Sandino

Sandino libró una guerra de 1927 a 1933 contra los marines en Nicaragua. LA PRENSA/CORTESÍA

El día que Sandino propuso que un estadounidense asumiera el poder en Nicaragua

Sandino sería un “traidor a la patria”, según la lógica del régimen. Él mismo propuso que un gobernador militar de Estados Unidos asumiera el poder en Nicaragua y que ese país supervigilara las elecciones.

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El pasado 4 de mayo, los diputados al servicio de la dictadura familiar Ortega Murillo aprobaron con pompas y arengas que esa fecha sería conocida como el “Día Nacional de la Dignidad”, en homenaje a un capricho de Augusto C. Sandino que los sandinistas consideraban “una gesta histórica”.

Los legisladores del régimen justificaron la fecha alegando que el 4 de mayo de 1927 Sandino se había negado a firmar el Pacto del Espino Negro, que ponía fin a la guerra civil entre liberales y conservadores y, al contrario, se había rebelado contra las tropas estadounidenses que se encontraban en el país.

Sin embargo, en la narrativa oficialista se ocultaba un dato sospechoso que, de haber ocurrido actualmente, tendría al propio guerrillero preso, desterrado y desnacionalizado por “traidor a la patria”.

Uno de los rasgos más distintivos que la propaganda de izquierda había construido de Augusto C. Sandino era su antimperialismo. No obstante, algunos cuestionaban que esto fuera cien por ciento cierto.

Sandino pidió un gringo

El exministro de Educación Humberto Belli se atrevió a cuestionar desde la ética algunas de las principales acciones de Sandino. Entre ellas, una de las más celebradas: la de oponerse a los acuerdos firmados en el Pacto del Espino Negro, con los que se pondría fin a la guerra civil que Nicaragua vivía en 1927.

«Moncada y todos sus generales, con la excepción de Sandino, así como el gobierno conservador, creyeron mejor resolver el conflicto a través del voto, el cual, dicho sea de paso, llevaría al poder a los liberales sin necesidad de más sangre. Sandino discrepó, pero no por razones de soberanía, sino porque odiaba que el conservador Adolfo Díaz permaneciera interinamente en el poder», opinó Belli en un artículo publicado en LA PRENSA en mayo de 2015.

Para sostener su afirmación, el exministro citó una carta del 24 de mayo de 1927 dirigida por Sandino al Jefe del Destacamento de Marino en Jinotega: “Proponemos como condición sine qua non para deponer nuestras armas que asuma el poder un gobernador militar de los Estados Unidos mientras se realicen las elecciones presidenciales supervigiladas por ellos mismos”. Al no obtener lo demandado, Sandino inició su guerrilla enarbolando la causa de la soberanía, subrayó Belli.

El famoso Pacto del Espino Negro, del que se continuaba hablando casi un siglo después, se llamaba así porque fue firmado bajo un árbol de esa especie, el 4 de mayo de 1927, en Tipitapa.

Allí se reunieron José María Moncada, general en jefe del Ejército Liberal Constitucionalista, y Henry L. Stimson, representante del gobierno de Estados Unidos en una misión pacificadora para terminar con la Guerra Constitucionalista detonada por el golpe de Estado de Emiliano Chamorro Vargas contra el presidente Carlos Solórzano.

Ese arreglo implicaba el desarme tanto del Ejército Liberal Constitucionalista como del gubernamental, a cambio de 10 dólares por cada rifle. Además, establecía la continuidad del presidente conservador Adolfo Díaz en el poder por el período que le habría correspondido a Solórzano.

El tercer punto era la creación de la Guardia Nacional, organizada y dirigida por el ejército estadounidense hasta consolidarla. El cuarto inciso establecía que en octubre de 1928 se convocarían elecciones supervigiladas por marines y calificadas por jueces norteamericanos.

El quinto acuerdo contemplaba la presencia indefinida de la ocupación militar estadounidense para garantizar lo anterior y, finalmente, el sexto garantizaba «apoyo en los comicios a la candidatura presidencial de José María Moncada», según detallaba el historiador Jorge Eduardo Arellano en su texto Sandino frente al Espino Negro.

Lea además: Augusto C. Sandino, ¿héroe o bandido?

Sandino en México
Sandino, el héroe de los sandinistas, ha sido desmitificado en varios aspectos de su vida, como sus creencias sobrenaturales y su salvajismo antre sus enemigos. LA PRENSA/ARCHIVO

Defensores de Sandino

Todos los generales subalternos de Moncada acataron el pacto, menos Sandino. Para él, era «indispensable» que la presidencia quedara en manos de Juan Bautista Sacasa, vicepresidente liberal electo en 1924 y derrocado en «El Lomazo» de Chamorro.

Sandino se negó a entregar sus armas y entre 1927 y 1933 combatió a las fuerzas estadounidenses y a la recién nacida Guardia Nacional en el territorio de Las Segovias, con su Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN).

Desde entonces, su gesta de desobediencia inspiró ensayos, canciones y poemas, sin que se cuestionara mucho dónde terminaba la verdad y empezaba la leyenda.

En 2015, el artículo de Belli provocó malestar en sectores sandinistas. El historiador Rafael Casanova salió en defensa de la figura del «general de hombres libres» y escribió una extensa respuesta, explicando que la carta del 24 de mayo fue una de las dos que Sandino envió tras la firma del Pacto del Espino Negro (la otra fue a Moncada), en medio de «preparativos para la guerra que se avecinaba».

Según Casanova, se trataba de una propuesta que los norteamericanos nunca aceptarían y que fue enviada a un jefe departamental de los marines en Jinotega, quien no tenía autoridad para decidir sobre ese tipo de asuntos.

Pero las críticas al supuesto antimperialismo de Sandino eran tan antiguas como su lucha. En aquella época, el intelectual Alejandro Reyes Huete lo cuestionó duramente y escribió: «Tuvo la habilidad de disfrazar sus propósitos con un gesto de patriota enarbolando la bandera de la soberanía nacional. Esa habilidad y la literatura antimperialista, en boga entonces en algunos talentos hispanoamericanos, dieron a Sandino relieves de símbolo para los países de América, celosos de la preponderancia de los Estados Unidos».

Además, ya en ese tiempo se discutían las dos cartas mencionadas anteriormente. Sin embargo, de acuerdo con historiadores, el propio general defendió su posición ante esas acusaciones.

«Dos miserables y cobardes intelectuales de Managua, de quienes por sentir desprecio no digo sus nombres, han seguido con minuciosidad los pasos que he dado durante mi vida y, no encontrando nada de qué acusarme, se han detenido frente a dos cartas de carácter político que he escrito en la historia de la guerra constitucionalista», habría expresado el 10 de abril de 1929.

SANDINO Y SUS TROPAS
Sandino y parte de sus tropas y mandos. Libró una guerra de guerrillas contra los marines apostados en Nicaragua. LA PRENSA/ARCHIVO

¿Fue una estrategia desesperada de Sandino?

En su libro documental de dos volúmenes, Sandino. El pensamiento vivo, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez explica que la carta del guerrillero al jefe militar de las tropas extranjeras fue una estrategia ante un contexto adverso en el que tenía que tomar una decisión mientras maduraba sus planes.

De acuerdo con la investigación, el 23 de mayo, su padre, Gregorio Sandino, arribó a Yalí y trató de convencer a su hijo para que depusiera las armas y así se lo hiciera saber a Moncada por escrito.

“Los veintiún hombres que me quedaban —afirma Sandino— tenían opiniones diferentes. Unos creían que era conveniente que […] contestara por escrito. Los otros se mostraron indiferentes a toda resolución […] estos últimos, por ser indiferentes, me inspiraban menos confianza en su fidelidad, y creí que era bueno atender a los que se interesaban por el asunto”.

Al día siguiente, de acuerdo al libro, Sandino accedió a la propuesta de su padre e instruyó a José Moral —un antiguo sacerdote católico radicado en Yalí y dedicado a las tareas agrícolas— para que redactara una carta dirigida al jefe del destacamento de marinos en Jinotega.

Según Ramírez, “convencido de la hipocresía de los yanquis” y de la “macabra política que han desarrollado en Nicaragua…”, Sandino firmó la carta sabiendo que, si por una parte los hombres que todavía le seguían se sentirían con “un ánimo más despejado…” y continuarían bajo sus órdenes, por otra, su contenido daría oportunidad para que sus amigos políticos lanzaran, como en efecto lo hicieron, una campaña de calumnias y desprestigio en su contra, presentándolo como un oportunista vendepatria”.

No obstante, y a pesar de este riesgo, dice Ramírez en su obra que Sandino asumió la responsabilidad, consciente de que “era necesario sacrificar algo por salvar el honor nacional […]; con esa nota —afirma— sacrifiqué mis propios sentimientos, y en aquella época, como hoy [1929], estoy dispuesto a agregarle al sacrificio de mis sentimientos, el de mis energías y el de mi propia vida, sin importar la baba que los menguados, cobardes y pusilánimes quieran derramar sobre mi nombre”.

“Los temores de Sandino sobre la tergiversación que se haría de sus sentimientos al suscribir dicha nota —tal y como ya hemos dejado apuntado antes— no fueron vanos. Y al igual que sus enemigos de ayer, los menguados de hoy pretenden derramar nuevamente baba sobre su nombre. El 2 de febrero de 1984, casi tres semanas antes de conmemorarse el cincuentenario de su asesinato, el diario La Prensa [Managua, No. 16.924, p. 2, col. 1] publicó un comentario de la redacción en el que, ignorando el contexto en que esta misma carta fue escrita, reprodujo el texto íntegro, tomado del libro apócrifo de Anastasio Somoza García, con una introducción en la que se intentaba justificar sus posiciones prointervencionistas al reclamar supervigilancia norteamericana en las elecciones que se realizarían próximamente en Nicaragua”, escribió Ramírez.

Parte de esos registros y las comunicaciones de Sandino se encuentran en los registros oficiales del Departamento de Estado relacionados con Asuntos Internos de Nicaragua, almacenados en College Park, Maryland.

Marines de Estados Unidos exhiben una bandera roja y negra con una calavera y un cruce de un machete y un fusil, que pertenecía a las tropas de Sandino. LA PRENSA/ARCHIVO
Marines de Estados Unidos exhiben una bandera roja y negra con una calavera y un cruce de un machete y un fusil, que pertenecía a las tropas de Sandino. LA PRENSA/ARCHIVO

Su plan o la guerra

Según datos oficiales de la Comandancia General de U.S.M.C., en la «Reseña de la Organización y Operaciones de la Guardia Nacional de Nicaragua» publicada en la Revista Conservadora No. 27 (diciembre de 1962, suplemento 4, p. 38), tras el rechazo de su propuesta de un gobernador militar norteamericano dirigiendo el proceso electoral, Sandino se retiró a combatir en Las Segovias contra los marines, mientras estos intentaban cumplir lo pactado en Tipitapa.

El 31 de mayo, cincuenta marines partieron de Managua escoltando al nuevo jefe político liberal de Nueva Segovia, Arnoldo Ramírez Abaunza, hasta Ocotal. A su llegada, el 8 de junio, recolectaron las armas de las fuerzas liberales y conservadoras en la zona, pagando diez dólares por cada una.

Sandino y sus hombres se refugiaron en la montaña. Ocotal y las poblaciones cercanas estaban interconectadas por telégrafo, aunque no con Managua ni con otros puntos del departamento.

Blanca, su esposa, telegrafista en San Rafael del Norte, lo mantenía informado de las comunicaciones y movimientos de los marines. Sandino y sus montañeses se movían con libertad por casi toda Nueva Segovia.

El 14 de junio, Sandino dirigió un mensaje al jefe político Ramírez Abaunza desde El Berduguillo: “Tengo mucho gusto en participarle… que mientras acepto a usted como Jefe Político del Ocotal, no aceptamos a ninguna de las autoridades que funcionan oficialmente en los siguientes lugares: San Fernando, Ciudad Antigua, Telpaneca, Quilalí, El Jícaro, Murra y Jalapa…”

El 18 de junio de 1927, Sandino declaró El Jícaro como cabecera departamental, lo rebautizó “Ciudad Sandino” y nombró jefe político de su feudo a Francisco Estrada.

Desde entonces, comenzó a llamarse Augusto César en lugar de Augusto Calderón, acuñó monedas con su efigie, cambió su bandera anarquista por una con la divisa “Patria y Libertad” y se autodenominó “Jefe de los Defensores del Derecho Nacional”.

En junio y julio de 1927, numerosos esfuerzos por mantener la paz se estrellaron contra la intransigente decisión de Sandino de continuar la lucha armada.

Lea además: Sandino, la identidad nacional y el antimperialismo

“Sandino era medio loco”

El expresidente Enrique Bolaños Geyer recordó ese incidente en su libro La Lucha por el Poder: “Hace 92 años, Augusto César Sandino en aras de garantizar la paz y la tranquilidad que no se habían logrado bajo la presidencia de Adolfo Díaz, solicitó al Gobierno de los Estados Unidos como condición esencial para deponer las armas que un gobernador militar de los EE.UU asumiera el poder en Nicaragua mientras se realizaran elecciones presidenciales supervigiladas por ellos mismos”.

En 2019, en una entrevista con Revista Domingo de LA PRENSA, Bolaños fue más directo: “Sandino era medio loco… Tenía sus ideas antimperialistas y chochadas que aprendió en México, pero tenía locura…”.

“Lee el libro de José Román (Maldito país) que habla bien claro de él porque pasó con él 15 días o cosa así, y Sandino se le desnudó y decía que era descendiente de Adán, y que la Blanca Arauz era descendiente de Eva y un poco de locuras. Ese era un sandinismo localista. Pero este segundo sandinismo es comunista, es internacional. Ese es el peligroso”, recomendó entonces Bolaños.

Su hermano, el historiador Alejandro Bolaños Geyer, también abordó esta visión en su libro El iluminado (2002), donde recopiló una extensa documentación para desmitificar al personaje.

“La figura mitológica de nuestro ‘general de hombres libres’ y ‘héroe nacional’ Augusto César Sandino, se entronizó en la conciencia colectiva nicaragüense hace un par de décadas, a escaso medio siglo después de su muerte”.

“Al mismo tiempo, el Sandino auténtico de carne y hueso se ha ido borrando de nuestra memoria. Así se tergiversa nuestra historia patria y se corrompe el proyecto de nación que heredarán nuestros hijos. Deseando que los nicaragüenses corrijamos pronto tan grave error, hace un año expuse la auténtica semblanza de Sandino en mi libro El iluminado, el cual hoy expando en estas páginas”, escribió a modo de introducción.

Allí reveló que Sandino creía que su esposa Blanca era la reencarnación de Eva y él mismo era San José, reencarnación de Adán. También afirmaba que Jesús fue un revolucionario comunista que lideró una guerra con 20,000 hombres y que la humanidad provenía de espíritus desterrados de Neptuno.

Por otro lado, sus cofrades de la Escuela de Magnetismo Espiritual de la Comuna Universal (Emecu) lo persuadieron de que en su ejército lo acompañaban espíritus misioneros procedentes de otros planetas para redimir a la humanidad entera.

Sandino
Blanca Aráuz junto a su esposo, Augusto Sandino. LA PRENSA / Archivo.

La muerte de Blanca

El 3 de febrero de 1931 Sandino le escribió a su lugarteniente Pedrón Altamirano:

“Le manifiesto en privado, de que ni yo mismo sabía de que usted y el hermano general Carlos Salgado son Espíritus Misioneros que están conmigo, y de que en muchas ocasiones hemos estado juntos. Sin embargo, yo esto lo supe hasta mi llegada a México en Instituciones Espiritistas, que, aún todavía trabajan oculto. Todavía no puedo decir quiénes fueron ustedes, porque no me lo permite la cábala, pero quizás después del triunfo habrá lugar de esas explicaciones”.

Sandino habría asistido personalmente el parto de Blanca Aráuz, negándole ayuda médica por considerarla innecesaria al considerarse iluminado por los astros.

De acuerdo con el padre de la dinastía somocista, a doña Blanca “no le fue permitido que entrara comadrona, ni médico, ni curandero, ni su misma familia, porque su marido lo impidió de una manera torpe y altanera (…). Él pretendía que la naturaleza era sabia, y que ella misma ayuda a los animales y a las mujeres en estos casos, sentando por esta razón lo innecesario que resultaba cualquier ayuda”.

Blanca murió el 2 de junio de 1933 por hemorragia tras parir a su única hija. Según su hermano Pedro Antonio Aráuz, ella temía morir en el parto al hallarse en la montaña. Somoza García, quien ordenó asesinar a Sandino en 1934, documentó estos hechos en El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias, considerado por muchos intelectuales de la época como un libro plagado de errores y manipulaciones de datos, fechas y hechos.

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COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    Moncada estaba en lo correcto al firmar la paz del Espino Negro en Tipitapa. Sandino era un Warmonger (Termino en ingles que significa ‘belicista’). Moncada, un intelectual, sabía las consecuencias de las guerras: Muertos, lisiados sin una pierna o un brazo, polarizacion en la comunidad, etc. Lo civilizado era y es decidir quienes van a gobernar a traves del voto honesto sin fraude electoral. Sandino no era ningun patriota. Y lo de anti-imperialista fue inventado por el comunista argentino Gregorio Selser muchos años despues de los hechos.

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