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Sir Winston Churchill, primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, dijo en una ocasión que el mejor argumento contra la democracia se obtiene después de una conversación con un votante medio. Lo que Churchill quiso decir, es que las elecciones las deciden personas que no entienden los temas. Votan por los laboristas, los conservadores o los liberales porque sus padres lo hicieron, o por alguna otra razón engañosa. Al respecto hoy podríamos decir que ese votante medio al que se refería Winston Churchill llega a la urna llevado de la mano de la información mediática que recibe de los influencer, los que en ocasiones su función principal consiste en ocultar o disimular las debilidades de quienes los contratan.
Aunque este no es el caso del presidente Donald Trump, pues durante su campaña presidencial no se cansó de decir que deportaría a los millones de criminales y prostitutas que habían sido enviados por los gobiernos para invadir Estados Unidos. Pero resulta que de los casi 100,000 inmigrantes que ha deportado menos del 30 por ciento son inmigrantes con récord delictivos o convictos de delitos mayores, en cambio las redes sociales muestran allanamientos y redadas masivas en lugares donde suelen trabajar los migrantes.
Estas redadas y la manera en que se realizan tienen horrorizados a la mayoría del pueblo americano y al mundo. Producto de esa cacería humana al mejor estilo de la Alemania de Hitler contra el pueblo judío, lo tienen con el 57 por ciento de opinión negativa y más recientemente una encuesta afirma que el 27 por ciento de los que votaron por él, están arrepentidos de haberlo hecho.
En el ámbito internacional los resultados primarios sobre sus acciones arancelarias a los gobiernos del mundo, sin reparar si son aliados o no, también a la fecha son negativos y los desaprueba una buena parte de los ciudadanos norteamericanos. La más reciente desestabilización de la bolsa de valores y el desplome de la misma lo obligó a echar para atrás muchas de las medidas adoptadas, pero sin aceptar su error. La infame encerrona al presidente ucraniano queriéndolo obligar a firmar un tratado lesivo a los intereses de Ucrania olvidando lo que está en juego en esa guerra, demostró la clase de persona que es. Creo que los aplausos del público y el reconocimiento de los líderes que asistieron al funeral del papa Francisco al presidente Zelenski lo terminaron de convencer de su error y suavizó su apetito por engullirse las tierras raras de Ucrania que, dicho sea de paso, la mayoría se encuentran en territorio invadido por Rusia.
En cuanto a la guerra arancelaria con el gigante asiático, todavía no me queda claro cómo va a terminar. Los amigos a los que he consultado me dicen que en el mediano y largo plazo Trump podría doblarle el brazo al gobierno chino, por lo pronto como se dice en el póker, pago por ver.
Recientemente la empresa Amazon amagó con poner en sus facturas de venta el precio diferido, poniendo en un aparte de la factura el pago por arancel impuesto por Trump. La repuesta de la Casa Blanca dejó al descubierto el terror que tienen de que el ciudadano común se dé cuenta de la razón por la que ahora pagan un precio más alto por los productos de consumo popular.
Nuestros campesinos tienen un dicho muy popular en relación con el tiempo, dicen: por la víspera se saca el día. Resumiendo, a la pregunta de qué podríamos esperar de los 1,360 días que le faltan a la presidencia de Trump, yo diría que más de lo mismo. Es decir, seguirá su cacería de inmigrantes, aunque estos sean personas trabajadoras pagadoras de impuestos y que en más de un 90 por ciento por décadas han contribuido al engrandecimiento de ese país. En cuanto a la hegemonía de los Estados Unidos en el mundo, considero que está irremediablemente destruida y más temprano que tarde el pueblo norteamericano pagará un alto precio por semejante dislate del señor Trump.
Si bien es cierto que el poder judicial no le está permitiendo ir demasiado lejos en su violación a las leyes y a la Constitución, considero que han sido un poco tibios en la defensa de los derechos de los cienes de miles afectados por las políticas segregacionistas del actual inquilino de la Casa Blanca.
Esta historia todavía no se ha terminado de escribir, pero puedo asegurarles que primero se congela el infierno antes que el presidente Trump acepte sus errores y mucho menos que los enmiende. Sólo espero que la democracia norteamericana, con su política de pesos y contraspesos puedan detener los desmanes y excesos del presidente Trump, si no lo hacen, los ciudadanos norteamericanos y el resto del mundo pagaremos las consecuencias.
El autor es analista político.