¿Hay mucho parecido entre los Ortega Murillo y Luis Somoza?

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Los Somoza eran los malos. Los sandinistas los buenos. Es la versión oficial del régimen. Sigamos pues repasando la historia, o escudriñando los hechos, a fin de ver la veracidad o falsedad de dicha versión y comparar pasado con presente. Hoy abordaremos al segundo de los Somoza: Luis Somoza Debayle.

No se las vio fácil. Desde su ascenso a los 32 años, tras el asesinato de su padre en 1956, Luis enfrentó una oposición encarnizada que le organizó no una revuelta callejera sino cuatro intentonas armadas e innumerables campañas de desprestigio. El motivo de tal hostilidad se debía a su pecado de origen: haber sido el heredero de un dictador liberal que había gobernado el país por 20 años y que era aborrecido por la oposición conservadora y marxista. Esto propició un ofuscamiento que les impidió ver que Luis tenía una agenda muy distinta a la de su padre y una magnanimidad excepcional. Recién inaugurado como presidente en 1957, Somoza ofreció a la oposición recortar su período a dos años, celebrar elecciones supervigiladas por la OEA, prohibir la reelección y despolitizar el ejército. Mas el liderazgo opositor rechazó su propuesta por “extemporánea” y más tarde lanzó sus ataques armados.

El primero fue cuando los conservadores Emiliano Chamorro y Luis Cardenal urdieron con diez pilotos de la fuerza aérea un plan para bombardear casa presidencial. El segundo fue cuando en 1959, nuevamente los conservadores, esta vez bajo el liderazgo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, desembarcaron aéreamente en los llanos de Olama y Mollejones, departamento de Boaco, 110 jóvenes que buscaban desatar una guerra de guerrillas similar a la usada por Castro en Cuba. El Tercero fue cuando el fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador y unos cubanos, organizaron en el mismo año una columna guerrillera de 50 hombres en “Chaparral”, frontera con Honduras. El cuarto fue cuando otro comando opositor, dirigido por el “negro” Fernando Chamorro, se tomó por asalto en 1960 los cuarteles de Jinotepe y Diriamba. Todas estas acciones fracasaron.

Paralelamente a dichas intentonas, Luis Somoza tuvo que enfrentar una virulenta y sistemática campaña de ataques en los medios, en las universidades y en una multitud de organizaciones políticas. Es ilustrativo ver cómo respondió a todos estos desafíos. En 1957, estando fresco todavía el asesinato de su padre y el complot de la fuerza aérea, decretó una amnistía a favor de los involucrados en ambos hechos. En 1960, once meses después de capturar a los combatientes de Olama y Mollejones, decretó otra amnistía liberándolos a todos. En 1962, antes de cumplirse dos años de las tomas de Jinotepe y Diriamba, decretó otra amnistía similar. No se ensañó pues con adversarios que estaban dispuestos a derribarlo sangrientamente ni mucho menos con sus familiares y propiedades. No realizó confiscaciones, ni expatriaciones, ni expulsiones del país. Tampoco recurrió al vocabulario del odio y los insultos.

Incluso, a su mayor adversario y de hecho enemigo, Pedro Joaquín Chamorro, no sólo le devolvió la libertad sin represalias económicas, sino que le permitió total libertad de expresión. Con ella su Diario LA PRENSA se volvió en un crítico implacable, muchas veces hasta injusto e injurioso, de su presidencia. Pero no había censura. Ni persecución. La oposición civil tenía plena libertad de movilización y organización. Las universidades se habían convertido en trincheras abiertas y sonoras de oposición. Pero fue él, Luis Somoza, quien lejos de aplastarlas, les concedió su plena autonomía e independencia presupuestaria, concediéndoles aún más de lo que pedían. Pues proponían que el presidente eligiera su rector de una terna que le presentarían, pero Somoza les dijo que lo hicieran sin él.

Luis realizó también reformas constitucionales muy importantes, entre ellas prohibir la reelección presidencial e incluso la candidatura a parientes del presidente dentro del cuarto grado de consanguinidad o afinidad. También hacer vitalicios a los magistrados de la Corte Suprema a fin de fortalecer la independencia del poder judicial, dejándola, sea dicho de paso, integrada por juristas de gran prestigio e imparcialidad.

¡Qué tiempos esos!, de aquella Nicaragua sometida a la sombra negra del somocismo en lugar de gozar de las constituciones progresistas y del sol de libertad que proyecta el gobierno cristiano, socialista y solidario de hoy. Tiempos muy distintos, ¿verdad?

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    Luis Somoza y Rene Schik son los mejores presidentes que Nicaragua ha tenido. Ambos habían sido educados para ser presidentes. Nicaragua tuvo progreso material y legal como nunca antes visto en el país.

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