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Desde su captura en una tarde lluviosa del 29 de septiembre del 2023, captada en video, no se sabe nada, absolutamente nada, de este líder misquito y diputado. Podría haber muerto —tenía al momento de su captura 71 años y algunos problemas de salud—, podría estar siendo sometido a torturas, podría estar famélico. No hay forma de saberlo. No se sabe dónde está. Su hija Tininiska fue amenazada con prisión por la Policía si trataba de averiguarlo. Días después allanaron su casa, pero ella escapó a tiempo al exilio.
En menos de cuatro meses, Brooklyn cumplirá dos años desaparecido. Su caso no es el único. Secuestrar personas sin una palabra sobre su estado legal y físico, sin acceso a familiares o abogados y desaparecerlas en lugares secretos, se ha convertido en política oficial del régimen. Son docenas los secuestrados por muchos meses y algunos por más de un año. Entre ellos, para sólo citar dos ejemplos, la periodista Fabiola Tercero y el otro líder costeño, Steadman Fagoth.
Este procedimiento es uno de los testimonios más chocantes de la crueldad del régimen y su desprecio por las normas más elementales del derecho universal. Es cruel para el secuestrado y para sus familiares. Al primero porque lo aíslan completamente del mundo y lo confinan a mazmorras en la que está completamente indefenso ante los abusos que quieran propinarle sus captores. Sabe que no puede defenderse. Que nadie oirá sus gritos. Que pueden hacer con él lo que quieran. Sus captores, para torturarlo emocionalmente, le pueden decir cualquier patraña sobre sus familiares o amigos de afuera.
Es cruel para los familiares. No poder saber si su padre, hijo o hermano, está sano o enfermo, si está siendo bien tratado o torturado, si está vivo o si ya lo mataron, causa inenarrables angustias. Lo peor es que tienen sobradas razones para temer lo peor. Porque saben que su deudo no está en manos de angelitos sino de un sistema que oficialmente considera a sus adversarios como una especie subhumana; como escoria, sanguijuelas, traidores, hijos del demonio, etc. Están en el puño del odio.
Entre las normas legales que viola la desaparición forzada destaca la figura del Habeas Corpus, uno de los principios más básicos, universales y antiguos del derecho. Procedente del latín significa “aquí tenemos el cuerpo”, indica la obligación de las autoridades de llevar al reo ante el juez a fin de que defina los motivos legales de su detención. El principio subyacente es que nadie puede ser mantenido en prisión sin causa. Hacerlo es un arresto arbitrario violatorio del artículo 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dicha acción se ve muy agravada si además se le añade el ocultamiento del reo. El artículo 5 de la Convención de la ONU para las desapariciones la condena severamente: “La práctica generalizada o sistemática de las desapariciones forzadas constituye un crimen de lesa humanidad tal como se define en el derecho internacional aplicable y acarreará las consecuencias previstas en el derecho internacional aplicable».
Incurrir es estas prácticas constituye no sólo una muestra del desprecio por las normas internacionales de las cuales Nicaragua es también signataria, sino también —y esto es el colmo— de su propia y nueva Constitución: art. 27, 11: “Toda persona tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad de acuerdo con la ley”. Artículo 32: “Nadie puede ser sometido a detención o prisión arbitraria ni ser privado de su libertad. Toda persona tiene derecho en igualdad de condiciones al debido proceso y a la tutela judicial efectiva”.
Si es así, que enseñen a Brooklyn Rivera. Que lo acusen de los cargos que quieran, pero que lo lleven al juez y sujeten a debido proceso. Y con Fabiola y todos los demás. Mostrarlos favorecería la imagen del gobierno. Seguir ocultándolos alimentaría las peores sospechas y proyectaría, aún ante los más ciegos, la imagen de un gobierno que mientras habla de cristianismo y amor actúa inhumanamente y viola, con el máximo descaro las normas más sagradas de los derechos humanos, la legislación internacional y sus propias leyes.
Que enseñen a Brooklyn. ¿O es que no pueden?
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.