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Todos queremos la unidad, es el sueño más acariciado por todos los nicaragüenses, tanto dentro como fuera de nuestra Patria; todos estamos conscientes que, de esa unión o desunión, depende el final o la continuación de la dictadura que hoy reprime a todos los nicaragüenses.
Lo increíble es que, sabiendo cuál es la llave para abrir la puerta a la libertad y la democracia de Nicaragua, la mayoría de dirigentes de las fuerzas, más o menos organizadas, prefieren mantenerse aislados, separados, en sus feudillos; según ellos, trabajando por Nicaragua.
¿Qué es lo que sucede?, ¿qué es lo que hay en el fondo de esta contradicción entre no hacer el bien que queremos y sí hacer el mal que no queremos?
En la medida en que me he ido adentrando en este difícil terreno, voy descubriendo cuánto hay de doblez, de mezquindad, de interés (aclaro, no en todos), pero sí en parte de la “oposición”. Tal como lo señalé en una entrevista reciente: existe una verdadera y una falsa “Oposición”. He conocido a verdaderos opositores que han dejado de asistir a sus trabajos para poder estar presentes en los encuentros por una oposición organizada; soy testigo de cómo, hombres y mujeres han viajado días enteros por estas carreteras, desde otros estados, para estar presentes y aportar un granito de arena a la causa; he visto con satisfacción, a hermanos que han tenido que hospedar en sus casas a otros hermanos que vienen de fuera, para evitarles el pago de alojamiento, he sabido de personas que han venido desde Suiza, Alemania, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala, para poder asistir a estos encuentros; hermanos que se han venido con solo el pasaje de venida, para poder llevarse una palabra de aliento y de esperanza; por hacer algo para poder ver un día libre a la tierra donde nacimos. A estos hermanos: mi respeto, ustedes son mi orgullo y mi corona.
Pero también, y con tristeza, he conocido la otra cara de la moneda: gente sin escrúpulos, sin el más elemental principio ni convicción, gente que va, desde los que son enviados por la dictadura, para hacer un trabajo de división entre todos los grupos existentes, personalmente o por algunos medios de comunicación social; hasta a aquellos que, ilusamente, viven suspirando y esperando a que los Ortega les lancen unas migajas de reconocimiento, y poder regresar a Nicaragua para volver a disfrutar de las mieles que el maridaje con ese desgobierno les brindó durante años, y que lógicamente se opondrán a cualquier otra iniciativa que surja y ponga en peligro su futura estabilidad; y tanto unos, como otros, “tontos útiles” de la dictadura, se hacen llamar “oposición”.
Hay quienes piensan, y no creo que por malinchismo, que la fuerza y el éxito de la oposición están en buscar la sombra de instituciones extranjeras que les cobijen económica y hasta programáticamente, que les digan qué hacer y cómo hacerlo, cuando una cosa es cierta: este problema es de los nicaragüenses y somos nosotros, y nadie más que nosotros, los responsables de resolverlo; nadie, ni EE. UU., ni España, ni Venezuela nos va a resolver nuestra situación, precisamente porque es nuestra, no de ellos. Estoy seguro que estas instituciones amigas serán las primeras en respetar la originalidad, la fisonomía propia de esta lucha, comenzando con el cierre de la llave económica, para saber quiénes andan detrás del santo y quienes detrás de la limosna.
En medio de este ambiente nació la gran Confederación Opositora Nicaragüense (GCON) y como resultado del encuentro del 30 de mayo se da la Alianza entre esta y la Plataforma por la Unidad y la Democracia (PUDE), Renacer y el Frente Unido Democrático (FUD), y algunas otras, logrando aglutinar a 40 organizaciones activas y legítimamente opositoras.
Esta alianza ha venido, como dice el Señor, “a poner al descubierto a muchos corazones”, que si fueran realmente opositores se alegrarían de este gran primer paso hacia la unidad; prueba que no lo son es el malestar que muchos de ellos han manifestado; recurriendo muy al estilo sandinista, a la mentira, a la calumnia, a las zancadillas, al descrédito, para crear confusión.
Entre otros malintencionados disparates se ha dicho que este servidor está siendo manipulado:
Que soy amigo de sandinistas. Cuando en verdad no tengo ni un solo amigo sandinista, pues soy consciente del daño que le han causado a Nicaragua.
Que soy amigo de los MRS. Tampoco tengo a ni un solo amigo que milite en esa agrupación de origen sandinista.
Otros dijeron que detrás de mí está la familia Chamorro. (Además de creer que esta familia tuvo su oportunidad en el pasado, no tengo ningún interés de trabajar para nadie más que para Nicaragua).
Y lo último que supe, es que un conocido asegura, que mi asesor principal es Rafael Solís (con quien nunca en mi vida he conversado y del que únicamente sé que es el artífice de la reelección y perpetuación del Dictador en el poder.
Lo he dicho hasta la saciedad: lo importante no es que seamos de derecha o de izquierda, lo urgente es rescatar a Nicaragua, ya después los nicaragüenses sabrán elegir, libremente, a quienes ellos crean que se merecen que los representen.
Esa es nuestra realidad: una oposición dividida, fragmentada, pero, gracias al Señor, ya enrumbándose hacia la unidad.
Líderes de la verdadera Oposición: estamos a tiempo para enderezar el rumbo; entre los opositores hay gente muy valiosa, de talento, desinteresada, gente que ama a Nicaragua, que desea volver a ella, personas que si tuvieran que sacrificar sus vidas, las sacrificarían y con mucho gusto.
Piensen en los que están dentro de esa gran cárcel, llamada Nicaragua, piensen en los cientos de miles que han abandonado y siguen abandonando el país sin rumbo cierto. Piensen en los secuestrados políticos, piensen en sus familiares y amigos.
Pasen a la historia con la frente en alto, como los que se deshicieron de sus intereses personales, de grupos o de ideologías, para ponerse a los pies del Señor y del altar de la Patria, para salvar a nuestra Nicaragua de criminales, terroristas y delincuentes.
Les pido, en el nombre de ese Señor, que nuestros padres nos enseñaron a amar, a adorar y a reconocer como nuestro único Dios y Señor: no le fallemos a Nicaragua en esta hora crucial, cuando necesita de todos sus mejores hijos.
Hagamos realidad su Palabra: “Que todos seamos uno”.
Nicaragua es de todos los nicaragüenses y volveremos a ella.
El autor es sacerdote católico nicaragüense en el exilio.