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Con el corazón arrugado por el dolor emocional y la conciencia entristecida, escribimos este editorial sobre nuestra querida e inolvidable doña Violeta Barrios de Chamorro, con motivo de su fallecimiento el sábado 14 de junio en San José de Costa Rica.
Doña Violeta era nuestra madre, la madre de todos los nicaragüenses dignos, honestos, amantes de la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos por los que luchó durante mucho tiempo con amor, entereza y coraje.
Doña Violeta liberó a Nicaragua de una oprobiosa dictadura sandinista y logró que volviera a ser República, pero tuvo que morir en el exilio adonde de hecho la envió la nueva dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Y porque la historia es así, ella ha fallecido en el mismo país fraterno, Costa Rica, donde en los años cincuenta del siglo pasado, en tiempos de la dictadura somocista, también estuvo exiliada acompañando a su esposo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Resulta difícil escribir sobre doña Violeta porque es muy poco lo que se puede decir en un artículo de periódico sobre su ejemplar vida y obra, como periodista, como política, como estadista, y sin duda como la mejor gobernante que ha tenido Nicaragua.
Lo que hizo doña Violeta fue una hazaña épica. Siendo ella la primera mujer presidenta por elección popular, de Nicaragua y de las Américas, tuvo que gobernar acosada implacablemente por el “gobierno desde abajo”. Como llamaron perversamente Daniel Ortega y los sandinistas a su estrategia de sabotajes políticos, violentos y armados, para no permitirle que gobernara en paz ni pudiera cumplir sus nobles propósitos por el bien de todos los nicaragüenses, incluyendo a los mismos sandinistas.
Ellos, ahora que por desgracia histórica nacional de nuevo han impuesto una tiranía, ante la muerte de doña Violeta han dicho que cuando su gobierno trabajaron “por la Estabilidad y la Seguridad de la vida de las familias nicaragüenses”. ¡Más hipocresía y falacia no podría haber!
Fue a pesar de ellos que doña Violeta cumplió sus objetivos de pacificar y reconciliar a Nicaragua, restablecer las instituciones de la República, instaurar el Estado de derecho, asegurar los derechos y libertades de todos los nicaragüenses y sacar al país y a la población de la pavorosa crisis económica y social en la que fue hundida por las irresponsables políticas sandinistas.
Cabe recordar que el 25 de abril de 2006, el otro presidente auténticamente democrático y honesto que tuvo Nicaragua en el período de 1990 a 2006, don Enrique Bolaños Geyer, condecoró a doña Violeta con la Orden Nacional Rubén Darío en su máximo grado de Gran Cruz. Y en esa ocasión ella expresó con merecido orgullo:
“El legado de mi gobierno fue dejar una Nicaragua en paz y democracia, con plena libertad de prensa y expresión, sin censuras ni amenazas. La tolerancia a las críticas, incluso las más injustas y despiadadas, se convirtió en una política de Estado. Durante mi gobierno le devolvimos su independencia a los cuatro poderes del Estado. Logramos que la autoridad militar se subordinara al poder civil. El Ejército y la Policía pasaron a ser profesionales y dejaron de llevar las siglas de un partido político…”
¡Sí! Doña Violeta hizo realidad los sueños de su corazón, y los ideales de su esposo Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, de que Nicaragua volviera a ser República. Lamentablemente la dictadura se volvió a imponer por la división del voto democrático y la traición de los políticos corruptos. Pero sin duda volverá a ser República otra vez y esperamos que ahora sea para siempre.
Entretanto, como lo comunicó oficialmente la familia Chamorro Barrios, doña Violeta permanecerá en Costa Rica, “hasta que Nicaragua vuelva a ser República, y su legado patriótico pueda ser honrado en un país libre y democrático”.
Que descanse en paz doña Violeta Barrios de Chamorro y brille para ella la luz perpetua.