Los programas de gobierno deben librarse del síndrome del búho

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Distintos grupos opositores han producido en estos últimos años varios programas de gobierno. El problema es que, aunque expresan elocuentemente sus buenas intenciones, muchos se quedan en generalidades: no abordan las medidas concretas que habría que implementar para realizar sus objetivos. Hablan de mejorar muchas cosas, pero no dicen cómo. Uno de los programas dice, por ejemplo: “Mejorar la calidad de la educación”. Pero sin una palabra sobre cómo mejorarla. Otro habla de incrementar el empleo, pero sin ninguna pista sobre cómo aumentarlo.  

Esta propensión a generalidades sin piso recuerda la fábula del búho y el pajarito enclenque: un ave flacucha, débil, menospreciada por las demás, que buscaba, sin encontrarla, la forma de ser fuerte y respetada. Hasta que un amigo le aconsejó: “Busca al búho; es el más sabio del bosque y te dirá qué hacer”.  Fue pues a buscarlo y plantearle su deseo. El búho con tono solemne le dijo: “Conviértete en águila; así serás fuerte y todo el mundo te respetará”.  Feliz con su repuesta el pajarito fue alborozado a contarle la gran solución a su amigo quien inmediatamente le pregunto: ¿y cómo te convertirás en águila? Tras quedarse inicialmente perplejo exclamó: “Iré de nuevo a preguntarle al búho”. Fue, y cuando este oyó la pregunta hinchó orgulloso el pecho y le dijo: “Yo doy las soluciones importantes, pero no me meto en asuntos de carpintería”.

Así ocurre, muchas veces, con numerosos enunciados de los programas de gobierno. Entre los muchos ejemplos leemos en uno de ellos, dice: “Lograr un crecimiento continuo robusto. Para esto, es imperativo, en el muy corto plazo… ir sentado en bases sólidas el crecimiento de mediano plazo con reformas estructurales que promueva el desarrollo humano sostenible”. A lo que podemos preguntar: pero ¿qué hacer para sentar esas bases sólidas? ¿Cuáles son esas reformas estructurales? Si no las responden, ¿será porque las consideran carpintería?  

Un buen plan de gobierno debe evitar estas generalidades sonoras y esmerarse en presentar medidas concretas. Algunos lo hacen, pero raramente. Una excepción que puede servir de ejemplo es uno que  propone en el tema educativo: “Incorporar a Nicaragua a programas internacionales para evaluar la calidad de la educación, tales como el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA). Esto si es un paso específico y práctico. Porque es casi imposible mejorar el desempeño de personas o instituciones sin medir resultados. De aquí que sea también indispensable, para mejorar la educación, poder evaluar el desempeño docente y ligar los salarios al mismo. Sin embargo, ninguno de los programas considera este tipo de propuestas.

Abundan ejemplos similares de temas necesitados de concreción. Como cuando se habla de la importancia de la independencia del poder judicial, pero sin discutir medidas concretas, como, podría ser, por ejemplo, hacer vitalicios dichos cargos. Igual, cuando otros mencionan la necesidad de mejorar el poder legislativo, pero sin confrontar un problema de fondo que lo corrompe, como es el poder que tienen los jefes o caudillos de partidos de nombrar los diputados a dedo y usar planchas. Vicio que puede desmontarse, pero con medidas concretas —rara vez mencionadas— como la elección uninominal de diputados, el ser electos en sus circunscripciones, el obligar a los partidos a celebrar primarias supervigiladas, etc. También se habla de fortalecer la familia, pero sin jamás aludir a medidas que podrían mejorarlas, como sería el fomento de las uniones matrimoniales a través de la educación e incentivos fiscales, y la penalización del abandono paterno.

El problema de fondo, que hace que el síndrome del búho plague tantos planes de gobierno, es el desconocimiento de los temas. Proponen combatir la pobreza, mejorar la educación, atraer las inversiones, etc., pero como no saben cómo hacerlo se quedan con expresiones bonitas, líricas, pero vacías. Proponer cosas hermosas lo puede hacer cualquiera. Proponer formas de alcanzarlas requiere mucho conocimiento, estudio y habilidad. El gran reto es la carpintería; conocer las formas prácticas de convertir sociedades raquíticas en aves de alto vuelo.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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