Enrique Oliú, comentarista nicaragüense de los Tampa Bay Rays. ARCHIVO

Enrique Oliú, el nicaragüense ciego que comenta los partidos de los Tampa Bay Rays 

Toda su vida ha sido no vidente y prácticamente se crio solo en otro país. A sus 63 años sigue comentando sobre partidos que no puede ver, pero tiene su propio método para hablar cada noche frente al micrófono.

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Le basta escuchar el madero golpeando la pelota para saber si el batazo se va de hit, de foul, o de jonrón. Así empieza explicando Enrique Oliú, el comentarista no vidente de la sección en español de los Tampa Bay Rays, su método para no perderse ningún detalle de lo que pasa en el partido. 

Las expresiones de los aficionados, el sonido de las bocinas del estadio y todo lo que los narradores que le acompañan en la cabina dicen durante el partido, también le sirven para que no se le escape nada. Y aunque sus afinados oídos son sus más grandes aliados en cada juego, su esposa Debbie Perry es su principal cómplice. 

“Ella me dice los datos al oído y me cuenta algunas cosas que no puedo saber sólo por el sonido”, dice Oliú, como nombres de jugadores, estadísticas del partido y demás, explica este hombre que es ciego desde que nació, hace 63 años, en el antiguo Hospital San Vicente, en Matagalpa.

A la derecha, Enrique Oliú durante una transmisión. A su lado, su esposa Debbie Perry. ARCHIVO

Los últimos 26 años, Oliú se ha dedicado a comentar en español los partidos de los Rays. De hecho, el comentó el primer partido de la historia de este equipo, el 31 de marzo de 1998, y dice que ese es el más especial de toda su carrera, pese a que también ha narrado dos series mundiales, la de 2008 y la de 2020. 

Además, Oliú también ha comentado otros deportes como futbol americano, boxeo y hasta baloncesto, en los cuales puede ser complicado emitir comentarios si no se está viendo lo que pasa, pero al igual que en el beisbol, dice el matagalpino, “yo sólo siento y me dejo llevar”. 

Se crio solo 

El apellido Oliú es originario de Cataluña, España, desde donde migró el bisabuelo de Enrique para establecerse en Cuba. “Después llegaron a Guatemala y de alguna manera terminaron en Nicaragua”, relata el comentarista. 

Desde que nació, Enrique Oliú no tenía visión. Sólo identificaba luces y algunas manchas con colores. Para su familia eso no era motivo para que él se quedara atrás en sus metas. “Era no vidente, pero me dejaban hacer de todo”, recuerda.

Lea también: Carlos Lara, la voz detrás de Carelara, el inseparable amigo de Aniceto Prieto

A los 5 años, la familia lo envió a Costa Rica para estudiar en un colegio especial para niños no videntes. Era el único de Centroamérica en aquel entonces, a finales de los sesenta, y “era lo mejor que podía tener en ese momento”. 

A pesar de que era un niño, la familia lo envió a él solo a Costa Rica para que estuviera de interno, en donde además de estudios, le daban alimentación y le ayudaban en su desarrollo. “Fue difícil al inicio. Muy triste. Me acuerdo de que me fui de vacaciones para Matagalpa en Semana Santa, y yo no quería regresar (a Costa Rica)”, cuenta.

Fue en ese lugar que a Oliú le enseñaron a leer y escribir en braille, el lenguaje especial para ciegos. 

Al terminar el sexto grado, la familia de Oliú lo envió a Miami, Estados Unidos, para que continuara con la secundaria, porque en Costa Rica sólo había primaria. Él no hablaba inglés y le tocó aprenderlo para poder comunicarse, y al igual que antes, le tocó irse solo a un nuevo país.

En el centro, de blanco y con audífonos, Enrique Oliú junto a sus colegas Enrique Taveras, Alex Pina y un ejecutivo de ventas. ARCHIVO

Aunque siempre contó con el apoyo de su familia, “prácticamente me crie solo”, detalla Oliú, pero también está agradecido con los suyos porque “uno después se da cuenta que es lo mejor que pueden hacer por uno y echar para adelante”. 

Quería ser jugador 

Desde pequeño, Oliú se interesó por dos cosas que definieron su vida: la radio y el deporte. 

Él recuerda que su padre escuchaba deportes en la radio, en aquellos tiempos cuando Sucre Frech era el referente de la crónica deportiva en Nicaragua. Sin embargo, Oliú señala que fue en Costa Rica que empezó a interesarse más por los deportes y le gustaba el futbol. 

“Yo quería jugar, pero no podía (ríe). Entonces la segunda opción era ser locutor deportivo”, comenta. 

Hubo un tiempo en su juventud en que quiso ser luchador también, y después hubo una época en que se interesó por la tecnología y las computadoras, pero al ser no vidente y sobre todo un hombre al que no le gusta estar encerrado en cuatro paredes, prefirió la crónica deportiva. 

En Estados Unidos, Oliú se bachilleró en el Florida Junior College y luego entró a estudiar Comunicación en la Universidad del Sur de Florida. Desde entonces tuvo que enfrentarse a quienes le decían que su sueño de ser comentarista deportivo no iba a ser posible por su incapacidad para ver. 

Oliú dice que no se rindió porque él sabía que era capaz de comentar en partidos aún sin poder ver el juego, pero el problema es que otras personas no estaban convencidas. “Era difícil. No creían en mí”, recuerda. “Uno sabe, uno se sienta bastante cerca del terreno para saber qué está pasando y el narrador también dice mucho de lo que está pasando”.

Arriba a izquierda en la cabina de transmisión, Enrique Oliú, en el Tropicana Field de los Rays de Tampa Bay. ARCHIVO

Mientras estudiaba, Oliú escribía para la sección de deportes de un periódico universitario y desde antes de graduarse como comunicador comenzó a tocar puertas, pero en todos lados se la cerraban en la cara. 

Fue hasta que el director de una radio, Gabriel Puli Sequiera, le dio la oportunidad de narrar en una liga de veteranos como voluntario, y sin salario, “pero yo estaba encantado porque entraba sin tener que pagar a estos juegos”. Después, le dijeron que podía comentar en otros deportes que a él le llamaran la atención.

Lea también: La gira del papa León XIV por Centroamérica y el motivo de por qué no visitó Nicaragua 

Para aquellos años, Oliú ya estaba afinado con las estadísticas, datos y nombres, lo cual para ser comentarista es vital porque le da contenido e ideas para hablar en cada partido. Eso gustaba mucho entre las personas que lo escuchaban, y se sorprendían aún más cuando se daban cuenta que era no vidente. 

Su llegada a los Rays 

Un día, casi por casualidad, Enrique Oliú se encontró con un viejo amigo de la universidad. Se trataba de Orestes Destrade, un jugador de beisbol que entonces estaba trabajando con los Rays. “Yo le dije que no se olvidara de mí y a los pocos días él habló con alguien del equipo y desde entonces estoy aquí”, relata el comentarista. 

Desde aquel 31 de marzo de 1998 en que Oliú comentó en el primer juego de los Rays en español, prácticamente ha estado comentando en todos los partidos del equipo en los últimos 26 años. Sus oídos siguen siendo los sustitutos de esos ojos que la vida le negó, y el día en que le fallen, confía en que su esposa Debbie estará ahí para ayudarle.

Enrique Oliú junto a su esposa Debbie Perry. ARCHIVO

Oliú dice que a ella le debe mucho, sobre todo porque desde que la conoció, hace más de 20 años, le lee los periódicos y toda la información necesaria para prepararse antes de cada partido. 

En sus 63 años de vida, que no podría entenderse sin el deporte, Oliú dice que todavía le hace falta comentar para “el grande de las cuatro letras, ESPN”. Además, quiere que algunos comentaristas jóvenes se fijen en su historia, “para que se den cuenta que con esfuerzo pueden lograr sus sueños”. 

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí