¿Qué juicio merece Anastasio Somoza Debayle?

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Fue el tercero y último de la dinastía somocista y uno de los personajes más controversiales de nuestra historia. Dadas las muchas pasiones encontradas que genera su figura es difícil juzgar su trayectoria con objetividad. Antes de intentarlo vale advertir que los juicios históricos se limitan a las acciones externas de los individuos. Juzgar sus interioridades queda en las manos de Dios.

Visto desde afuera el pecado principal de ASD fue su continuismo. Cuando asumió la presidencia en 1967, su familia, su padre y hermano, había ejercido el poder 31 años. El hecho creaba estupor dentro y fuera del país. Él empeoró la situación al reelegirse en 1974. Peor aún, al igual que su padre puso a su hijo Anastasio en el ejército, a cargo del principal batallón de combate. El mensaje era claro: Somoza for ever.

Dicho continuismo contribuyó decisivamente a legitimar la resistencia armada del FSLN y a la reprobación internacional. Su gobierno, sin embargo, mantuvo la apertura política que había exhibido su hermano Luis. La mayor parte del tiempo el opositor civil podía expresarse y asociarse con plena libertad sin temor a ser apresado, confiscado o expulsado del país. El Diario LA PRENSA y un conjunto de radioemisoras tronaban contra él.

Las elecciones de 1967 parece haberlas ganado en buena lid. No hay razón para pensar que su popularidad haya menguado en los años subsiguientes. Bajo su administración Nicaragua crecería a una tasa promedio del 6.4 por ciento, la más alta de América Latina. El ingreso per cápita, a pesar de que la población crecía entonces en 2.8 por ciento anual, en lugar del 2 por ciento de 1990, aumentó de US$197 a US$636.8.

Con todo, la oposición contra el régimen fue visceral. Por una parte, estaba la insurgencia armada del entonces minúsculo FSLN. Las fuerzas de Somoza las enfrentaron aniquilando varios focos guerrilleros en las montañas y en la ciudad. Curiosamente, en 1972, gobernando un triunvirato transitorio y estando ASD en la jefatura del ejército, se concedió una amnistía general que benefició a los insurgentes detenidos. Esto no alteró, sin embargo, ni las continuas acciones del Frente ni la repuesta letal del gobierno. Era común la tortura de los detenidos y el asesinato de algunos militantes, sobre todo en las áreas rurales.

Por otra parte, estaba la oposición eclesial. En un comunicado de 1972 la Conferencia Episcopal expresó que “en su origen, las guerrillas no son nada más que el llanto irreprimible de un pueblo entero que se ha hecho consciente de su situación”.En 1977 denunciaría el “estado de terror que obliga a numerosos campesinos a que desesperadamente huyan de sus propios hogares y fincas en las montañas de Zelaya, Matagalpa y Las Segovias… Hay algunos casos en los cuales Delegados de la Palabra han sido torturados y algunos desaparecidos”. Muchos otros clérigos, inspirados en la Teología de la Liberación, apoyaban directamente al FSLN y reclutaban para el mismo numerosos militantes. Sacerdotes como Fernando Cardenal y Escoto denunciaban en Washington a Somoza. Pero volvían al país tranquilamente. No hubo persecución religiosa alguna.

ASD también tuvo que enfrentar la oposición del sector privado, el entonces Cosip, quien lo criticó en su convención de 1974 y luego le plantó varias huelgas después del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en 1978. Pero tampoco sufrió represalias.

La última etapa del régimen somocista es compleja y paradójica. A partir de diciembre de 1974, cuando un comando guerrillero tomó de rehenes a un grupo de connotados somocistas reunidos en la casa de Chema Castillo, Somoza suspendió las libertades públicas. Pero luego, bajo presiones de Estados Unidos, las restableció en 1977. En 1978 el asesinato de Chamorro desató una espiral de violencia que culminaría en guerra civil. Pero aún entonces el régimen toleró la libertad de expresión y que el Grupo de los Doce, integrado por notables abiertamente aliados del FSLN, en julio desfilaran de Managua a Masaya llamando a la rebelión, sin dificultad alguna. 

Ya en guerra abierta se desataron obviamente los demonios. Atrocidades de todo tipo plagaron ambos bandos de un capítulo que habría que analizar por separado. Baste consignar por el momento algunos de los inevitables contrastes entre el comportamiento, en tiempos de paz, de las dictaduras que han plagado Nicaragua. 

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    El peor error de ASD fue no haberse retirado a tiempo y el haber tenido una fe ciega en los EE.UU. Nunca comprendió que en la Administracion Carter como en la de Biden la extrema izquierda era la que en realidad gobernaba. Bob Pastor, funcionario de Carter, se le metió entre ceja y ceja derrocar a Somoza con la ayuda de la prensa izquierdista como el New York Times y el Washington Post y las cadenas de television. Somoza nunca lo comprendió. Ademas, el proyecto geotermico de Somoza causó ira en la derecha encabezada por Nelson Rockefeller y los petroleros de Texas. Estos petroleros impulsaron a la CIA a armar a la faccion Tercerista del criminal FSLN a traves de terceros como Panama, Venezuela, Costa Rica y Cuba. Fue una guerra de burro amarrado contra tigre suelto.

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