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La mentira es la falsa declaración deliberadamente presentada como verdadera. Ella es la que diariamente balbucea con voz satánica la sacerdotisa que dice ser copresidente, lo que se pone en duda, por haber sido electa utilizándose un decreto emitido por otro que ostenta dolosamente el poder Ejecutivo de Nicaragua, pues Daniel para lograrlo se valió de prácticas antidemocráticas y en plena violación a la Constitución del país que sojuzga.
Homero, narrador de la guerra greco-persa, fue acremente criticado por un contemporáneo suyo, quien lo tildó de ser el padre de la mentira, sin embargo, Tucídides tomando en consideración lo hermoso y heroico de cómo lo describió, le calificó de espléndido narrador. Para actualizar lo sucedido describo parte de lo ocurrido: los griegos en el 480 a.C., al enterarse del avance del ejército persa compuesto de aproximadamente 250,000 soldados, se atrincheraron estratégicamente en el Estrecho más angosto del Paso de las Termópilas. Ante lo cual Darío I, rey persa, para intimidar al retén griego compuesto de unos 7,000, mandó a decir a Leónidas, rey de Esparta, la frase célebre narrada por Homero, primero en boca de Darío I: “Si mis arqueros disparan sus flechas al unísono, oscurecerán el Sol”; a lo que Leónidas respondió: “Tanto mejor pelearemos bajo la sombra!”
La diferencia entre la mentira de la sacerdotisa del Carmen, quien echó al fuego a su hija a cambio de subir un peldaño hacia el poder; y quien no puede ni siguiera llamarse madre por haber despreciado el producto de sus entrañas. Ella es un ser que no tiene amor y a quien es caritativo recordad el himno del amor, en el que San Pablo especificó que hay tres cosas que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres, prosigue, es el amor. En contradicción, las expresiones de la sacerdotisa del Carmen no guardan la más mínima concordancia con el himno del amor. Basta escuchar sus charlas para ser salpicado con el lodo odioso con que trata de proteger su poder. O en la forma como se irrita en sumo grado ante la crítica de la oposición. Y para finalizar sus charlas, normalmente recurre al estribillo “vamos unidos en la victoria gracias a la paz que el gobierno innovador del compañero Daniel ha traído a Nicaragua”.
La compañera de Ortega ignora que la innovación, que tanto cacarea, dista mucho de la verdadera, la que se alcanza mediante la puesta en marcha no sólo de programas macroeconómicos, sino también de proyectos sociales, entre otros. La verdad es que ella no está interesada en promover el desarrollo educacional de alto nivel. Para comprobarlo, veamos lo que pasó con la confiscación (robo) de la UCA, donde el pénsum académico de los “nuevos maestros” es totalmente inferior al que conformaban los maestros de la UCA. Y por si eso fuera poco, ahora se obliga a los estudiantes a profesar la doctrina “socialista” de la dictadura, so pena de perder su colegiatura. La dictadura sabe muy bien que promover el desarrollo tecnológico de la población es poner en peligro su poder. Sojuzgar un pueblo ignorante es más fácil que otro instruido.
El inicio del desarrollo económico implica sustituir los estamentos primitivos que comprimen a la sociedad, por aquellos que faciliten la adopción de nuevas prácticas que la tecnología ofrece, siempre y cuando ellas estén en concordancia con la realidad físico-social existente en el país. Aquí cabe recordar la metida de pata de los muchachos sandinistas en los ochenta, que copiaron la receta de Carlos Marx, quien formuló sus ideas con base en problemas existentes en países desarrollados como Alemania e Inglaterra. Los sandinistas las aplicaron indiferentemente a la realidad agrícola de nuestro país y al que consecuentemente hicieron retroceder dos generaciones.
Nicaragua tiene ventajas comparativas en lo que sería la industrialización de productos del agro, como sería el procesamiento de la carne vacuna, dado que en el presente se exporta el ganado en pie. Otros rubros podrían ser frutas. Pero la sacerdotisa se llena la boca mencionando que están implementando proyectos de infraestructura que en realidad son de puro mantenimiento. Los cuales no implican el poner en marcha proyectos que faciliten arrancar económicamente para salir del subdesarrollo, al cual nos están atando. Maniobras que convertirán al país en uno cuya mano de obra será de obreros en una inmensa mayoría.
La verdad es que mientras nuestros vecinos están dando los pasos pertinentes para subsanar el subdesarrollo, la sacerdotisa del Carmen continúa esgrimiendo la mentira de que con fe ganaremos la batalla al subdesarrollo. De perpetuarse esa ideología nuestras exportaciones continuarán integrándose, no de productos industrializados del agro, sino de mano de obra: empleadas para arreglar cuartos en hoteles y de obreros para trabajar en fábricas (lo que tanto odió Mark). Así, el clan dictatorial estará satisfecho percibiendo las remesas familiares, que a su vez continuarán siendo el mayor ingreso de divisas del país.
El autor es economista y abogado.