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Los Ortega Murillo son una pareja llena de terrores y temores. No confían en nadie y ven peligros mortales por todas partes. Saben que son odiados. Temen que aún sus colaboradores más cercanos escondan puñales. Tienen por tanto que estar siempre alertas descifrando las malvadas maquinaciones de sus enemigos o las posibles conspiraciones de sus cercanos.
Una de las cosas que más excita su terror son las aglomeraciones. Las multitudes los espantan. Les recuerdan el pueblo que se levantó en masa en 2018. Cuando la gente salió a las calles a celebrar la victoria de Mis Universo, a ellos —posiblemente más ella— no se les ocurrió pensar que era una manifestación espontánea y sincera de júbilo, sino una siniestra trama política. Por tanto, apresaron a quienes habían preparado y promovido a Sheynnis Palacios.
Igual les pasó con los evangélicos de Puerta de la Montaña. Les habían dado permiso para montar su rally pensando que era una forma de afrontar a la Iglesia católica. Pero cuando vieron aquella Plaza de la Fe con más de cien mil personas, el pánico volvió a embargarlos. Habían reunido mucha más gente que el comandante y sin utilizar los enormes recursos que emplea para sus demostraciones. ¡Peligro inminente! se dijeron a sí mismos. Apresaron entonces a todos los organizadores y confiscaron sus bienes.
Similar terror sienten hacia las procesiones religiosas. Estas congregan mucha gente, católicos en particular, y por tanto sospechosos de adversar al régimen. De ellos puede surgir la chispa temida, o crear un sentimiento de hermandad o solidaridad igualmente peligroso. Por tanto, se prohíben. Ellos temen en forma especial a la Iglesia católica y, en general, a la comunidad cristiana. Porque son instituciones con sus propios criterios, estructura de mando, y con una ética muy diferente, defensora de la dignidad humana y adversa al mal. Incluso temen a las monjas de clausura, porque en el fondo les preocupa que sus oraciones sean oídas y porque representan una fuerza espiritual contraria a los principados oscuros. Por eso, destierro y confiscaciones.
Igual que la oscuridad teme la luz, la pareja abomina además la libertad de expresión. Quienes viven en la mentira, o tienen muchas cosas que ocultar, tiemblan ante la verdad. Igual ocurre con los soberbios. Quienes se creen supremos e intocables temen, y por tanto no toleran (temor e intolerancia van de la mano), la menor crítica, el menor gesto de pensamiento distinto. Por eso hoy día cuando proponen una ley a la asamblea nacional no hay nunca un solo voto en contra, ni una abstención, ni un voto ausente. Los diputados saben bien que no seguir fiel e instantáneamente la corriente les traerá represalias inmediatas.
La pareja le tiene alergia y temor a la más mínima independencia. Por eso quiere conformidad total y sumisión absoluta. Razón por la que han cerrado todas las ONG. ¿Su delito?: ser No Gubernamentales. Por lo mismo han confiscado casi todas las universidades privadas. Todo lo que sea autónomo o, peor aún, promueva el pensamiento crítico es anatema.
Sobrancero es decir que le tienen terror a las elecciones y a los partidos libres. Al extremo que no pudieron tolerar la existencia de un solo candidato independiente. Quien osó hacerlo terminó preso. Y hoy no toleran a cualquier sospechoso de albergar sentimientos contrarios, lo que explica la actual ola represiva y la expatriación masiva de ciudadanos sin mayor delito que ser parientes de opositores.
Quizás el más corrosivo de sus terrores es el que sienten hacia sus propias filas. Saben que la mayoría de sus empleados públicos, a quienes quitaron su derecho a la indemnización por años de servicio y humillado al enmascararlos como policías voluntarios, los detestan. Saben que quienes les sonríen lo hacen por interés o por temor, pero nunca por amor. De allí su propensión a las purgas y su extrema susceptibilidad al menor síntoma de disidencia. Pero la peor de sus pesadillas es el fantasma de Nicolae y Elena Ceausescu, la pareja comunista que tiranizó Rumania por 24 años y que terminó siendo ejecutada por los mismos generales que antes les reían y habían jurado lealtad.
¿Podrán dormir tranquilos sin buenas dosis de ansiolíticos?
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.