La palabra insilio no está reconocida en los diccionarios de la lengua española. Pero existe de hecho en el moderno lenguaje político con el significado de “estar sin ser dentro de la propia patria”. Como estar exiliado y por tanto viviendo en otro país, pero permaneciendo en el suyo.
Al contrario del exiliado, que se fue del país obligado por las circunstancias políticas, socioeconómicas y culturales, el insiliado permanece en su propia tierra, pero sin derechos ni libertades, sometido a un Estado que lo espía, controla, hostiliza y reprime si se atreve a alzar la voz para protestar.
La escritora y ensayista argentina Gabriela Saidón dice que ser insiliado “es estar sin ser dentro de la propia patria de uno, que a uno se le presenta enajenada, pero no enajenada exclusivamente en lo socioeconómico sino en el sentido, en lo ‘destinal’, en el adónde va todo. Una identidad vulnerada porque es una memoria reprimida”. Y agrega que el insilio es una situación cultural “porque abarca el campo de lo expresivo, y es fuente de conductas políticas, sociales, etc.”
Sobre la cantidad de nicaragüenses exiliados y desterrados en el extranjero no conocemos cifras precisas. Pero sabemos que son muchos. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Oacnur), sólo desde la crisis sociopolítica y de derechos humanos de 2018 más de trescientos mil nicaragüenses tuvieron que salir del país por motivos políticos. Otros han sido desterrados e incluso despojados de su nacionalidad jurídica nicaragüense. O sea, convertidos en apátridas.
Según estimaciones del Banco Mundial, entre 1.5 y 2 millones de nicaragüenses viven fuera de su país, entre los exiliados, desterrados y la diáspora. Eso equivale aproximadamente al 20-25 por ciento de la población total de Nicaragua
Ahora bien, según las encuestas independientes y por tanto creíbles que son las que hace regularmente CID-Gallup, apenas entre 13 y 15 por ciento de los nicaragüenses se reconocen como simpatizantes de la dictadura. Más del 60 por ciento de los consultados no están de acuerdo con el régimen actual.
Por supuesto que no todos los nicaragüenses que viven en el país y no apoyan a la dictadura la adversan de alguna manera. La verdad es que mucha gente es indiferente políticamente, vive sólo para ella, no le interesan ni siquiera sus mismos derechos y libertades.
Sin embargo, la parte de la población nicaragüense que está dentro del país y repudia a la dictadura es inmensa. Así lo demostraron las multitudinarias manifestaciones masivas de 2018 que demandaban el fin de la dictadura.
Esa gente sigue allí, dentro del país, viviendo como insiliada, silenciada por la dictadura, pero esperando una nueva oportunidad de alzarse contra ella. Con la esperanza de que entonces sí se podrá conquistar la libertad y la democracia.