cuba, la DGSE sandinista en la Nicaragua de los años ochenta, y por supuesto, la CIA de Estados Unidos (EE. UU.).
En las dictaduras esos cuerpos de seguridad y espionaje no sólo actúan hacia afuera, buscando y persiguiendo enemigos externos reales o supuestos del Estado o el gobierno, sino también y sobre todo hacia adentro, vigilando a los funcionarios civiles, militares y policiales de los mismos regímenes.
De manera que en Nicaragua la DID del Ejército de la dictadura simplemente hace su trabajo sórdido de espiar, investigar y denunciar a exmilitares y cualquier funcionario militar y policial de la dictadura, en particular a los que expresan inconformidad o malestar.
Ellos saben que el malestar o la inconformidad pueden conducir a fisuras internas en la misma dictadura. Y quienes luchan por la democracia deben comprender la importancia de avivar las inconformidades y contradicciones dentro del régimen; en vez de atacarlo a bulto como hacen a menudo contribuyendo así a unirlo en vez de dividirlo y debilitarlo.
En la lucha por la libertad y la democracia se necesita corazón y coraje, pero también inteligencia y astucia. Una fractura en las fuerzas militares y policiales, cuando eso pueda ser posible, podría ser determinante para la caída de la dictadura y la apertura del camino a una transición democrática.