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Los papas no eligen sus nombres al azar. El cardenal Prevost, al llamarse León XIV está indicando su afinidad y simpatía hacia el papa León XIII. Aunque este fue el autor de diez encíclicas sobre la virgen María, y de muchas otras iniciativas religiosas y diplomáticas, su mayor fama le viene de su encíclica Rerum Novarum, 1891, subtitulada Sobre la situación de los obreros. Hoy es considerada como la originaria de la doctrina social de la Iglesia.
Releerla, que es importante, puede producir sorpresas. León XIII la escribió desde la perspectiva de la compasión reconociendo el sufrimiento y penas del proletariado de su época. Pero sus reflexiones sobre la forma de remediarlas no se aproximan en nada a quienes recetan buenas dosis de socialismo, redistribución forzada y distintas formas de intervencionismo estatal. Más bien algunos de sus planteamientos parecen más afines al pensamiento libertario que al progresista.
Respecto al socialismo León XIII advierte que empeorará la vida de los obreros, en parte por negar el derecho y utilidad de la propiedad privada. Respecto al papel del Estado señala que debe ser facilitar “que brote espontáneamente la prosperidad tanto de la sociedad como de los individuos”. Alude pues a una prosperidad que no es planificada ni forzada desde arriba, sino que surge espontáneamente, es decir, libremente, de la interacción voluntaria de los individuos.
Sus reparos al Estado absorbedor o intervencionista dieron lugar a lo que la doctrina social de la Iglesia llama el principio de la subsidiaridad; la tesis de que el Estado debe dejar plena libertad a los individuos para asociarse y resolver sus problemas autónomamente. “Es gravemente erróneo”, dice, “quitarles a los individuos lo que ellos pueden lograr por su propia iniciativa o industria”. La acción del Estado debe limitarse a los casos en que por su naturaleza o magnitud las iniciativas privadas no puedan hacerles frente; como por ejemplo la defensa, obras nacionales de infraestructura, etc.
Su abordaje del tema de la redistribución es igualmente adverso a la inclinación de populistas y progres a imponerla coercitivamente. “Es un deber socorrer a los indigentes”, admite. Cristo nos juzgará sobre cómo respondimos a las necesidades del prójimo, pero, “no son estos, sin embargo, deberes de justicia, salvo en los casos de necesidad extrema, sino de caridad cristiana, la cual, ciertamente, no hay derecho de exigirla por la ley”. Que es precisamente lo que los progres proponen; quitarles a los ricos para darles a los pobres; compasión fácil pues la financian con dinero ajeno.
León XIII también manifestó el deber moral que tienen los empresarios de pagar salarios suficientes a los trabajadores y no imponerles cargas u horarios onerosos. Igualmente llamó a que el Estado tenga una preocupación preferencial por tutelar los derechos de los más pobres. Pero a lo largo de su pensamiento es obvia su reticencia a conceptuar los remedios institucionales como la única o mayor solución al problema de la pobreza. Retomando la tradición cristiana insistió en que “lo que más contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta índole”.
Es desafortunado que casi un siglo después, secciones del pensamiento católico hayan descartado la sabiduría de esta encíclica y caído en la trampa de remedios estatistas dañinos. El caso más flagrante fue el de la Teología de la Liberación, quien conceptuó al capitalismo como el enemigo del pobre y al socialismo como su salvación. Hoy hay casos menos extremos, pero donde perviven distintos grados de hostilidad hacia el capitalismo. Parecieran ignorar que fue su aceptación lo que permitió a China sacar a centenares de millones de sus habitantes de la pobreza.
León XIII inauguró el pensamiento social católico. Ojalá que este continúe siendo fiel a su legado. Los temas sociales son complejos y admiten muchas opiniones. Pronunciarse sobre ellos exige extremada prudencia, ciencia y conocimiento. A 134 años de distancia la Rerum Novarum sigue siendo una guía confiable y sorprendentemente actual.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.