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Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China, previstas para hoy y mañana en Ginebra, Suiza, son «un paso positivo y constructivo hacia la desescalada», estimó el viernes la directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala.
«Un diálogo continuo entre las dos mayores economías del mundo es esencial para apaciguar las tensiones comerciales, evitar la fragmentación de las líneas geopolíticas y preservar el crecimiento global», añadió un portavoz de la OMC a través de un comunicado.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, debe reanudar el diálogo con China, representada por su vice primer ministro He Lifeng. Se trata de las conversaciones de más alto nivel entre las dos potencias comerciales desde que el presidente estadounidense Donald Trump desencadenó una guerra comercial tras su regreso a la Casa Blanca, a comienzos de este año.
Desde entonces ambas potencias se enfrentan y se imponen mutuamente aranceles cada vez más altos a sus productos, lo que genera turbulencias en sus economías y en el resto del mundo.
Las conversaciones en Ginebra, a petición de los estadounidenses según China, están rodeadas del mayor secretismo. Ni los horarios ni el lugar ni la agenda fueron divulgados. Pero durante la semana pasada Bessent le dijo a la cadena Fox News que ambas partes se reunirán hoy sábado y mañana para sentar las bases de futuras negociaciones. «Espero que hablemos de desescalada, no de un gran acuerdo comercial», dijo.
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Antes de negociaciones Trump sugiere bajar aranceles
El viernes, previo al inicio de las negociaciones el presidente Trump, sugirió rebajar al 80 por ciento los aranceles que impuso a China.
Desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero, su administración ha impuesto tarifas aduaneras de hasta 145 por ciento a productos procedentes de China en varias oleadas.
Pekín tomó represalias con gravámenes del 125 por ciento a las importaciones estadounidenses y otras medidas. Desde entonces, el comercio bilateral prácticamente se ha paralizado.
«¡80 por ciento de aranceles a China parece correcto! Depende de Scott B.», escribió Trump en su red Truth Social sobre el secretario del Tesoro que liderará el equipo estadounidense en las negociaciones en Ginebra.
En otro mensaje Trump afirmó el viernes que «China debe abrir su mercado a Estados Unidos». «¡Sería tan bueno para ellos! ¡Mercados cerrados ya no funcionan!», añadió.
Aunque la OMC expresó su confianza en estas negociaciones, los analistas tienen reservas.
«Quienes recordamos la primera guerra comercial entre China y Estados Unidos en 2018-2019 (durante el primer mandato de Trump) recordamos las peripecias. Hubo reuniones, retrocesos. Tomó mucho tiempo alcanzar una primera fase de acuerdo», declaró a la AFP Josh Lipsky, director del departamento de geoeconomía del centro de reflexión estadounidense Atlantic Council.
«Creo que es principalmente para demostrar que ambas partes dialogan y eso es importante», estimó por su parte Xu Bin, profesor de economía en la Escuela internacional de negocios China-Europa (CEIBS), a periodistas en Shanghái.
«Ninguna de las partes puede permitirse que esto continúe», añadió el economista, que no espera que los aranceles vuelvan a un «nivel razonable».
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China llega a negociaciones en posición de fuerza
Suiza aprovecha su papel de anfitrión para abordar su propio caso con altos cargos estadounidenses, cuando Washington amenaza con imponer un recargo del 31 por ciento a sus productos.
La presidenta de la confederación, Karin Keller-Sutter, afirmó que ambas partes «acordaron» acelerar las negociaciones.
Mientras tanto, los analistas consideran que China acude en posición de fuerza a las negociaciones con Estados Unidos de este fin de semana en Suiza gracias a factores como su enorme mercado interior o su resistencia ante las dificultades económicas.
Estados Unidos avanzó que no espera «un gran acuerdo» que solucione la vieja queja de Trump por el déficit comercial con el gran fabricante y exportador mundial, pero confía en que ambas partes empiecen al menos a rebajar la tensión.
China ha advertido que mantendrá su posición de principios y su petición de que se retiren todos los aranceles impuestos por Trump. Según los analistas, Pekín no tiene prisa en alcanzar un entendimiento. «Pekín puede infligir algo de daño a Estados Unidos», dijo a AFP Chong Ja Ian, profesor asociado de ciencia política en la Universidad Nacional de Singapur.
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China mantiene postura más dura
Los analistas opinan que a diferencia de lo ocurrido durante el primer gobierno de Trump, ahora China ha adoptado una postura más dura ante las tarifas de Trump, incluso a pesar de las dificultades económicas del gigante asiático, que no logra recuperar su dinamismo previo a la pandemia del covid-19.
«Todavía tiene importantes herramientas de represalia y, lo que es igual de importante, capacidad de resistencia», afirma Lizzi Lee, del Centro para el Análisis de China del Asia Society Policy Institute.
El sistema autocrático chino le permite «absorber el daño económico de formas que las democracias a menudo no pueden», apunta.
Al mismo tiempo, Pekín ha desplegado una estrategia de seducción para impulsar el comercio con el sudeste asiático y Europa, presentándose como un socio más estable y fiable ante la imprevisible administración Trump.
Esto permite a China «construir amortiguadores» ante las vicisitudes de la guerra comercial, opina Lee. «No reemplazará el mercado estadounidense de un día a otro, pero cada incremento en la diversificación reduce la exposición y aumenta el margen de negociación», argumenta.
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Negociaciones son el primer paso
Pero estas bases no significan que China no sufra la tensión arancelaria. Las ventas a Estados Unidos representaron el año pasado más de 500,000 millones de dólares, un 16.4 por ciento del total de exportaciones, según datos oficiales de Pekín.
Cuando en abril empezaron a notarse los efectos de la guerra comercial, la actividad industrial de China se contrajo y Pekín lo atribuyó a «un giro brusco» de la economía global.
China y Estados Unidos han «descubierto que no es tan fácil desconectarse por completo», afirma Teeuwe Mevissen, economista para China en el banco Rabobank.
Los analistas coinciden en gran medida en que las conversaciones en Ginebra son un primer paso hacia la desescalada de tensiones que, a largo plazo, pueda conducir a una retirada de los aranceles.
«El mejor de los escenarios sería un acuerdo sobre el proceso para iniciar las futuras negociaciones», dice a AFP Ryan Hass, miembro de la Brookings Institution.