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“Mario”, de 35 años, tiene más de un año de trabajar como repartidor desde una aplicación en Managua. Ese trabajo, aunque agotador por el horario en que lo realiza —de 1:00 p.m. a 11:00 de la noche—, asegura que le ha dejado “muchas anécdotas que contar” y un salario que le permite “vivir tranquilo”.
“Me ha tocado llevar de todo, pero cuando te digo de todo, es de todo. A ver, desde una escoba a una viejita, hasta lubricante de sabor a un par de hombres en un motel, o condones a parejas… es que de todo he llevado”, comentó Mario en medio de risas.
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El joven afirma que los pedidos más inusuales, generalmente, los recibe por la noche. Lo más común, además de los pedidos de comida o bebidas, en las noches —aseguró— son pedidos de condones y lubricantes, los debe llevar hasta la puerta de las habitaciones en los moteles capitalinos.
“Yo no sé si es que no ocupan los que les dan ahí, porque yo creo que en los moteles dan —dice, hace una pausa para reír un poco y continúa— pero eso es lo que más piden”.
Aclaró que no es que los repartidores revisen los paquetes que llevan, que generalmente van sellados, sino que en la aplicación se refleja el pedido e inevitablemente ve qué es lo que lleva.
Más propina si es silencioso
Algunos de los pedidos que más le han impactado —afirmó— son los de “chavalitas. Yo las veo chavalitas, no sé la edad, pero me asusta que mandan a pedir las PPMS (Píldora Para la Mañana Siguiente) y que me escribieran pidiendo que no pitara, que no pitara, que esperarían afuera de la ubicación y me darían propina”.
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Las muchachas incluso le piden que saque el blíster de las cajitas en que viene empacado, que lo guarde junto con toallas sanitarias que también van en el pedido y así se los entregue.
“Yo lo hago para ayudar. Al final son clientes y ya pagaron, y con la propina se saca para la gaseosa o combustible para la moto”, agregó.
El joven afirmó que también le ha tocado entregar pruebas de embarazo en centros laborales y lencería en universidades. «Una vez hasta me salieron los borrachos invitando a tomar, que me quedara y no me dejaban ir», comentó.
«Se junta hasta 20 mil al mes»
Las desventajas de trabajar para estas aplicaciones —explicó— sobre todo están enfocadas en que no tiene Seguro Social y que, ante cualquier accidente, es él quien tiene que asumir los gastos. También deben pagar por pedidos que los clientes aducen no reciben, quedarse sin el pago del viaje si deciden cancelar, porque deben volver a llevar lo que pidieron a los negocios y también por los malos tratos de algunos clientes que los culpan por llegar tarde. Esto último, muchas veces es culpa de los locales que no entregan a la hora aunque ellos ya estén ahí esperando, según el hombre.
Mario resaltó que tiene un salario que le permitiría pagar un Seguro Facultativo del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), pero por ahora prefiere no hacerlo.
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«Ya he tenido accidentes, leves, pero me toca asumir porque no tengo seguro, y si te soy claro, no lo quiero pagar», comentó.
El joven explicó que «bien quemado», es decir, haciendo entre 15 y 25 pedidos diarios, puede juntar un salario mensual de hasta 20 mil córdobas trabajando para las aplicaciones de pedidos que operan en Nicaragua.
Las formas de pago que estas utilizan para sus colaboradores —según reveló— se hacen diario en efectivo o depósitos en billeteras móviles. «En mi caso, el problema es que no siento que veo el pago, porque como es diario, tengo la mala costumbre de ir gastando. Creo que sería mejor si pagaran semanal o quincenal, así vería los riales», apuntó.
Aplicaciones deducen el 2 por ciento a repartidores
Las aplicaciones por las que se puede hacer pedidos en Nicaragua —al menos donde trabaja Mario— a los repartidores les deducen el 2 por ciento por el conjunto de entregas realizadas por día.
«Algunas veces siento que nos quitan más, pero la verdad que yo no soy de reclamar. Pero me ha pasado que hago la misma cantidad en viajes, sale el mismo monto, quizás de un día anterior, y veo que lo que deducen es más», agregó.
Por día —calcula Mario— si toma entre 20 y 25 pedidos, puede llegar a reunir hasta 1,000 o 1,200 córdobas, y de ahí se le deduce lo que le cobra la aplicación a él como repartidor.
«Hay sus ventajas. Mareado, puedo hacer hasta 28; llego malmatado, sí. Pero si quiero, al siguiente día no entro, porque uno decide si trabaja o no: iniciás sesión, tomás turno, decís en qué horario y luego la aplicación te da una zona. Así funciona», explicó.
Otros repartidores que ofrecen sus servicios de forma independiente a diferentes emprendimientos o pequeños negocios de ropa o zapato, explicaron que las ganancias para ellos son menores.
Algunos cobran entre 60 y 80 córdobas por cada encargo que deben llevar y otros, en busca de estabilidad, hasta reciben pagos mensuales de 6,000 córdobas, pero deben completar todas las entregas que llegan a esas tiendas.