La cara bonita y la cara fea de la nueva Managua

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Una vez más la entrada del invierno es sinónimo de inundaciones en los barrios bajos de la capital y algunas ciudades como Masaya, entre otras. Recuerdo que en mi niñez en el barrio Monseñor Lezcano, cuando llovía, jugábamos en las calles en las que se formaban verdaderos ríos, lo que era aprovechado por el cipotero (así le decimos en Nicaragua a los niños) para divertirnos. Recuerdo como si fuera hoy, que jugábamos a quien se dejara arrastrar por la corriente y llegara más lejos.

Con el pasar del tiempo y hoy ya adulto, las inundaciones en la época de invierno siguen siendo un caos para los barrios aledaños al lago de Managua.

En un invierno, hace algunos años, se inundó el área del malecón, alcanzó al Teatro Nacional y el agua se metió en los sótanos del complejo judicial. Las imágenes de mesas, sillas y artículos de los restaurantes del malecón flotaban por todos lados. El motivo se debió a que un tragante que estaba debajo de una estatua había sido clausurado, hasta donde tengo entendido tuvieron que volverlo a habilitar para resolver el problema. Todavía persiste, aunque en menor escala.

Este invierno que estamos teniendo, más las diferentes tormentas tropicales que nos están visitando, han vuelto a repetir el problema de las inundaciones. Las fotografías de vehículos y animales arrastrados por las corrientes inundan las redes sociales y los videos del Mercado Oriental convertido en una Venecia nica con cada aguacero se une a las afectaciones. Me consta personalmente y es fácil de apreciar, pues todos los años la alcaldía de Managua limpia todos los cauces, pero aun así, la mayoría de los cauces colapsan.

Hablando del tema con un amigo ingeniero, este me decía que el problema está en que el agua que baja de las Sierras de Managua es tanta por la cantidad de repartos y el despale hacen que las aguas en vez de penetrar al subsuelo corran hacia las partes bajas de la capital. Que en años anteriores se habían construidos unos embalses, pero que estos habían resultado ser insuficientes para resolver el problema de las inundaciones en invierno.

Pero no todo es negativo en nuestra capital, recientemente tuve la visita de un amigo que vive en el extranjero y que tenía casi veinte años de no venir. En un recorrido que le hice por la capital y varios departamentos, quedó asombrado con cómo se ve hoy nuestra capital, su comentario fue: Managua ya dejó de ser un pueblón, ahora sí tiene cara de capital.

Le mostré las obras en construcción, los diferentes pasos a desnivel que se construyen y que despejaran el tráfico vehicular, dándole a nuestra capital un diseño más acorde al siglo en que vivimos. Otra cosa que lo dejó con la boca abierta, fueron nuestras carreteras, según sus propias palabras muchas de ellas mejor que las de California (estado de los Estados Unidos).

La verdad es que Managua está cambiando a pasos agigantados, el barrio más humilde de la capital tiene sus calles asfaltadas o con concreto hidráulico y de nuestras carreteras ni hablar. Hay otras cosas que también necesitan modernizarse, pero Roma no se hizo en un día, por lo que estoy seguro de que la próxima vez que nos visite mi amigo tendrá más cosas sobre las que quedará maravillado.

El autor es analista político.

Opinión lluvias inundaciones Managua progreso archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí