Esa mujer de blanco

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 Ha fallecido Violeta Barrios de Chamorro, la primera mujer en ser presidente electa en toda América y la única mujer gobernante de Nicaragua. Terminó sus días en el exilio forzado, tras la arremetida represiva del dictador Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo.

Barrios ha marcado uno de los hitos históricos más grandes de nuestros tiempos, al ser la encargada de la pacificación de un país que tras años de guerra quedó en ruinas. Esa mujer de blanco, que miró y se expresó con amor a los nicaragüenses, que encendió en el corazón de cada ciudadano la fraternidad, la tolerancia y el respeto mutuo, fue la líder que más ha entendido a su pueblo.

Como esposa sintió el dolor de perder a su marido por las balas de la ambición por el poder, como muchas mujeres que tuvieron que enterrar a sus esposos muertos en la guerra, donde balas revolucionarias y contra revolucionarias dejaron luto y corazones rotos.

Como madre, entendió el sentimiento de todas esas madres a quienes les arrebataron a sus hijos para llevarlos a una muerte segura, fracturando las descendencias de muchas familias nicaragüenses, entendió la importancia de dirigir al país a un proceso democrático que permitiera la creación de empleos y la facilidad de adquisición para que ningún niño pasara más hambre.

Esa mujer de blanco, tan humana como todos, abogó frente al mundo la realidad de un país en quiebra, lleno de pobreza y con heridas frescas, que requería del apoyo de todos para que la tierra de lagos y volcanes saliera de esa crisis dejada por el endeudamiento, la falta de inversión, la nacionalización y la centralización de la economía nacional.

Ella entendió el daño que hizo la polarización ideológica. Al igual que muchas familias de nuestro país, la de ella también se encontró en disputas partidarias de quienes apoyaban el sandinismo y de quienes estaban en contra. Vio la inmadurez política de nuestra gente, que convierte el pensamiento crítico en fanatismo ideológico. Ella entendió al periodista, porque al igual que muchos sufrió de censura durante cada dictadura, pero no se doblegó ante la tiranía y continuó hasta el final su lucha por las libertades públicas, legado de Pedro Joaquín Chamorro.

De esa mujer de blanco y de todos aquellos que la respaldaron en el proceso debemos recoger que, si “Nicaragua volverá a ser República” depende de la capacidad que tengamos para solucionar los conflictos, y establecer espacios de diálogos con negociación. Los títulos y los reconocimientos les han quedado grande a tantos, que nos hace replantear si realmente merecían nuestro respaldo.

De ella me quedó la necesidad de pensar y crear con sentido nacional, no de alimentar los egos como los que pretenden ser presidentes o funcionarios públicos. Me quedo con la apertura a conversar, pero sin imposiciones ni golpes de mesas como muchos quieren hacerlo. Me quedo con su cristiandad para reconocer que Cristo es la mayor figura en nuestra historia que buscó el perdón de todos, sin distinción y que sufrió hasta la hora de su muerte el desprecio de su misma gente.

No pierdo la esperanza y sé que encontraremos el camino, un legado que los jóvenes debemos aprender, replicar y mejorar para que tenga mayor efectividad la instauración democrática de una nación que nació para ser libre y soberana, plural y participativa.

El autor es enlace nacional de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia. Presidente de Unidad Juvenil, activista liberal y prodemocracia, defensor de los derechos humanos.

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