Una red de explotación de personas afectaba a nicas en España. LA PRENSA.

España comienza a ser el nuevo destino para los nicaragüenses que fueron desterrados por el régimen de Daniel Ortega. ARCHIVO

Los desterrados rechazados por Estados Unidos que buscan retomar sus vidas en España

Al menos 10 de los desterrados políticos hacia Guatemala, que fueron rechazados por el Gobierno de Estados Unidos, ya han viajado a España para retomar sus vidas, sus estudios y también están en busca de una nacionalidad.

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Para la desterrada política Mayela Campos y al menos otros nueve desterrados políticos, los seis meses que estuvieron en Guatemala después de ser expulsados por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en septiembre de 2024, no fue nada más que “tiempo perdido”. 

“Ya son dos años que se perdieron para mí”, dice Mayela, quien desde el 4 de marzo de este año dejó Guatemala para mudarse a España y tratar de retomar su vida después de pasar más de un año como presa política de la dictadura en Nicaragua. “Yo soy una persona muy ansiosa y ha sido todo muy complicado”, señala. 

Mayela, de 27 años, explica que decidió dejar Guatemala por falta de oportunidades laborales y también de estudios para ella. El mismo sentimiento tiene “Rosa”, otra desterrada política que migró hacia España y nos pide anonimato para evitar represalias con su familia que todavía está en Nicaragua. 

“Guatemala es un país muy bonito, pero es muy inseguro”, dice Rosa, quien viajó a España un día antes que Mayela, el 3 de marzo. “Yo elegiría estar en mi país, pero no puedo estar ahí. Por eso ahora estoy en España”, comenta esta joven quien estuvo un año encarcelada por la dictadura de Ortega y Murillo. 

Según ambas desterradas políticas, acusadas de “terrorismo” en Nicaragua, ya son poco más de 10 los excarcelados que llegaron a España después de ser desterrados por el régimen hacia Guatemala el 5 de septiembre de 2024. Ese día, Ortega y Murillo ordenaron que un grupo de 135 presos políticos fueran subidos a un avión y enviados a Guatemala, tras una negociación con el Gobierno de Estados Unidos. 

Se suponía que la administración de Joe Biden les iba a permitir la entrada a territorio estadounidense para que retomaran sus vidas ahí. Para ello, la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), ayudaron con las gestiones, pero sorpresivamente Estados Unidos les negó la autorización a casi 40 de los 135 desterrados. 

Esas personas quedaron varadas en Guatemala y su última alternativa fue cruzar el Atlántico para retomar sus vidas en España, pero también en busca de nacionalidad, pues el régimen de Ortega se las arrebató al igual que ya lo había hecho con otro grupo de 222 desterrados y otros 94 opositores a la dictadura.

Algunos de los desterrados políticos que fueron enviados a Guatemala en septiembre del año pasado. LA PRENSA/ ARCHIVO/ AFP

“La mejor alternativa” 

Desde que llegó a España, lo más complicado para Rosa ha sido adaptarse al nuevo horario, a las costumbres de los españoles con los que se junta, al clima, y también encontrar empleo. “Vivo en un pueblo donde casi no se ven latinos”, señala. 

Al llegar, Rosa fue acogida por unos conocidos que la recibieron durante unos días. Sin embargo, tenía poco tiempo para encontrar otro sitio a donde irse a vivir, porque no podían acogerla por mucho tiempo. 

Esta joven de 26 años encontró una habitación en un pueblo que no está cercano a ciudades importantes y que prefiere mantener en secreto porque “todavía me da un poco de miedo”, se excusa. 

“Yo elegiría estar en mi país, pero no puedo estar ahí. Por eso estoy ahora en España”, comenta Rosa, quien además de retomar su vida, espera que el gobierno español le conceda finalmente la nacionalidad de ese país, porque “te golpea ser apátrida y no tener nacionalidad o un país que pueda dar la cara por vos”, comenta. 

Tras ser desterrada a Guatemala, decidió irse de ese país porque, a pesar de que le gustaba mucho, “es un país muy inseguro”. Además, sentía que el proceso para solicitar refugio era muy complicado. Su “mejor alternativa” era viajar a España y a su vez pedir que le dieran la ciudadanía a como ese país lo ha hecho con otros desnacionalizados por la dictadura. 

nicaraguenses desterrados
Uno de los presos políticos nicaragüenses a su llegada a Ciudad Guatemala, tras ser desterrados. ARCHIVO

La joven dice que entró a España como turista y aunque no se le ha vencido el periodo para estar en ese país, podría quedarse de manera irregular ya que, según asegura, la misma embajada española en Guatemala le recomendó que no realizara el proceso de asilo porque “no es compatible” con su caso, y que más bien solicite la nacionalidad de una vez. 

Eso fue lo que hizo esta joven al llegar a Madrid, y desde entonces espera todos los días el correo en donde le confirmen que su nacionalidad española ha sido aprobada. 

Mientras tanto, Rosa trabaja en una organización sin fines de lucro para sobrevivir. Con lo poco que gana, dice, le alcanza para pagarse una pequeña habitación y su comida del mes. 

En esa organización, Rosa trabaja con personas que padecen de cáncer, y también con migrantes que llegan huyendo de la guerra en Ucrania. Después de más de un año presa en Nicaragua, y otros seis meses en Guatemala en los que no había retomado su activismo político, esta joven dice que se siente “útil” otra vez. 

Rosa espera retomar sus estudios pronto, y también “ir sanando todo lo que pasé en la cárcel”, dice. En el pueblo donde vive no hay mucho que hacer para distraerse, así que solamente le queda caminar y dar vueltas por las calles para conocer el lugar. También está en busca de un segundo trabajo en donde le puedan pagar un poco mejor. 

La “ilusión” de estudiar 

Cuando recién había llegado a España, Mayela Campos fue acogida por conocidos en una ciudad llamada Mérida, pero luego se tuvo que mudar a Cáceres, en donde vive actualmente. 

“Vine a España con la ilusión de seguir estudiando”, comenta esta joven que en Nicaragua cursaba el cuarto año de Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), pero ahora dice que más bien le atrae estudiar y dedicarse al Trabajo Social.

Mayela Campos, desterrada política por el régimen de Daniel Ortega. LA PRENSA

Retomar sus estudios no es tan sencillo, explica. Primero porque en la universidad le borraron todo su registro académico y también porque la Policía allanó su casa y se llevó todos sus documentos, incluidas sus notas y otros papeles importantes. 

Después de pasar más de un año en prisión, Mayela fue desterrada a Guatemala junto al resto de presos políticos. Siempre tuvo claro que no se quería quedar en ese país porque “no me sentía cómoda. No había oportunidades, y hasta para los mismos guatemaltecos es complicado”. Sin embargo, aclara que está muy agradecida con ese país y su gobierno por haberla acogida tras ser desterrada. 

Con el rechazo de la administración de Joe Biden para entrar a Estados Unidos, a Mayela no le quedó otra alternativa que viajar a España. En su caso, como el de los otros desterrados que han escogido moverse a ese país, le golpeó mucho que se le reconociera como “terrorista” y le dieran crédito a los delitos que le inventó el régimen Ortega Murillo, y por el cual pagó cárcel de manera injusta.

Mayela dice que sobrevive gracias a “algunos ahorros” que logró conseguir durante el tiempo que estuvo en Guatemala. Ella también está en trámites para su nacionalidad española. El problema es que “no hay un lugar concreto al que pueda ir. Algunas instituciones no manejan bien nuestra situación”, detalla. 

La joven dice que una abogada le recomendó solicitar asilo para que no se quede de manera irregular en España, y al igual que Rosa, está esperando el correo de confirmación de su nacionalidad o el del asilo. “El que salga primero”. 

En su caso, expresa la joven, se siente muy golpeada con lo que está viviendo. “No tengo palabras exactas para describir cómo me siento”, señala. 

Aunque su participación en las protestas y en los grupos opositores al régimen de Daniel Ortega provocó su encarcelamiento y su destierro, dice que no se arrepiente de nada. “Lo volvería a hacer”, comenta. “Yo lo tomo como que es un proceso que me tocó vivir. Es cierto que ya son dos años perdidos para mí, pero me toca seguir adelante”. 

En medio de todas las emociones que está atravesando, esta joven señala que se ha encontrado con personas muy amables en España y siente que la han acogido muy bien. “Me siento muy cómoda, pero espero algún día volver a mi patria”, indica. 

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COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    En España existe mucho racismo en contra los imigrantes de Latinoamerica. El problema en España es que el racismo es expresado por ciertos españoles sin tapujos puesto que no existen leyes fuertes como en los EE.UU. en contra del racismo. Me explico, las autoridades no son racistas pero ciertos individuos en la calle lo son.

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