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En un monólogo transmitido —como de costumbre en cadena nacional— el pasado lunes 23 de junio en ocasión del natalicio de Carlos Fonseca Amador y del ascenso de grados en la Policía Nacional, el codictador Daniel Ortega, haciendo alarde de sus conocimientos de política internacional, nuevamente atropelló la historia, pero esta vez, con “disparates nucleares”.
Entre otras cosas dijo frente a toda la oficialía mayor de la Policía Nacional y el alto mando militar del Ejército de Nicaragua, que en la Segunda Guerra Mundial “para poder dominar toda Europa y más allá, Hitler invadió Rusia, pero allí Rusia los enfrentó y los derrotó, mientras Hitler desarrollaba armas atómicas con sus científicos para tirarlas por todo el mundo y así no iba a haber nación que no se rindiera”.
“Pero Hitler fue derrotado por el ejército rojo, y por el ejército de esa gran nación que fundó Mao Tse Tung que hoy preside Xi Jinping”. Es decir, según Ortega, los Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Francia, Polonia y Australia, no participaron en la guerra, ni la derrota de los nazis, pero China que tuvo una participación marginal en el frente asiático contra Japón, sí tuvo un papel preponderante, y Joseph Stalin fue el artífice de la victoria aliada.
Pero el colmo de su desvarío senil es que afirmó que “inmediatamente después de la derrota de Alemania nazi, los norteamericanos corrieron a buscar a los científicos alemanes para que les terminaran la bomba en 1945, que combinados con científicos norteamericanos elaboraron unas bombitas allí. Ya la guerra había pasado y en el 47, en el mes de agosto decidieron ir a probar las bombas, las montaron en aviones y las dejaron caer en los blancos, ellos habían escogido como blanco dos ciudades japonesas: Hiroshima y Nagasaki”.
De acuerdo con esta narrativa de Ortega devenido en historiador, los norteamericanos no desarrollaron la bomba atómica en el proyecto Manhattan entre 1942 y 1946, sino que reclutaron a científicos alemanes en 1945 para que les “terminaran” de fabricar dos bombitas y en agosto de 1947, ya terminada la guerra, las fueron a probar en dos ciudades japonesas.
Es decir: lo hicieron para ver si servían para causar la destrucción masiva esperada y no para obligar la rendición incondicional del Japón en agosto de 1945, que realmente fue lo que terminó con la Segunda Guerra Mundial.
Lo cierto es que la Segunda Guerra Mundial no había terminado aún en el frente oriental, cuando Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en los primeros días de agosto de 1945 (no en 1947) y que cuando los aliados llegaron a Berlín en junio de 1945, se dieron cuenta que el programa nuclear en la Alemania nazi estaba en realidad muy retrasado en relación con el programa norteamericano en el proyecto Manhattan dirigido en Los Álamos, Nuevo México por el científico norteamericano Andrés Oppenheimer.
En lo que sí aportaron mucho los científicos alemanes encabezados por Wernher von Braun fue en el posterior desarrollo de cohetes en la carrera espacial, pero eso vino años después de concluida la guerra.
Pero su discurso, habitualmente cargado de falsedades históricas que sólo existen en su imaginación, fue aplaudido por la alta oficialidad allí reunida, especialmente cuando dijo que la ONU tenía que desaparecer porque era un instrumento de los imperialistas.
Entre otros ejemplos de la obsolescencia de la ONU, Ortega mencionó las múltiples resoluciones de la Asamblea General —casi unánimes— de que Estados Unidos levante el bloqueo de más de 60 años a Cuba, vetadas por este país, pero se le olvidó mencionar las múltiples resoluciones, también casi unánimes, de que Rusia retire sus tropas de Ucrania o de condena contra ese aliado de la dictadura por la invasión, las que han sido vetadas por Rusia.
Acusó a la ONU de haber autorizado la invasión multinacional a Libia que terminó con la vida de su hermano Muamar el Gadafi en octubre del 2011.
Ortega se contradijo cuando defendió el derecho de Irán de desarrollar su bomba atómica y dijo que por tal razón, es decir por poseer la bomba, “no tocan” a Corea del Norte, pero negó que estuviese desarrollando la bomba atómica, sino que su desarrollo nuclear era con fines de energía eléctrica, como dice el gobierno de Irán.
Para el anciano codictador todos los países del mundo están en su derecho de tener la bomba atómica “para que no los toquen”, como ocurrió con el reciente bombardeo sofisticado de los Estados Unidos a los laboratorios de enriquecimiento de uranio de Irán.
Otra razón que esgrimió para alegar que la ONU debe desaparecer es que en los años 80 la Corte Internacional de La Haya falló a favor de Nicaragua en su alegato por una indemnización millonaria contra los Estados Unidos por los daños causados por la guerra de la Resistencia Nicaragüense y este país hasta la fecha ha hecho caso omiso de dicha resolución.
Pero lo más lamentable del discurso de Ortega es observar a todos los altos mandos de la Policía y del Ejército embelesados al escuchar sus desvaríos, por lo que al verlos hipnotizados me pregunto: ¿Habrá entre ellos alguien pensante y valiente como el mayor en retiro Roberto Samcam (q.e.p.d.)? ¿Será que los domina la ignorancia colectiva o solamente el miedo?
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”