Esta semana ha tenido lugar en Antigua y Barbuda la 55ª Asamblea General Ordinaria de la OEA.
Antigua y Barbuda es un pequeño país antillano formado por un par de islas, denominadas así por Cristóbal Colón, a la primera en honor de la Virgen de Antigua que se venera en Sevilla, y a la segunda porque cuando los españoles se aproximaron a la isla, lo primero que vieron fue unas higueras de las que colgaban helechos que a ellos les parecieron hombres barbados.
Esta es ya la cuarta Asamblea General Ordinaria de la OEA en la que no participa el Estado de Nicaragua. En 2021 la dictadura decidió sacarlo de la organización intergubernamental hemisférica porque esta denunció las elecciones de ese año como fraudulentas e ilegítimas.
Pero el pueblo de Nicaragua sí ha estado presente y ha participado en la 55ª Asamblea General de la OEA y además varias organizaciones de opositores nicaragüenses hicieron llegar mensajes a los delegados, pidiéndoles pronunciarse contra la dictadura de Ortega y Murillo.
Según se informó, en el encuentro de los delegados gubernamentales a la Asamblea General de la OEA con la sociedad civil, la joven nicaragüense Yunova Acosta —miembro de la Alianza Cívica y directora de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia—, informó sobre la situación actual del país, denuncio la represión de la dictadura y demandó solidaridad con el pueblo de Nicaragua.
Por otra parte, antes de comenzar la Asamblea en Antigua y Barbuda, el nuevo secretario general de la OEA, Albert Ramdin, declaró a la agencia española de noticias EFE que “es importante monitorear la situación política de Nicaragua, que ya no es parte de la OEA, pero es parte del hemisferio. Y los principios de la OEA son importantes en este caso para el monitoreo”.
Así es. Aunque la dictadura ha aislado a Nicaragua de las Américas para asociarla con Rusia, China e Irán, y las satrapías africanas, las raíces históricas y culturales de la nación nicaragüense están en Nuestra América, como llamó José Martí a Latinoamérica.
Nicaragua, como país, al ser retirado de la OEA por la dictadura dejó de obtener las ventajas y beneficios que reporta la pertenencia a la Organización Hemisférica. Entre otros, la cooperación y asistencia técnica en diversas áreas como educación, salud, seguridad alimentaria, así como en la gestión de riesgo y prevención de desastres naturales. Muchos programas de esa naturaleza que se realizaron en Nicaragua “fueron financiados por organismos multilaterales a través de la OEA, con impacto positivo en comunidades vulnerables”.
Por ahora Nicaragua no pertenece oficialmente a la OEA. Sin embargo, los gobiernos democráticos de las Américas tienen la obligación política y moral de mantener vivo el interés hemisférico en la situación de este país, condenar los abusos de la dictadura y solidarizarse con la población nicaragüense que ha sido despojada de todos sus derechos democráticos y humanos.
Y no nos cabe duda de que una de las primeras tareas de la política exterior del gobierno democrático, que algún día sustituirá a la dictadura, tendrá que ser la reinserción de Nicaragua en la OEA.